Novela. Vuelos e inquietudes: historias y paradojas.

Marcos iba caminando por el centro de la ciudad. Tenía prisa, pero había llegado un momento, debido a la aridez del entorno, que el pasotismo había invadido su sentir.

Los que le conocían pensaban que debía aficionarse al algo en concreto, su crisis emocional era un hecho… las impresiones absorbentes que transmitía la ciudad, que a muchos les activa, a él le dejaban indiferente.

Marcos era aficionado al teatro alternativo, era un ambiente que le atraía. Siempre se había sentido una persona formada por varias personalidades, su comportamiento y sus sentimientos variaban dependiendo de con quien estaba y en qué circunstancias se encontraba.

Cuándo escribía sus textos en libretas Moleskine, sacaba toda su parte visceral y autodestructiva, solo hacía falta que se los enseñase a alguien, para que dictaminara su evidente calidad.

Marcos no tenía amigos, todas sus relaciones no pasaban de ser simples conocidos, nunca pasaban a ser amistades profundas y sus amantes siempre eran prostitutas… el mismo se sentía un poco puto cuando iba a trabajar de corrector de textos a una pequeña editorial que publicaba en castellano.

Las afinidades con los demás no las quería compartir… ¿qué pasaría si una mujer lo amase realmente?, seguramente no sabría llevarlo, la felicidad por sentirse querido le haría explotar como una mina en un campo en una zona de alta tensión bélica, donde hay tantas explosiones que no sé sabe de donde proviene el ruido. Las grandes ciudades están llenas de gente que explota psíquicamente por la falta de comprensión y amor, o por falta de auto comprensión y amor.

Su única relación, y además era insana, era con el arte. Para él, el arte era como una religión, seguía sus preceptos subjetivos, todas las interpretaciones que hacía tanto de obras clásicas como contemporáneas, las comparaba con su vida, su ciudad, el mundo.

Hacía cinco meses, un lunes por la tarde, estaba en una terraza de la Rambla del Raval, cuando se le acercó una señora, debía tener 55 años. Le dijo que lo conocía de algo y no sabía de qué. Que le transmitía muy buenas energías, que seguro que era artista y quería ver algo de su obra. Marcos, le contestó que escribía en libretas Moleskine de diferentes tamaños, si era de otra marca la libreta, la desechaba.

Marcos y Ariadna se pasaron la tarde bebiendo cafés, por la noche bebiendo Gin Tonic, y de madrugada en casa de Ariadna follando.

Desde ese día no la había vuelto a ver. Ariadna se había vuelto una obsesión para Marcos, la quería volver a ver para saber que sentía.

No era un hombre  al que le gustase mostrar sus sentimientos, y la tarde noche con Ariadna, se los había mostrado, al desaparecer Ariadna, Marcos se sintió mal, todavía se sentía mal, él era un hombre con un par de cojones. Pero incluso este tipo de hombres sucumben al sentimentalismo de vez en cuando, aunque nieguen y renieguen de ello.

Los hombres han evolucionado a un ritmo más lento que las mujeres, al menos socialmente. Las mujeres están ascendiendo, los hombres descendiendo.

Marcos tenía que encontrar el optimismo, de lo contrario caería en una tristeza tan profunda que le sería difícil superarla. No tenía familia, amigos, sabía que debía relacionarse con gente y para lograrlo se matriculó en un curso de diseño gráfico. No sabía por qué se había matriculado al curso. Ignoraba en qué consistían esos estudios, ni tampoco cuales eran sus salidas laborales, pero se imaginaba estudiantes modernos, brillantes, espabilados… gente que debía ser el futuro de su podrida sociedad. pensaba, ¿No estamos en la era de la imagen?, no pueden haber unos estudios más contemporáneos.

 

 

 

Marcos, de joven se había obsesionado por las mujeres, luego por el aeromodelismo, después por la poesía, y ahora empezaba a estarlo por el diseño gráfico… pasaba de una cosa a la otra sin forzarlo, era su forma natural de actuar.

Las clases de diseño, iban a empezar en septiembre, faltaban veinte días. Marcos, se pasaba todo el día estudiando en libros e internet los fundamentos del diseño clásico y  del diseño digital. Los días no tenían horas suficientes para aprender todo lo que quería.

La base para no sucumbir en el infierno del pasotismo más absoluto son los intereses individuales de cada persona, si no existiesen esos hobby o trabajos obsesivos, en el mundo en que vivimos reinaría un pasotismo generalizado que haría que este mundo y sus ciudadanos entrasen en locura, sería como el letargo final de la humanidad. Como seres pensantes que somos, todas nuestras ideas creativas se acabarían, convirtiéndonos en otro tipo de animal del que somos ahora.

Marcos, escuchaba música a todas horas, su tipo de música favorita era el blues. Le entusiasmaba Muddy Waters y Freddy King, Jonny Winter y John Lee Hooker. Era un tipo que poseía una sensibilidad hiperdesarrollada.

Las ilusiones hacen que el individuo no decaiga y se convierta en un hombre gris. Marcos, parecía que nunca se convertiría en eso. Era una persona que se ilusionaba con todo menos con sus iguales, que le decepcionaban siempre. Sus conocidos pensaban de él que era inhóspito e insensible.

Él se sentía una persona normal, ¿quién tiene verdadera sensibilidad en este mundo? La vida le había llevado de un lugar a otro sin preaviso, era como una veleta, lo que pasa es que el siempre acababa guiándola. El recorrido circular era un hecho, ¿quizás Nietzsche tenía razón? Siempre se había cansado de estar mucho tiempo en el mismo sitio, pero siempre acababa en el mismo lugar, la soledad. La soledad era su morada, y no lo podía cambiar.

 

 

Marcos empezó a tener un mono pensamiento, en su mente se había aposentado cómodamente Adriana. Él la quería bajar de su trono  dominador, pero no podía. Era una mujer que había dejado huellas en su piel. Era casi quince años mayor que Marcos, pero esa experiencia le había cautivado.

Empezó a escribir un texto influenciado por la noche pasada con Adriana. Era un diálogo abierto que podía tranquilamente ser interpretado ¿Alguna vez mostraría sus textos a alguien realmente valioso, que los supiese valorar como lo que era, una verdadera obra literaria. Pero a Marcos le daba exactamente igual si alguien leía sus textos o no.

Había pedido una excedencia en correos, donde trabajaba, y se dedicó a vivir la vida, que para él no era otra cosa que pasarse horas y horas escribiendo, y ahora también, fantaseando con Adriana.

Marcos vivía en un estudio en el Paseo San Juan con Consejo de Ciento. Era un lugar oscuro, pero cuando llegó a Barcelona desde Munich, creyó que ese lugar era idóneo para él. Allí se concentraría, podría ir a trabajar y luego ponerse a escribir. Pero lo que le ocurrió es que pidió la excedencia y ahora pasaba demasiadas horas en el estudio… ya no era el lugar ideal.

¿Pero existe el lugar ideal? El lugar ideal ha de ser uno mismo, cosa que muy poca gente sabe y consigue. Marcos no lo sabía, pero intentaba conciliar su propio estado con el estado exterior. Era una pelea constante… una lucha a muerte con la vida. Se sentía un gladiador romano, o un poeta dadaísta, que posiblemente posean el mismo espíritu.

Las convenciones siempre le habían fastidiado, nunca asistía a las inauguraciones de las exposiciones de arte, siempre estudiaba las exposiciones varias semanas después de haberlas inaugurado. Entonces tenía tiempo para mantener diálogos personales con las obras… para él no habían contertulios más dignos de dichos entes abstractos.

Una noche estaba paseando por su barrio cuando le pareció ver a lo lejos caminando, junto a un hombre, a Adriana… les siguió, pasaron diez, veinte  y treinta minutos y no paraban en ninguna parte. Estaba decidido a seguirles hasta su destino.

Después de hora y media pararon de caminar, después de haber dado muchas vueltas al puerto olímpico. Allí empezaron a hacer ejercicios un una zona preparada para ello. No sé había dado cuenta de que caminaban para hacer deporte. En un momento dado Adriana le miró, le saludó con la mano. Marcos no tenía escapatoria, debía ir a hablar con ella.

Adriana le presentó a su marido y le invitó a comer a un lugar de tapas poco conocido de la zona. Marcos aceptó, no sabía porque lo había hecho, ¿se había metido en algún lugar que no le convenía? No estaba seguro. Pero la situación era la que era, y ya no se podía cambiar.

En un momento en el que el marido de Ariadna fue al lavabo, ella le dijo a Marcos, que podían seguir viéndose, que tenía una relación abierta con su marido, siempre habían tenido amantes y los dos lo sabían. Estaban juntos porque tocaba, se habían enamorado, luego casado, pero el amor se esfumó hace tiempo. Pero por los hijos, los nietos, y su amplio círculo social, habían decidido no separarse,  cada uno era libre para buscar el placer donde quisiese.

Marcos estaba perplejo, no se lo podía creer, era una mujer que le miraba a los ojos y veía lo que realmente es él. Era especial, pero, podía seguir siéndolo. De momento estaban comiendo, debía hacer el esfuerzo por comportarse correctamente, aunque a veces tenía ganas de mandarlos a la mierda. Sabía, que entonces no vería más a Adriana.

Acabaron de comer, al despedirse, Adriana le dijo que por la noche iría a su casa. Marcos estuvo esperando hasta las dos de la mañana por si aparecía, pero nunca llegó. Marcos se quedó dormido en el sofá. Despertó por la mañana después de una noche llena de pesadillas, y con la espalda y el cuello completamente contracturados.

 

 

 

 

Marcos llegó a su casa y se fumó un canuto. Estaba escuchando unas baladas ligeras pero interesantes. Creía que Adriana no aparecería… estaba casada… zorra, pensó.

Las tardes noches en soledad, entre las paredes de su casa se le hacían largas y monótonas.  Aprovechaba para repasar los textos escritos en sus libretas Moleskine. Normalmente no le gustaban, pero hoy al leer había encontrado ideas interesantes. Parecían notas filosóficas sueltas, sin relación alguna entre ellas. Pero eran frescas, radicales, estéticamente atractivas. Si aparecía Adriana se las enseñaría.

Sacó dos lubinas del congelador, las quería preparar al horno con patatas, limón y vino blanco. Las introduciría en el horno para su cocción cuando ya estuviese en casa su auto invitada. Si no llegaba se comería las dos. Para después de la cena tenía para escoger, entre una película de Sidney Lumet o una de Spike Lee. La vida, aunque triste y dura, al final siempre daba alguna sorpresa, quizás esa noche palparía las sorpresas de la vida.

Sonó el interfono, abrió, como estaba estropeado no se oía la voz del que llamaba. Esperó en el piso con la puerta cerrada. Al otro lado estaba Adriana, con un ramo de flores y el ojo morado e hinchado.

  • ¿Qué te ha pasado?
  • Nada, no digas nada…
  • El cabrón de tu marido…
  • Calla de una vez.
  • Me lo voy a…
  • ¡Qué no digas nada!
  • No lo podemos dejar así.
  • Pasémoslo bien y tratemos de olvidar el tema.
  • Lo has de hacer, si no me voy.
  • Bueno, pues meto las lubinas en el horno.
  • Bien hecho.

Marcos la invitó a pasar. Metió las lubinas en el horno antes de que las viese Adriana, sirvió dos copas de vino blanco del Penedés, puso a Charlie Parker, y esperó a que Adriana acabase de estudiar, una vez más, el piso. Miraba la mierda acumulada que tenía Marcos por todos lados, también miró la cantidad de libros desordenados de la biblioteca, le pidió prestado una antología poética de Williams Carlos  Williams.

  • Eres un hombre interesante, pero un poco cochino.
  • ¿Me lo he de tomar como un piropo o no?
  • Para nada, es la mejor manera de ahuyentar a las mujeres que se atrevan a entrar en tu casa.
  • Pues nada a limpiar, aunque no creo que entren demasiadas mujeres.
  • ¿El dibujo de la pared lo has hecho tú?
  • Por supuesto, incluso las librerías las he hecho yo.
  • No jodas, tienes dotes para la carpintería.
  • Nada de lo manual me es ajeno.
  • Ni de lo conceptual, porque escribes, ¿no?
  • Por supuesto.
  • Tienes el espíritu cultivado.
  • Al menos activo, porque cultivado no lo creo.

Marcos se acerca a Adriana y la empieza a besar.

  • Espera, espera, no vayamos tan rápido.
  • Bueno… ha sonado la alarma del horno, creo que la cena está preparada.

 

Marcos va a la cocina, saca las lubinas y pone la bandeja en la mesa, que está decorada y preparada para la ocasión.

  • ¿Qué buena pinta tiene?, exclamó Adriana.
  • Siempre me ha gustado cocinar, intento ser creativo cuando le dedico tiempo.
  • Eres una caja de sorpresas… y no tienes mujer cocinando como cocinas… una mujer que sepa que no ha de cocinar en casa diariamente… se queda a tu lado seguro.
  • Pues no ha sido mi caso, llevo toda la vida solo.
  • Tienes todo lo que ha de tener un hombre para estar acompañado de una gran mujer.
  • ¿Te estás riendo de mí?
  • En absoluto.
  • Anda, te lleno la copa. Comencemos a comer que se enfría.
  • Venga, gracias por brindarme una velada tan especial.

De fondo, Marcos, había puesto un cd de grabaciones de recitales de poesía de Ángel González, el clima era de un relax absoluto, la noche prometía. Marcos sucumbía a una excitación incontrolable.

Marcos, durante la cena, le explicó el valor global que había tenido la arquitectura internacional a principios del siglo XX. Le Corbusier, Gropius y Van der Rohe, entre otros muchos, habían iniciado una globalización técnico artística que años después se amplió a la economía y modos de vida, modas y aficiones.

Nuestra globalización actual se inició en la cultura vanguardista de principios del XX. Su tesis era arriesgada, aunque con bastante sentido común y profundidad.

Las copas de vino, constantemente las tenían que llenar, pues estaban bebiendo mucho, transcurría la noche y la conversación…

  • Me has de enseñar alguno de tus textos, seguro que son brillantes, le dijo Adriana.
  • ¿Brillantes?, soy autodidacta, de estudiante me incliné por las ciencias, todo lo que sé de humanidades y cultura lo he aprendido solo.
  • Pero de este modo no estás demasiado influido por otros autores.
  • En eso tienes razón, mi pensamiento es subjetivo y personal.
  • Tú forma de amar es también personal, ¿sabes?

Adriana, se levanta se acerca a Marcos y le empieza a besar acariciándole el sexo.

  • Comamos, luego jugamos a algo más emocionante, comentó Marcos.
  • Como quieras, es que este pescado debe ser muy afrodisíaco, estoy a cien…
  • Me alegro de que te guste.
  • ¿Dónde has aprendido a cocinar?
  • Me voy apuntando a cursos de cocina que me interesan.
  • Qué interesante.
  • Es mi mejor pasatiempo.
  • Y el resto del tiempo.
  • Escribo en mis libretas, trabajo poco, tengo una renta por parte de la familia de mi madre, que me deja vivir muy bien.
  • ¿Entonces a que viene esa cara de perplejidad y tristeza todo el día?
  • Quizás es esto, no genero la vitalidad que se necesita para trabajar, la lucha por la vida, la competitividad laboral, todo eso da una energía vital que yo no poseo.
  • Quizás es el motivo por el que muchas personas cuando se jubilan se vuelven tan inactivas.
  • Por supuesto, estoy convencido de ello.

Acabaron de comer, y se tumbaron en la cama mientras se bebían un orujo, follaron durante toda la noche, Adriana estuvo a su disposición para lo que quisiese. Realmente parecía una mujer desconsolada e insatisfecha. Marcos quería ofrecerle todo lo que necesitase, aunque como suele pasar,  se olvidó de lo que realmente necesitaba, que no  era otra cosa que sinceridad.

Las conversaciones se estaban volviendo comprometidas, arriesgadas, empezaban a decirse palabras que quizás no sentían. Marcos, creía que Adriana se estaba enamorando. Adriana sabía que lo tenía a sus pies. Que podría manejarlo a su antojo. Marcos siempre había sido una persona bastante radical, pocas veces se encontraba en  el término medio, tanto en lo que respecta a las actividades como a los sentimientos. Se había enamorado. Se había olvidado completamente de lo que significaba el amor y volvió a él. No controlaba sus sentimientos, y menos su pensamiento que dedicaba todo el tiempo a Adriana. Estaba eufórico o depresivo. Interpretaba todas las frases y reacciones de Adriana. No se reconocía. La única vez que había estado enamorado fue cuando tenía diecisiete años. Realmente se había olvidado de lo que se siente y de cómo se actúa en esos momentos.

Los sentimientos se fueron volviendo obsesivos.  No se controlaba, le llamaba cinco veces al día. Muchas veces en momentos en que Adriana no podía hablar, por el trabajo o porque estaba con su marido. Cuándo le colgaba, Marcos se deprimía, pensaba, ya no quiere saber de mí, ni hablarme y mucho menos amarme.

La diferencia de edad entre los dos, para Marcos, era algo positivo. Adriana le aportaba toda su experiencia, tanto en las circunstancias de la vida, como en el sexo. Las líneas que separaban la relación  sana y enfermiza al mismo tiempo, se traspasaban continuamente.

Adriana sabía que Marcos estaba obsesionado, pero le gustaba que un hombre diez años menor, se hubiese enamorado de ella como lo había hecho. Sentía rejuvenecer los diez años que los diferenciaban. Eso le excitaba y hacía que no percibiese la magnitud del problema. Las ilusiones llegan, unas se van y otras permanecen, las que permanecen se pueden volver obsesivas, o puede sanar el espíritu del individuo que las tiene. Marcos, naturalmente, tenía un modo de comportarse y de pensar obsesivo. Le había ocasionado malas jugadas. La otra vez que se enamoró también se había obsesionado, pero casi no lo recordaba. La mujer de la que se enamoró huyó de él, dejándolo dolido y tomando pastillas por una aguda depresión difícil de superar.

Marcos, cuándo salía a la calle, buscaba a Adriana entre las mujeres de la ciudad, se paraba en tiendas de moda y fantaseaba sobre cómo se vería Adriana con tal vestido, o con esa ropa interior de encaje. Pedía para beber y comer, en los bares, lo que creía que le podía apetecer a Adriana. Le iba a pedir que se divorciase de su marido, quería formar un matrimonio con ella. Incluso podrían adoptar a un niño asiático. Marcos, no se daba cuenta que estaba en una nube irreal de la que en cualquier momento podría caer una lluvia torrencial, también irreal.

Los momentos de crisis se acercaban, las piernas y brazos insensibles, el descontrol del pensamiento e incluso de las acciones hacía que se pudiese volver a convertir en un autómata controlado por una mente enferma y alejada de cualquier verdad. Adriana, cada vez notaba a Marcos más extraño, tenso, incluso a veces, le tenía algo de miedo. Quizás, al liarse con él, se había metido en un buen lío difícil de salir.

Pasaron unas semanas, Marcos estaba alienado de sí mismo, incluso lo arrestaron por desorden público y por atacar a una pareja que pasaba por la calle. Los jueces dijeron que padecía psicosis. Un psiquiatra de Sant Boi lo testificó en el juicio. Le internaron en su centro  y cómo mínimo, no podría salir en medio año.

Durante ese tiempo, Marcos se sintió sin fuerzas, vivía una muerte en vida. Adriana había desaparecido de su vida.

Un día le visitó el marido de Adriana, le dio un sobre con diez mil euros con la condición de que se olvidase de Adriana. Marcos se quedó descolocado, no sabía si el marido de Adriana sufría por el peligro que podía correr su esposa, o por el contrario Adriana se había obsesionado también por él. El marido quería que el fuego se apagase.

 

 

 

Después de seis meses encerrado en el hospital psiquiátrico, Marcos, se sentía extraño en libertad. Realmente había sufrido un régimen carcelario muy estricto, ¿ahora ya estaba preparado para vivir en sociedad? Probablemente, pero Marcos se sentía igual de loco que siempre, ¿acaso la psicosis era su estado natural y no la patología clínica transitoria? Quizás todos somos psicóticos en acto, lo que en determinados momentos de la vida se agudiza y se vuelve incontrolable. Quizás los centros psiquiátricos son meras cárceles, con las que la sociedad se libera de sus lastres, que son los locos.

La vida da muchas vueltas, Marcos lo sabía y su fe por volver a reencontrarse con Adriana no iba a desfallecer. Cuándo uno persevera llega a su destino, cuándo uno desfallece se estanca.

Las semanas después de su salida del psiquiátrico eran lentas,  creía desfallecer de apatía. Sus instintos más animales le decían que se debía mover, debía actuar. Pero a su  psique  no le apetecía hacer nada. Su consciente y racionalidad rayaban la vida vegetal. No era capaz de llevar a cabo ningún razonamiento lógico medianamente elaborado. Él, que siempre se había creído más listo que los demás. Más despierto, más avanzado en su humanidad, y ahora, por la medicación y por dejarse llevar por la pereza, no poseía casi ni vida, ¿era un no hombre al estilo Agamben?, podía ser, no se lo planteaba ya que casi no era consciente de su inutilidad.  No escribía ni en sus poéticas libretas Moleskine.  Su mente estaba perdida en una ciénaga de tierras movedizas.

Adriana sabía cómo se sentía. Antes de salir visitó a su psiquiatra del centro para preguntarle cómo estaba. El psiquiatra dijo que estaba estable pero pensando mucho en ella. Adriana, lo primero creía que todavía estaba obsesionado. Tuvo miedo. Debía ir con cuidado, ya tenía un marido que la maltrataba, solo faltaba que el examante hiciera lo mismo. No sé puede vivir con una incógnita e inseguridad permanentes, decidió que se debía ir de la ciudad, dejarlo todo y a todos, comenzar una nueva vida en alguna gran ciudad europea o norteamericana. Tenía buen inglés y un currículum envidiable. Su empresa actual seguro que le apoyaría.

No dijo nada a nadie y dos semanas después estaba en París. Con los ahorros que tenía podía vivir en una pensión en un barrio, y empezó a buscar trabajo en la ciudad.

Pronto consiguió un trabajo de jefa de Marketing en la empresa Fnac. La vida podía volver a sonreírle, a no ser que se juntase con otro hombre que la maltratase. Depende de cómo haya ido la infancia de una persona, puede buscar para estar a su lado a gente que le aporte sanamente sus experiencias o a gente problemática y sentirse maltratada. A Adriana parece que le atraían inconscientemente los hombres problemáticos.

Marcos se pasó dos semanas buscando a Adriana, tras las cuales sospechó que se había ido de la ciudad. Fue al piso donde había vivido, y cuando no estaba el marido entró, y buscó cualquier indicio para averiguar dónde estaba Adriana. Después fue a todas las agencias de viajes del barrio. No averiguó su paradero.

 

 

 

 

 

 

  1. Adriana.

Para Adriana era raro tener que conocer una nueva ciudad con todas sus alcantarillas y malos olores. Estaba en París, pero su corazón seguía en Barcelona, ¿cómo podía ser una ciudad tan cruel?, ¿todas las ciudades son iguales?

No lo sabía, pero estaba obsesionada por averiguarlo. Ella iba a ser la que gobernase su nuevo entorno. Nunca lo había hecho, no sabía si por falta de carácter, o simplemente el destino hasta el momento no le había acompañado, pero lo extraño es que Adriana no creía en el destino, por ello ella sola podía cambiar el ritmo de sus pasos, su dirección y descansos sanadores.

En París, como tenía algo de dinero ahorrado, empezó a vivir a un ritmo demasiado elevado. Comía en buenos restaurantes, iba cada noche a clubes nocturnos, una noche al Jazz Clube Etoile, otra al Duc des Lombards, y la noche siguiente a Le Caveau de la Huchette. En unos meses conoció gran parte del ambiente jazzístico de la ciudad.

Las primeras semanas, salió tres noches acompañada de hombres hacia la habitación de su hostal. Ellos nunca la invitaban a sus casas, ¿quizás eran hombres casados?, ¿o no querían que sus amantes supiesen dónde vivían? Adriana llegó a la conclusión de que los franceses no son tan buenos amantes como explican los dichos populares dirigidos a las mujeres españolas.

La vida al llegar a un lugar nuevo, es emocionante, vuelves a ser un bebe que se sorprende de cada cosa que ve o escucha. Adriana no paraba de aprender, se había inscrito en una academia de francés. El idioma le parecía bastante complicado, aunque muchas palabras se parecían al castellano y otras al catalán. Adriana no tenía facilidad para los idiomas. Además siempre había sido mantenida por su marido, debía formarse para poder encontrar un empleo. La vida continuaba, y la vida en el mundo actual cuesta mucho dinero vivirla. Sus ahorros se podían acabar antes de lo imaginado.

Pensaba mucho en Barcelona, en su marido abandonado y en Marcos, en sus desayunos con las compañeras de pilates, y sus partidos de tenis con otras tres mujeres de amigos de su marido. Pensaba en todo el tiempo que había perdido completamente junto a él, lo consideraba un hombre sin fuerza interior, de espíritu débil, un ser oscuro y predecible, cuánto se había aburrido durante estas décadas de matrimonio.

La decisión que había tomado al dejarlo todo era acertada. Era una mujer madura, pero tenía muchas ilusiones para el futuro. Esperaba que llegasen emociones y satisfacciones. Las horas de estudio iban a ser intensas. Iba a empezar a buscar empleo en bares y cines. Lugares dónde creía que necesitaba un nivel elevado del idioma.

En las clases de francés, conoció a dos hombres argelinos que amaban la fotografía. Siempre iban con una cámara. Habían llegado a París emigrando de las dificultades de su país, soñando con ser un nuevo Brassai. Llevaban dos meses fotografiando París y a sus caminantes.

Adriana les acompañó a una excursión fotográfica por la ciudad. Llevaba la cámara de su marido, que le robó antes de huir de su lado, no tenía conocimientos fotográficos, pero su mirada y composición de las fotografías era personal. Nunca había pensado que le podía funcionar diferente la visión con una cámara frente a su cara.

Los dos nuevos amigos, Hassan y Hanif, iban cada día a la mezquita a rezar. Adriana les acompañó varias veces. No comprendía su devoción por la religión. Alguna vez pensó, ¿y si son fundamentalistas islámicos? Pero sabía que podían haber personas con unas creencias muy fuertes, pero que nunca lucharían violentamente por esas creencias. Hassan y Hanif eran ese caso, tenían una sensibilidad hiperdesarrollada. Ellos le dijeron que tenía alma de fotógrafa, cosa que ella se tomó en broma. No podía creer que pudiese llegar algún día a ser una buena fotógrafa.

Cada semana salían a fotografiar, por lo que en poco tiempo Adriana conoció París muy bien.

Las clases de francés, otro espacio en el coincidían eran didácticas y amenas, pero no comprendía cómo unos argelinos, país en que el francés es una de las lenguas oficiales, estaban estudiando en París el idioma. Quizás no habían podido estudiarlo en Argelia, eran de unas familias muy humildes y nunca habían podido ir a la escuela. Pero, ¿a dos fotógrafos les podía haber sucedido eso…?

Adriana no comprendía bien la situación de sus nuevos amigos, pero no quería interpretar sus vidas, podía llevar a un error que los alejase irremediablemente.

Sentía cierta angustia, al no comprender las actitudes de sus amigos, además ninguno de los dos había intentado llevársela a la cama. ¿Acaso serían pareja?

A Adriana no le importaría hacer un trío con los nuevos amigos, pero debía tantearlos, saber de qué pie cojeaban, para conocer lo introducidos que estaban en el islamismo. Si sé tomaban al pie de la letra sus leyes acerca de las relaciones sexuales y de pareja, no cumpliría su objetivo.

Aunque fuesen fundamentalistas, Adriana sabía que si los conquistaba su fe no aguantaría sus instintos sexuales. Iba a jugar cerebralmente para llevarlos dónde quería.

Hassan, era un tipo recto. Tenía una moral estricta e inquebrantable. Todo lo que ansiaba en este mundo era vivir lo más correctamente para que después de morir pudiese ir junto a  Dios. Hanif tenía los mismos objetivos, pero era perezoso. Se dejaba llevar por la vida y por los otros. Su moral no era tan consistente como la de Hassan. Adriana se dio cuenta de ello, Hanif debía ser su presa, para luego arrastrar a Hassan también a su cama.

Era un proyecto más problemático de lo que ella creía. Las circunstancias de la vida se han de tener en cuenta.

Adriana alentada por la opinión de sus amigos, empezó a estudiar fotografía en una buena escuela, las clases se le hacían amenas. Ahora se pasaba muchas horas a la semana estudiando. Por las noches trabajaba en uno de los pubs de jazz más importantes de París, el Jazz Club Etoile.

El trabajo le apasionaba. Ganarse la vida sirviendo copas mientras escucha buen Jazz, era un acierto. Las horas que tenía libres se iba a fotografiar parís junto a sus dos amigos argelinos, no iban a dejar ningún rincón interesante de París sin retratar. Eran los fotógrafos que veían lo que el resto de la población no era capaz de ver, eran los fotógrafos que cuando enfocaban para disparar, la composición de la obra era atractiva e interesante.

Adriana nunca había imaginado que el cambio de residencia a un lugar alejado y diferente, podía abrir la mente de la forma como le había sucedido a ella. Ahora la perspectiva de la visión del mundo era mucho más amplia.

En la escuela de fotografía, un día tomando un café en el pasillo, se le acercó un profesor llamado Ernesto, era colombiano.

  • Hola, Adriana, ¿qué tal estás?
  • Bien, tomándome un descanso.
  • Quiero que sepas que los profesores de la escuela estamos más que contentos contigo.
  • Gracias, hago lo que puedo.
  • Pero lo que puedes es mucho, tienes una mirada única, aprovéchalo…
  • De nuevo, gracias, pero yo creo que mis fotos son normales.
  • Normales no son, a mí me gustan mucho. ¿Sobre qué harás el trabajo fotográfico?
  • He hablado con un centro psiquiátrico, me van a dejar entrar para hacer un reportaje.
  • Me parece muy interesante, trabájatelo, nos han pedido que enviemos un fotógrafo para contratarle, el trabajo es en la revista París Worldwide.
  • Me parece increíble que me digas esto.
  • Me gustas, pero no te lo explico por eso, sino porque tienes una virtud oculta.
  • Oh, gracias, no me lo esperaba, no sé qué decir.
  • No has de decir nada, solo has de hacer otro soberbio trabajo, de lo demás me encargo yo.

Adriana, le dio un beso en cada mejilla a Ernesto, se despidieron.  Acto seguido Adriana, cogiendo la cámara se dirigió hacia el centro psiquiátrico situado en las afueras de París. Hassan la fue a buscar a la escuela de fotografía, la llevó al centro psiquiátrico para esperarla fuera bebiendo té verde con menta.

Adriana tardó diez horas en salir, agotada pero contenta, estaba satisfecha por el buen trabajo efectuado. ¿Era ella la que entraría en la dichosa revista parisina?

Se dirigieron al apartamento de Adriana para mirar las fotos. El resultado era asombroso,  los retratos del centro y sus pacientes excelentes, Adriana había captado un sórdido mundo dónde el desencanto impera. Dónde los pacientes se consideran reclusos, no existe la libertad. Adriana lo sabía antes de hacer el trabajo. Hacia años había leído los textos de Foucault. Su proyecto fotográfico era social y de denuncia. Quería mostrar lo que les hacen a las gentes que ingresan en los centros psiquiátricos. Mientras fotografiaba a los reclusos, veía en cada uno de ellos la cara de Marcos. Qué bonito fue lo que duró la historia de amor, pero duró poco. Desde el principio sospechó que Marcos era una persona con una problemática compleja, pero le hacía olvidarse de su marido maltratador, y cómo no hay mal que por bien no venga, ahora vivía en parís, y tenía la posibilidad de trabajar de fotógrafa en una revista de la zona. Quizás era el signo de que por fin la vida le iba a sonreír.

París era una ciudad algo caótica, como toda gran ciudad. A Adriana le gustaba caminar por los suburbios. Al principio le daba miedo pasear haciendo fotos, no podía permitir que le robasen la cámara en ese momento, su situación económica empezaba a ser preocupante. Debía encontrar otro trabajo, el de camarera no le permitía vivir como quería, ni siquiera le permitía vivir, sino  que malvivía.

Pasaron tres semanas y contrataron a Adriana en la revista. Estaba muy nerviosa, casi nunca había trabajado, y hacerse fotógrafa profesional en unos meses le daba un poco de vértigo, ¿hasta dónde podría llegar?

Hassan y Hanif, miraban los acontecimientos con menos agrado del esperado. Ellos llevaban bastante más tiempo que Adriana en el mundo de la fotografía, y no habían podido ganar nada de ello, al contrario había sido un generoso gasto. Se preguntaban, ¿cuándo lo podrían amortizar?

Las ocurrencias que les venía a la cabeza eran bastante descabelladas, pasearse por las terrazas parisinas vendiendo fotos, frecuentar Montmatre con parte de su trabajo impreso para intentar hacer contactos con gente de la bohemia parisina, mandar fotos a todas las revistas y periódicos para ver si les interesaban comprarlas o contratarles de reporteros.

Pero la vida en las grandes ciudades es complicada y a veces te has de adaptar a ellas, si no lo haces puedes sucumbir en el mayor desarraigo tanto territorial como emocional.

Adriana, estaba muy ilusionada con el nuevo trabajo, le presentaron el equipo de labor, todos eran jóvenes guapas y guapos, ella, con sus cincuenta años creía que desencajaba en el equipo, pero no estaban contratándolos para tener descendencia, sino para que la revista viviera más tiempo del que nadie pudiera predecir. Era una revista consolidada, pero ya se sabe que  el mundo de los negocios es contingente, ahora estás y luego naufragas y dejas de estar. Cómo en las relaciones de pareja o de amistad, cómo  en los estudios y trabajos, en la vida nadie es imprescindible, ni siquiera la obra de arte total, si existiese, lo sería.

Las horas pasaban, después los días y en un abrir y cerrar de ojos las semanas. A Adriana ya le habían publicado tres fotografías, nunca había tenido una autoestima tan alta. La vida le sonreía y no estaba acostumbrada a ello, esperaba que la sonrisa tonta no fuese adictiva, se sentía como una boba completa debido a su felicidad.

Durante las tres últimas semanas, solo había visto una vez a Hassan y Hanif, les notó diferentes, ¿quizás estaban celosos de su suerte o buen trabajo? Todo depende de cómo lo mires y sus amigos habían errado en la interpretación de los hechos.

En la revista casi todos los trabajadores eran más jóvenes que ella. Pero Philip, la miraba con descaro. Adriana pensó, este Philip es un morboso, probablemente enfermo, como le puedo atraer si tengo treinta años más que él.

Pero, de gustos y pasiones no hay nada escrito y Adriana era una cincuentona atractiva, experimentada, y sobre todo inteligente. Philip, lo percibió al instante, y no la perdía de vista ni un momento, seguía sus movimientos, ¿estaba haciendo un estudio del comportamiento de Adriana? Ella pensaba que era un salido más, incapaz de ligar con muchachas de su edad. Adriana se equivocaba totalmente en su pronóstico.

Cada mes le publicaban ocho o diez fotos en la revista. No ganaba lo suficiente para pasar el mes, por lo tanto debía seguir buscando otro empleo, sino malviviría en una ciudad dura para las persona con ingresos precarios.

No quería volver a trabajar en supermercados, ni en trabajos que no la llenasen.

Vio una oferta de trabajo en la Cinémathèque française. Debía realizar estudios sobre el cine de Jean Vigo. Comparaciones con el cine anterior y posterior a Jean Vigo. Querían saber a ciencia cierta cuál era el camino natural del cine francés. Los motivos de su evolución y la comparación con el cine americano, italiano, japonés y alemán.

En ningún momento nombraron el cine español. Adriana, tenía ganas de advertirles de que en España había habido también buenos cineastas, pocos interesantes pero eran dignos de ser estudiados.

No se atrevió a decirles nada. La contrataron para veinte horas semanales, con el sueldo en el nuevo trabajo más lo que ganaba en la revista, podía vivir en París. Incluso le podría llegar el dinero para alquilar un estudio en un barrio periférico.

Pasó meses ahorrando, hasta que finalmente tuvo la opción de irse a vivir sola, la primera independencia de su vida fue al casarse con su ex. Dejó la casa paterna, pero esa independización fue casi para huir de sus padres. Pero ahora se volvía a independizar. Se iba del piso compartido con dos veinteañeras, debido a un gran esfuerzo y trabajo que veía recompensados.

Cuando hizo el cambio de residencia, el estudio, amplio y con luz, lo distribuyó de forma que se pudiese convertir en un cuarto oscuro… iba a trabajar por su cuenta con la fotografía analógica. También amplió tres retratos en los que había trabajado muchas horas, era el único arte que colgaría de sus paredes. No quería demasiados libros, solo los imprescindibles, de los que no podía prescindir.

De ser una mujer maltratada, a ser una mujer con cincuenta años y una gran proyección profesional, realmente la autoestima creció dentro de ella, era una mujer moderna, divorciada, emancipada y deseada por los hombres, tanto de su edad como menores que ella.

Las situaciones dan vueltas, muchas vueltas, Adriana debía luchar encarnizadamente para que su ascenso no se estabilizase, quería ir a más, ser mejor cada vez en el plano profesional.

Las heridas se curan, las cicatrices no, pero a Adriana no le quedaba ni una sola cicatriz del maltrato recibido, sus heridas iban sanando poco a poco.

El hombre de la revista, bastante más joven que ella que la miraba mucho y de forma descarada… se llamaba Gilles. Un día Adriana le dijo:

  • Ya está bien, ¿qué te pasa conmigo?
  • Me resultas conocida, no sé si me recuerdas a una tía, a mi madre o a alguna hermana, ¿cómo te apellidabas?
  • Puigbó, natural de Barcelona, no te puedo recordar a nadi.
  • Sí que me lo puedes recordar, aunque no haya parentesco, y seas de otra cultura te puedes parecer a alguien de aquí.
  • Pero tú no me miras como si te recordase a tú madre.
  • A mí madre, pero joven y atractiva.
  • Estás enfermo.
  • Ya sé a quién me recuerdas, a mí primera novia.
  • ¿Cuántos años tenía tu novia?
  • Dieciséis.
  • No jodas, yo con cincuenta te recuerdo a una adolescente.
  • Mira como es la vida, pero seguro que estás más experimentada en todo.
  • Supongo, con casi cuarenta años de diferencia, si no fuese así no habría salido de casa.
  • ¿Quieres venir a cenar esta noche conmigo?, te invito.
  • ¿A qué hora y dónde?
  • En Le granier de Notre- Dame, que está en rue de Brucherie, 18. Quedamos a las ocho, ¿vale?
  • De acuerdo, siempre me han dicho que quien con niño se acuesta cagado se levanta.
  • Primero, no nos hemos acostado, y segundo no soy un niño, tengo veintinueve años.
  • Frente a mis cincuenta y tantos.
  • Eres preciosa sabes.

Adriana se alejó de su compañero,  Gilles, ruborizada, y con un leve sentido de culpa. Cómo una adolescente ante su primera cita, después de toda su historia, de una vida llena de avatares negativos e ilusiones frustradas, la vida le estaba sonriendo.

Adriana tuvo una niñez complicada, hija de una familia desestructurada. Huyó de ella cayendo en las manos de un maltratador, para en la recta final de su matrimonio tener un amante psicótico. Ella que creía que Marcos le podía salvar la vida, había aprendido que la única persona que la puede sacar a flote era ella misma. Su nueva autonomía material y emocional la dejaba totalmente satisfecha. La línea de la autoestima estaba en un ascenso imparable… ¡era fotógrafa!, había conseguido ser una profesional de las artes, a sus cincuenta años, y eso que dicen que a partir de los cincuenta es imposible renovarse. Que o tienes atada la vida profesional, por lo tanto la formación requerida, o no la vas a poder conseguir nunca, pero las excepciones confirman la regla, y Adriana, de cincuenta y seis años había estudiado y estaba en una carrera por el éxito que nunca había conseguido.

La situación con Gilles le inquietaba un poco, era mucho menor, y no creía que apostar por una relación como aquella pudiese salir bien. Tampoco pretendía que fuesen un par de polvos y ya está.

La fotografía que hacía era cada vez más técnica, sus fotos urbanas eran únicas, estaba dominando a la perfección la medición de luz, la profundidad de campo y el final retoque en Photoshop. En unos meses se había convertido en una fotógrafa profesional.

En la revista, cada vez estaban más satisfechos con su trabajo, para ser una inmigrante española de más de cincuenta les había sorprendido su decisión y composición antes de apretar el disparador de su máquina.

En la Cinémathèque trabajaba a gusto, pero lo que más le gustaba, es que conocía nuevas películas que conseguía y se llevaba a su estudio suburbial.

La vida puede ser armónica o desordenada, tanto los que la llevan armónica como los que la llevan desordenada, han de hacer un esfuerzo para seguir en su tónica vital. Adriana estaba logrando ordenar todos los aspectos de su vida. Después de cuarenta años bajo el régimen inquisitorial de sus parejas, se había vuelto autónoma y autosuficiente. Sus decisiones solo le afectaban a ella. Sus ilusiones eran individuales, antes eran las del otro. Con la fotografía expresaba lo que no podía gestionar emocionalmente. El alejamiento de Hassan y Hanif le había afectado. No comprendía como podían estar celosos por su éxito laboral. Ellos vivían en un piso patera junto a otros ocho familiares, la fotografía también era su válvula de escape. No comprendía porque en vez de discutir no se apoyaban entre los tres. Era el único modo en que la gran ciudad no se los tragara. Las drogas, la noche, la violencia, todo estaba solo bajando unos escalones, al alcance de la mano, y ahora para Adriana también del bolsillo. Empezaba a vivir holgadamente.

Los días volaban al pasar y dejaban el rastro del trabajo bien hecho. Las tristezas, fijas en su forma de ser, a veces se alejaban. Lo único que esperaba era vengarse de su marido maltratador, le quería enviar una revista con sus fotos publicadas. Pobre ser obtuso, que no tenía nada claro, y no sabía tratar a una mujer. A Marcos no le importaría volver a verlo, era un sufridor como lo había sido ella. Y después de su ingreso en el sanatorio mental de Sant Boi, podía haber salido peor de como entró.

Pero todo eso era agua pasada, romanticismos sin sentido, el aquí y el ahora, era otro distinto, mucho más productivo y feliz, pero sobre todo mucho más productivo.

A Hassan lo vio una tarde, que estaban los dos tomando fotos en el Barrio Latino. En el acto dejaron de trabajar y se fueron a un bar. Adriana era la primera vez que veía a Hassan beber alcohol.

  • Siempre he bebido, poco, pero lo he hecho… lo que ocurre es que Hanif es un radical. Sabes, en realidad somos primos, y prometimos a nuestra familia que nunca dejaríamos de ayudarnos.
  • ¿Vuestra familia sigue en Argelia?
  • Toda, nosotros estamos solos aquí, la gente del piso patera en realidad no son nuestros familiares. Estamos algo perdidos.
  • Pero lo lleváis bien, se os ve con ganas de vivir y alegres.
  • ¿Alegres?
  • ¿Quieres qué vayamos a mí casa? Tengo buen vino.

Mientras viajaban en el metro, Adriana estaba teniendo fantasías sexuales con Hassan, no iba a perder la oportunidad, se lo follaría. La vida da muchas vueltas, ella era una mujer madura, menopaúsica, pero muchos hombres todavía la miraban por la calle, ¿dentro de cinco años lo seguirían haciendo?

Las realidades son diversas, las culturas si no son comprensivas se pueden odiar mutuamente. Adriana no estaba para conflictos étnicos, pero sabía que podía tener uno con Hanif cuando se enterase que se había llevado a Hassan a su casa.

Llegaron a casa de Adriana, puso en el aparato musical a Janis Joplin, abrió la botella de vino de la borgogna, y se pudieron a hablar. Hacía calor, y Adriana fue desabrochándose la camisa. Acabaron los dos en la cama revolcándose. Cuando una mujer está decidida a tener sexo con alguien, pocos hombres son capaces de resistirse.

Hanif era un musulmán culturalmente mucho más cerrado. Sus creencias religiosas ocupaban sus pensamientos la mayor parte del día. Creía que su verdad era la verdad. Nunca llegaría a aprobar que Hassan hubiese ido a casa de Adriana. Menos todavía que se hubiesen acostado juntos.  Adriana, no sabía a lo que se enfrentaba si empezaba a tener una relación con Hassan. El salto cultural que debería hacer cada uno muchas veces es el principio del fin de este tipo de relaciones. Además, Adriana, tendría como pareja a Hassan y a toda su familia.

No le explicó a Hassan, que había un trabajador de la revista que pretendía algo con ella. Adriana fantaseaba con tener tanto a Gilles cama a Hassan como amantes. No sabía que era meterse en la boca del lobo. La influencia de su vida pasada, golpeaba su mente y sus intenciones, ya no iba a ser ella la que se llevase todos los palos. Iba a manipular a todos los hombres que se cruzasen en su camino a partir de ahora.

La vida a veces parece que te sonríe, pero todo puede cambiar de cara, y pasar de ser un vividor y triunfador, a todo lo contrario. La mierda invade la vida de uno en el momento más inesperado, y parecen agotarse las fuerzas de flaqueza, ¿después qué?

Gilles, era un francés prototípico, culto, intelectual, revolucionario. El clásico francés que se imagina cualquier persona pero de los que ya no abundan en Francia. Adriana se preguntaba, ¿será bueno en la cama?, porque los franceses tienen una fama. Pero por ahora no llegaba el momento de la consumación entre los dos, aun así tenía a Hassan que la consolaba.

Los viernes por la noche, Adriana siempre iba a un pequeño restaurante del barrio dónde se comía bien y la trataban como si fuese la última mujer de la ciudad. Eso no ocurre a menudo. Cada viernes pedía un plato diferente de la carta… intentaba trabajarse el paladar, quería saber comer y beber. Adriana estaba en una época de experimentación y aprendizaje inusual para su edad. No había freno alguno que la hiciese parar.

Una tarde que Adriana estaba en su casa, Gilles llamó a su puerta, llevaba un ramo de begonias y una botella de vino bastante decente. Quería hablar con Adriana. Le habían propuesto hacer un viaje a Colombia para hacer un reportaje fotográfico sobre Medellín y su transformación y mejora.

Gilles, no quería ir  a vivir una temporada a Medellín, pero pensaba que quizás a Adriana le interesase.

Adriana se quedó sorprendida, la vida iba cada vez más deprisa, y ella no la podía detener. Estaba intentando triunfar en París, y tenía una oferta para desplazarse a Latinoamérica.

Gilles, le explicó que en realidad el trabajo sería para una agencia de París, su sueldo sería como si trabajase en París. No estaría en Medellín más de cuatro o cinco meses. No era demasiado, se le pasaría el tiempo volando. Era una oferta que le haría dar un salto laboral de gran importancia, que a él le gustaba, era una mujer madura pero muy atractiva, y quería que triunfase en el ámbito para el que había nacido, la fotografía.

Adriana le preguntó cuánto tiempo tenía para tomar la decisión. Dos semanas tenía, y en un mes saldría el vuelo hacia Colombia. Adriana le pregunto si era un favor que le hacía, y si así era, si tendría que pagárselo de algún modo. Me gustas le respondió Gilles. Adriana le dijo que lo consideraba un joven sabio, como Gilles Deleuze, que en paz descanse.

La tarde acabó como sospechaban, en la cama de Adriana gimiendo, o en la alfombra del estudio follando, o en la mesa de la cocina follando por detrás.

Gilles se quedó a dormir, no paraba de hablarle de Colombia. Hacía dos años le habían encargado a él un trabajo en el país. Le explicó a Adriana, que era un lugar muy exótico, dónde la gente bailaba sin parar, todos eran doctores, por lo menos, todo colombiano nacía con criterio y algo que decir. Mientras que en Francia, antes de hablar y teorizar sobre algo, uno ha de saberse con los conocimientos necesarios. La poca clase media y alta colombiana, eran cultos y estaban, quizás, en un  nivel superior que la francesa. Pero el país sangraba desde hacía tantos años, que nadie se fiaba de nadie, pero con razón porque la picardía social impera, es una herramienta para luchar por la vida. La felicidad, la risa, los bailes, el buen vivir, alegre y positivo, era innato en los colombianos. Además, había mujeres preciosas.

Le explicó todo lo que sabía sobre esa zona tropical. Adriana sabía, que las explicaciones eran radicalmente subjetivas, por lo tanto, dependiendo de lo que se encontrase si iba, sus pareceres se diferenciarían mucho.

Adriana, lógicamente, sintió curiosidad por la experiencia. Estaba casi decidida a tomar rumbo a las Américas. Una española en esos lugares donde los españoles hicieron tanto daño, dónde había tanto dolor. Quizás su experiencia vital, tan sufrida, sería relativizada completamente. La vida como siempre, seguía su curso, que era sinuoso, cambiante, contradictorio, destructivo, pero imprescindible. Debía ser así, si no lo fuese, probablemente la especie se hubiese estatizado, por lo tanto extinguido.

Pasó una semana, y Adriana aceptó el trabajo. Faltaba poco tiempo para irse, se lo debía explicar a Hassan. No se lo iba a tomar bien, se había encoñado de Adriana obsesivamente. Una vida de represión, cómo ocurre muchas veces en la cultura musulmana, es en lo que puede desembocar. En el momento en que cortas tus tabúes, sales desenfrenado hacia el placer y la felicidad. La inconsistencia anímica y de personalidad, de las personas en algunos regímenes represivos, es contraproducente para la salud mundial, si no observemos la historia de la humanidad. Hacen falta más revoluciones individuales para que las ideas y pareceres sean mucho más personales.

Por la tarde llamó repetidamente a Hassan, le quería dar la noticia. Pero, parecía que no quisiese contestar. Una vez incluso le colgó el teléfono. ¿Se habría enterado, por otra fuente, de su marcha a Medellín? Decidió acercarse a su piso patera. Decididamente, debía hablar con él. En el piso patera no había nadie, la puerta estaba abierta. Ni siquiera estaban los colchones míseros que adornaban el suelo.

Llamó a Hanif y contestó.

  • ¿Qué ha pasado Hanif?
  • No te lo creerás. Han detenido a Hassan, nadie lo sabía pero vendía heroína en un suburbio del este de la ciudad.
  • Imposible, me habría dado cuenta.
  • Le han hecho pruebas de sangre y estaba limpio, él no consumía.
  • ¿Dónde lo tienen detenido?
  • En la Maison d´Arret de Villepinte.
  • Pero, si han detenido solo a Hassan porque está el piso vacío.
  • No teníamos cómo pagar el alquiler, en realidad lo pagaba Hassan con lo que se sacaba de la venta de heroína.
  • Joder, ¿necesitas algo?
  • Sí, un trabajo como el tuyo.
  • Me voy a Colombia en una semana para hacer un reportaje fotográfico.
  • ¿Sobre qué?
  • Al final será sobre la poca clase media que queda en la ciudad de Medellín, sus costumbres y su modo de vida.
  • Pinta bien, suerte.
  • Gracias, saluda a Hassan.
  • ¿No le visitarás antes de marcharte?
  • No, no puedo, las cárceles me dejan mal, no las soporto.
  • Le saludaré de tu parte.
  • Adiós, cuídate.
  • Adiós.

Para preparar el viaje se quería reunir con Gilles. Él conocía Medellín, debía aconsejarla y guiarla un poco antes de su marcha.

En la revista le habían dado una excedencia, o sea que cuando volviese de Medellín, continuaría teniendo el trabajo de la revista. Estaba nerviosa, nunca había cruzado el charco, y la gente con la que había hablado que lo había hecho decía que el cambio en el modo de vida es grande y las ciudades son demasiado peligrosas.

Medellín es una ciudad dura para vivir, tanto física como psicológicamente. Físicamente porque está en un valle y los barrios ascienden por sus montañas. Hay muchas subidas y bajadas, y psicológicamente porque tienes una sensación de inseguridad constante y te hace vivir alerta todo el tiempo. Adriana, había sufrido abusos físicos, por ello creía que se había hecho fuerte ante el dolor, y desde que llegó a París, y tuvo que ganarse la vida, sin contar con el mantenimiento de su marido, en una relación que había durado más de treinta años, se había hecho más fuerte.

Las realidades difíciles ya no le asustaban. Tenía ganas de viajar, de recorrer mundo, su tardía afición por  la fotografía se lo podía ofrecer.

Todavía no había salido de París, y ya sentía la falta del ambiente de la revista, de París y sus calles, rincones y restaurantes tranquilos. Echaba en falta a Gilles, pero sobre todo a Hassan. No se había querido despedir de él, podía suponer una separación total. Hassan iba a pasar mucho tiempo en la cárcel y Adriana no vio de donde  sacar las fuerzas para visitarlo asiduamente. La falta de libertad es el gran mal individual de los miembros de la sociedad. A veces ocurre porque una persona se deja llevar tanto por los otros, la modas y las ideas ajenas que pierde su autonomía a la hora de pensar y actuar, otro motivo puede ser por las enfermedades, y el más difícil, es por estar encerrado en un centro, llámese cárcel, sanatorio mental o por pertenecer a la academia, que no deja nada de autonomía a la hora de pensar y de trabajar intelectualmente.

Gilles, se había despedido de Adriana, pero quería verla una última vez antes de su marcha. Adriana, no le contestó ninguna de las tres veces que le llamó. Gilles no sabía si no quería saber nada de él hasta su vuelta, o estaba con tanto trabajo antes de coger el avión con vuelo hacia Medellín, que no podía atender sus necesidades físicas. Pero también podía ser que no quería volverlo a ver… pero, ¿por qué?, él no había hecho nada malo. Gilles empezó a interpretar las situaciones y conversaciones que había tenido con Adriana, lo que normalmente no lleva casi nunca a un estado positivo del intérprete.

Adriana, había visto las llamadas desesperadas de Gilles, pero no quería verlo hasta su retorno desde Medellín, ¿a cuántos hombres podría conocer que sustituyesen a Gilles?, se preguntaba Adriana constantemente.

Para Adriana, los últimos días en parís fueron de introspección. Se compró los gramos justos de hierba para cuatro días. No fumaba desde los veinte años, pero quería estar alienada del mundo, relajarse y hacer un análisis de su vida exhaustivo. No sabía si la mejor manera de hacerlo era fumando marihuana, pero así lo decidió e hizo.

El primer día encerrada en su estudio fumando, se encontraba bien. El positivismo invadía sus minutos. Tanía en la nevera lo suficiente por si le daba larica, como le llaman en Brasil al hambre por haber fumado marihuana. El segundo día de fumeteo, se encontraba desubicada. Sus miedos y carencias afloraron, empezó a sentirse mal, las obsesiones por sus traumas eran intensas, le empezó a dar miedo el viaje a una ciudad como Medellín. El tercer día no fumó, tenía miedo de no querer viajar después de esos días. Su estado volvió a ser más positivo, bajó al bar de la esquina a beberse unas copas, practicó tocando una armónica que hacía varios días se había comprado para llevar a Medellín. El cuarto día solo se fumó tres canutos, esta vez le sentaron bien, investigó en internet todo lo que pudo sobre Medellín.

Llegó a la conclusión de que era una ciudad apasionante, leyó su historia pasada y contemporánea, leyó sobre las políticas públicas llevadas a cabo hacía pocos años por el alcalde Fajardo. Quiso darse cuenta del tipo de espíritu que poseía el ciudadano de esa dionisíaca ciudad.

Los resultados de su búsqueda personal a través de la marihuana, acabó siendo positiva. Decidió que no pararía de fumar. Incluso le podía servir para el trabajo creativo que le esperaba en Medellín.

La mañana de su partida llamó a Gilles:

  • Hola, Gilles.
  • Hola, no me has contestado al teléfono en dos semanas.
  • Lo siento, no quería ver a nadie, quería estar sola y averiguar qué tipo de fuerza poseo, a ver si es suficiente para la aventura que voy a empezar.
  • Eres fuerte, eres la mujer más fuerte que he conocido.
  • De todas formas has conocido a pocas mujeres.
  • No creas eso, soy joven pero experimentado.
  • Bueno, adiós Gilles, espero con ansias nuestro reencuentro dentro de cuatro meses, y gracias por ofrecerme esta oportunidad.
  • Ya te estoy echando de menos.
  • No seas llorica y sentimental.
  • Adiós, corazón.
  • Adiós… y no me llames corazón.

Un miércoles por la mañana, Adriana se subió al avión con destino a Medellín. Había reservado una habitación en un hotel de la ciudad. Su vida iba a ser estimulante, estaba segura. El hotel estaba situado en la carrera 46 y se llama Hotel Cabo de la Vela.

Quería visitar el primer día el barrio Belem. Era un lugar donde quizás podría encontrar clase media. Iba a andar el Barrio, además, en él vivía una amiga de Gilles. Era colombiana y le podía enseñar todo lo imprescindible para moverse por la ciudad.

Belem, tenía mejores y peores zonas, pero era un lugar relativamente tranquilo, con bastante movimiento cultural y con un nivel de vida bueno en comparación con otros barrios de la ciudad. No había tanto dinero como en el Poblado. Pero, a Adriana no le interesaba el Poblado, y su trabajo fotográfico no estaba enfocado al perfil de personas que vivían en él.

Cuándo aterrizó, cogió un bus desde el aeropuerto, ubicado en Rio Negro, pueblo cercano a Medellín, y se dirigió a la ciudad. Disfrutó con el paisaje de ANtioquia que veía. En Medellín fue a una fonda del centro de la ciudad y se pidió una sancocho de pollo. Tenía hambre y conocía el plato porque se había informado sobre la cultura y gastronomía del país.

Luego llamó por teléfono a la amiga de Gilles, Diana. Le dijo que no estaba lejos del centro de la ciudad, que la esperase, que iría a recogerla en carro.

Diana tardó casi una hora en llegar. Adriana, comprendió, que las cosas en la nueva ciudad se tenían que vivir con calma.

Cuando se presentó Diana, Adriana observó que era el prototipo de mujer latina, bonita, buenas curvas, apasionada, le dijo.

  • Te voy a enseñar la ciudad, en pocos días creerás que este es tu hogar. Esta noche hago una cena en mi casa para presentarte a gente… ¿vendrás verdad?
  • Por supuesto, estoy impresionada con tu vitalidad…
  • La vida es movimiento, y yo estoy pero que muy viva.
  • Debes ser una rompe corazones.
  • Cuidado que no te rompa el tuyo.

Las dos se rieron escandalosamente, pidieron una botella de Ron Viejo de Caldas, y empezaron a hablar del mundo, de Medellín, de la historia de Barcelona y su cultura. Del cosmopolitismo de París. La verdad es que parecía que no querían dejar ningún tema sin discutir. El tiempo se les iba veloz, hasta que cerraron el bar. Antes Diana les compró otra botella de Ron.

Adriana dijo que se iba al hotel, pero Diana incluso la empujo hasta llegar a su casa. Al llegar, Diana puso música, el Grupo Niche sonaba fuerte, dos vecinos llamaron a la puerta, en una hora se había formado una fiesta con quince personas. Adriana  observaba la situación muy sorprendida, además de que estaba borracha, se dio cuenta de que no podía parar de mirar a Diana, su figura le cautivaba.

Nunca le había ocurrido, se había organizado una gran fiesta de la nada, es parte de la cultura colombiana. No hace falta organizar el evento ni hacer lista de invitados, la fiesta es la vida.

Diana bailaba con todos y con todas, pero con Adriana tuvo la paciencia de enseñarle, rápido pero efectivamente, tanto los pases de baile como los movimientos de cadera. También le habló de León de Greiff, una gran poeta autóctono, un virtuoso del verso. Entre él, Fernando González, el filósofo de envigado, y el grupo poético de los Nadaístas que son una prolongación en verso de González, habían salvado a la cultura de la zona.

Adriana, se iba a llevar un libro de cada escritor, del grupo de los Nadaístas solo tenía una antología pero le recomendó que se los leyera con tranquilidad y profundamente.

Acabó la fiesta, y aunque Adriana y Diana estaban muy acarameladas, Adriana no se quedó a dormir con ella.

Durante la semana siguiente, Adriana habló tres veces por teléfono con Diana pero no sé vieron. Caminó las calles de barrios semiacomodados tomando fotos. Sobre todo caminó Belem, que era el barrio que le parecía más atractivo. El resto de las horas, estuvo encerrada en el hotel leyendo a los escritores que le había prestado Diana.

León de Greiff era un esteta, su forma de composición era tan importante como el contenido. En su escritura se podía vislumbrar su apabullante bohemia. Además la bohemia latinoamericana es diferente a la catalana. Tiene mucho más ritmo, la intelectualidad bohemia latinoamericana piensa al ritmo de la salsa y el tango.

Fernando González, hizo una crítica absoluta de todos los valores colombianos de su época. Su narrativa supero a la de su contemporaneidad. Adriana creía que era el mejor escritor colombiano que había leído. Los Nadaistas eran poetas libres, pero se les censuró por pensar en la nada. La nada y el nihilismo son su base conceptual y argumentativa. Hacía falta un poco de nada al sobrepeso y la mochila que arrastran todos los colombianos.

Adriana, escribió sus tesis y se las envió a Diana… que sorprendida las leyó con interés. Después la llamó:

  • ¿A parte de fotógrafa eres una intelectual?
  • Los fotógrafos entran dentro del conjunto de los intelectuales, ¿no?
  • Por supuesto, pero no sabía que te gustase tanto la literatura, ni las ideas propias que tienes sobre ella.
  • Simplemente te he mandado mi parecer ante escritores tan importantes.
  • Por supuesto, pero cualquier persona no habría llegado a esas conclusiones.
  • Gracias de todos modos.
  • ¿Cuándo nos vemos?
  • Ven a comer a casa, te haré tortilla de patatas.
  • Vale, llegaré a la 1.
  • Hasta ahora.

Adriana salió de su vivienda para ir a comprar lo necesario para cocinar, iba a hacer tortilla de patatas, y pondría jamón de pato y embutidos que había traído de París. Además prepararía una ensalada  agridulce, con miel y Aceto Balsámico de Módena.

Su primera semana en Medellín había sido fructífera, ahora debía concentrarse más en el trabajo fotográfico.

La mañana siguiente, Adriana, entró en una unidad de apartamentos de Belen. Allí había una persona que cuidaba del grupo de vecinos y sus pertenencias. Adriana se presentó, le dijo que quería hacer un trabajo fotográfico, que cuándo era la próxima reunión de vecinos, quería explicarles su proyecto y pedirles permiso para trabajar.

La reunión iba a ser una semana y media más tarde. Adriana llamó a Diana:

  • Todavía no puedo trabajar, me han de dar su permiso, ¿nos vamos a tomar algo?
  • Yo sí que puedo trabajar, es más debería estar trabajando, pero… vamos, recógeme en casa dentro de una hora.
  • Vale, hasta dentro de un rato.

Diana, durante esa hora se puso muy atractiva, era una belleza exótica que no pasaba desapercibida para Adriana. El escote que le llegaba hasta medio camino entre los pechos y el ombligo, era una manera de mostrar su cuerpo al que Adriana no estaba acostumbrada, y más teniendo en cuenta que la provocación iba dirigida a ella.

Cuando llegó Adriana, y vio el aspecto de Diana, se excito, notaba una humedad y un deseo difíciles de controlar. Se lo dijo claramente a Diana:

  • Tengo ganas de meter mis manos en tu escote.
  • Ha, ha, ha, pues adelante no seas tímida.

Se dirigieron a un bar de tango… las paredes estaban repletas de fotos de Carlos Gardel, el célebre tanguero argentino que murió en Medellín en un accidente aéreo hace algo menos de un siglo.

Adriana se quedó impresionada con el ambiente del bar. Diana pidió una botella de Aguardiente antioqueño. La tarde noche prometía ser larga, las fuerzas estaban intactas, y el deseo se podía cortar con tijeras, estaba en el ambiente expulsado por cada una de ellas de la forma menos escandalosa posible.

En el bar pusieron un gran trabajo del “Polaco” Goyeneche. Si había un tanguero que sabía arrastrar bien los versos cantados, ese era él. Hubo un par de parejas que se levantaron a bailar. Adriana y Diana estaban algo más que contentas, Diana se levantó y sacando a bailar a Adriana se calló sobre la mesa de clientes vecinos. Dos vasos cayeron en la falda de una mujer. Adriana se asustó, y se quedó mirando a la mujer que habían mojado, la conocía, ¿de qué la conocía?

  • Eres Adriana Suarez.
  • La misma, ¿de qué nos conocemos?
  • Fuimos juntas al colegio.
  • ¿En Barcelona?
  • Dónde si no, ¿has estudiado en muchas ciudades más?
  • En París, pero durante los últimos ocho meses.
  • Soy Amaia, ¿no me reconoces?
  • Sí, mi amiga, saliste del colegio en cuarto.
  • Mis padres vinieron a hacer las américas, ellos se quedaron en Quito, yo desde hace cinco años vivo en Medellín.
  • ¡Qué sorpresa!
  • Sentaros las dos, vamos a parrandear juntas.

Amaia estaba con una amiga. Se sentaron juntas y no pararon de contarse la vida entre ellas. Adriana estaba exultante, contenta, positiva. En cambio, Diana estaba borracha y negativa.

Amaia las invitó a tomar la última a su casa. En un momento dado, Diana empezó a besar a Adriana, que lejos de resistirse aceptó e hizo suyos los besos y los abrazos, caminaban por la calle livianas, ni siquiera una ciudad como Medellín les podría parar en su camino a estas cuatro mujeres. Amaia había ido a beber al bar con Cris, amiga y miembro de la compañía teatral a la que pertenecían las dos.

Diana estaba bastante ebria. En casa de Amaia siguieron escuchando tango… Astor Piazzolla les deleitaba con sus mezclas musicales, que siempre tenían al tango en su base compositiva. La vida, en momentos festivos, se percibe con un total positivismo, lo que hace falta es que sea real. De las cuatro amigas, ninguna había tenido una vida fácil, pero las cuatro habían podido salir de sus difíciles experiencias con trabajo pero satisfactoriamente.

No hay soluciones para todo lo que se emprende. Adriana se había concentrado pocas horas en su trabajo fotográfico, y muchas en el placer de conocer un nuevo mundo, el nuevo mundo. Diana había sido una anfitriona ideal. Adriana fantaseaba con acostarse con ella. Diana era veinte años más joven, pero se sentía atraída por Adriana, que era una mujer sensible, experimentada, y tenía un precioso cuerpo, y más teniendo en cuenta sus cincuenta años. Muchos hombres y mujeres se giraban para mirarla cuando se cruzaban con ella. Huir de su exmarido maltratador y de Marcos, que resultó estar completamente loco, había hecho resplandecer a Adriana, transmitía luz y belleza, y eso a nadie con quien tratase le podía pasar desapercibido.

Medellín, la ciudad de la eterna primavera, ilusionaba a cualquiera. Todo el año, la ciudad, desprendía sensualidad y fertilidad. Siempre estaba florecida y se creaba vida en sus calles, pero a la vez, también se creaban muchas injusticias y muertes, quizás era la gran paradoja de la ciudad.

Adriana, quería conocer Envigado. La semana siguiente fue a la ciudad que era limítrofe a Medellín donde habían nacido dos de las personas más determinantes para la forma de ser de la región, cuya capital es Medellín. Las personas eran el intelectual Fernando González, el filósofo de Envigado, que lo que intentó durante toda su vida, fue ayudar a formar una Colombia lectora y culta. Diana se lo había presentado a Adriana, y se había instalado en su corazón para siempre. El otro  era, nada más y nada menos que Pablo Escobar, el cruel narcotraficante de finales del siglo XX. Pese a los asesinatos y delitos que perpetró, muchos jóvenes de barriadas de la ciudad, todavía lo tenían como un referente vital.

En Envigado se podía visitar la casa donde había vivido Fernando González. Era una construcción clásica de finales de siglo XIX o principios de siglo XX. Colonial y atractiva.  En la antigua casa de Fernando, a Adriana le dio por escribir unos pensamientos, el espíritu del lugar era idóneo, y su historia hacía de él, un centro cultural perfecto para inspirarse.

Pensamientos escritos en la casa museo de Fernando González:

  • La vida es una y única. ¿Qué hay después?, no me importa, lo que me parece esencial es estar en el espacio y tiempo presente, es la única manera de vivir la propia vida.
  • ¿La fotografía es un mecanismo inventado para la expresión artística?, no… la fotografía es un mecanismo inventado para retratar la realidad y los primeros que se beneficiaron de él fueron los científicos. Ocurre que los inventos científicos tienen poder de decisión, se nos muestran y su forma afecta al uso que hagamos de ellos.
  • Las ilusiones son meras quimeras. Para que sean en acto se necesita materializarlas, la materia es corruptible, por lo tanto las decisiones son corruptibles.

Media hora después llegó Diana a la casa museo de Fernando.

  • Hola preciosa, ¿tomando té?
  • Todavía tengo resaca de la noche del tango.
  • La vamos a bautizar así, la noche del tango.
  • Me gusta Fernando González, gracias por presentármelo.
  • Por cierto, ¿cómo va el trabajo fotográfico?
  • Muy bien, he hablado con una comunidad de vecinos y les voy a entrevistar y tomarles fotos.
  • ¿Dónde está la comunidad?
  • En Belem.
  • Que bien.
  • ¿Qué quieres hacer?
  • Tengo hambre, después de comer podemos ir a un concierto de salsa que presentan en el centro de Medellín.
  • Me parece perfecto.
  • Aquí hay una hamburguesería deliciosa.
  • Pero, ¿no eras vegetariana?
  • Sí, pero de vez en cuando tengo antojos irreprimibles.

En el concierto de salsa, otra vez, Diana, demostró sus aptitudes en el baile. Los hombres no paraban de sacarla a bailar. La noche fue larga, bebieron bastante, y acabaron en la cama de Diana gozando del sexo entre las dos.

Adriana nunca se había acostado con una mujer. Diana, desde que la vio, le había atraído, pero no creía que se culminaría dicha atracción. Después de follar hasta las seis de la mañana, se pusieron a ver una película… la telenovela, Los Graduados, fue la serie elegida. A Adriana le gustaba lo que veía, la telenovela era mucho mejor que las que pasaban en la televisión española.

Diana, era una joven feliz. Sus traumas no los percibía ninguno de sus amigos y conocidos. Adriana, que tenía una sensibilidad muy desarrollada, notó cómo en algunos momentos lograba anular su radical irascibilidad. Cuando se fue por la mañana, se quedó pensando que tipo de vida pasada habría tenido para que tuviese falta de control de sus impulsos. Había conocido su forma de actuar en su ex marido. ¿Debía alejarse de ella o ayudarla?, ¿cómo podría hacer para convertir a Diana en una mujer armónica?

Al llegar al hotel, Adriana recibió la llamada de Gilles. Ya habían encontrado un apartamento cerca de los edificios donde iba a trabajar para el proyecto fotográfico.

Adriana, al recibir su nueva dirección, hizo el traslado. Se alquiló una furgoneta y ella mismo lo hizo.

Pasó dos tardes poniendo el apartamento apunto. Luego invitó a Diana, Amaia y Cris a merendar a su casa. En la mesa, como merienda, había dos botellas de Aguardiente Antioqueño. Diana, al entrar, le dijo:

  • A este paso nunca acabarás tu trabajo fotográfico.
  • Mañana empiezo… seguro… mañana.

Amaia y Cris riéndose dijeron a la vez:

  • No dejes para mañana la rumba que te puedas pegar hoy.

Adriana se rio gritando que eran unas pésimas influencias.

Amaia, era una mujer decidida, promiscua y que sabía siempre que decir y hacer. En cambio, su gran amiga Cris era todo lo contrario. Sus dudas ante todos los asuntos importantes de la vida le angustiaban profundamente. Juntadas con Diana, que era la fiesta, la risa descontrolada, la felicidad desbordante, y con Adriana que era solo melancolía por un futuro que podría ser prometedor, componían un cuarteto que iba a dar que hablar en Medellín. Eran mujeres especiales, como lo son todas. Con edades y experiencias totalmente diferentes, pero con algo en común… su entusiasmo por las situaciones de la vida.

En el apartamento de Adriana, acabaron como en casi todas las reuniones de personas colombianas, bailando hasta altas horas de la mañana. Adriana, en un momento dado, pidió que las tres se fueran, había llegado el momento del descanso. Mañana por la mañana empezaría su trabajo fotográfico.

Cuando se fueron, Adriana excitada por la fiesta se masturbó, para después caer en un sueño repetidamente interrumpido con imágenes de su exmarido y de Marcos, ¿cuándo iban a desaparecer de su vida de forma definitiva?

Por la mañana se despertó, gracias a su despertador, a las siete. Se duchó, cogió libretas y rotuladores, la cámara de video y la cámara fotográfica, y fue a desayunar a un bar cercano a su casa. De allí empezó a rondar la comunidad de vecinos que era el objeto de su trabajo. Empezó a fotografiar a gente que salía y entraba de la comunidad, también a hacerles vídeos. Habló sin prisas con el guarda jurado. Le explicó que en la comunidad habían entrado a robar varias veces, pero nunca siendo él el encargado de la seguridad de la comunidad. Le dijo que olía a distancia a la gente con malas intenciones. Antes de que llevasen a cabo sus actos vandálicos ya los habría podido parar los pies. Todos los vecinos estaban seguros con él.

Adriana pensó, cuánta gente necesita el peligro para sentirse viva. Yo el peligro lo he tenido en casa con mi puto exmarido, ¿le cambio a este guarda los papeles para ver qué opina? Pero no le dijo nada, solo que no valía la pena jugarse la vida, a lo que él contestó, es mi deber, yo muero por mis deberes.

En el acto, Adriana, se dio cuenta de que había pertenecido al ejército colombiano. Seguro que había estado en la selva matando o asesinando, elijan la palabra, violando a madres e hijas. Tenía ganas de preguntarle si era todo eso cierto, es lo que se rumorea, pero la persona esta era extremista, para él la ley de Dios es lo primero, pero la ley del estado no se queda demasiado atrás, y también moriría por ella. Pero a todas estas creencias, se le sumaba que normalmente este tipo de gente está cerca de la línea divisoria que separa la legalidad de la ilegalidad. Sabía que debía ir con cuidado con una persona de estas características.

Cuándo fueron las diez de la mañana llamó a la puerta de unos vecinos escogidos al azar.

  • Hola, soy Adriana… os acordáis de lo del trabajo fotográfico…
  • Claro, claro, pasa, aunque nosotros en media hora tenemos que irnos a trabajar.
  • Solo unas preguntas… ¿antes de vivir aquí dónde vivíais?, cuál es vuestra procedencia.
  • Nosotros somos humildes, nos criamos en Laureles, ya sabes dónde es, ¿no?
  • Sí, las primeras semanas en la ciudad he caminado los barrios mucho.
  • Somos ingenieros de la Nacional, no nos han regalado nunca nada, yo estudiaba en la universidad y a la vez trabajaba en un restaurante. A mí mujer la conocí en la Universidad Nacional, está embarazada de dos meses, aún no sé le nota.
  • Si le das cuerda a mi marido no para, es como una cotorra.
  • No es para tanto.
  • Tranquilo, me lo estoy pasando en grande escuchándote.
  • Pues sigamos.
  • No, es la hora de irnos, tenemos que trabajar, ¿por qué no nos encontramos a las siete, cuando lleguemos del trabajo?
  • Por mí encantada, ¿aquí mismo?
  • Aquí, hasta luego.

Adriana continuó haciendo fotos de los edificios, de las zonas peor conservadas, de las zonas más atractivas, de los lugares donde ella se sentaría a leer un libro. Todo para ella era nuevo e interesante. La urbanización constaba de tres bloques de doce pisos, era una zona tranquila aunque a su izquierda, a pocos minutos caminando había una barriada de mala reputación.

La vida, en una ciudad tan caótica como Medellín era una aventura constante. Después de merodear por la zona, y esperando a que llegase la hora para reunirse con el matrimonio con el que había quedado, se fue a beber una cerveza. En la barra, había un hombre que tenía delante de él un vaso  y una botella de Ron Viejo de Caldas, una libreta y un boli.

Adriana se le acercó:

  • Hola, ¿qué tal?
  • Hola preciosidad, ¿quieres una copa?
  • Por supuesto, apuesto a que eres poeta.
  • Acertaste, antes aquí se movía la cultura, ahora los artistas estamos condenados.
  • Yo tenía entendido que la parte cultural de la ciudad se había revitalizado.
  • Solo la cultura mediática. La cultura potente y crítica está muerta…
  • Eres poeta y negativo.
  • ¿Sabes cómo me gano la vida?
  • ¿Cómo?
  • Vendiendo versos en los bares, yo, que había publicado diez libros de poesía y de repente ni les intereso.
  • Bebamos… que vida esta… lo siento… yo también he pasado lo mío… bebamos…

Los dos se sentaron en una mesa y se pusieron a dialogar:

  • Medellín tiene un serio problema, dijo Arnaldo.
  • ¿Cuál es el problema?
  • Que la gente no para de ver en los otros que dan papaya.
  • ¿Qué?
  • Eso, ¿no sabes lo que significa?
  • Dar papaya es dar pie para a que se aprovechen o rían de ti.
  • Pues no me había fijado.
  • Pues, está científicamente probado.

Los dos se rieron y se lo pasaron muy bien todo el rato que estuvieron juntos.

La conversación los entretenía, y cada vez que tomaban una copa veían al otro más atractivo. Adriana miró el reloj.

  • Me he de ir a entrevistar con los vecinos que te he contado, pero, estoy medio borracha, no puedo ir así.

Arnaldo le dijo que tenía la solución, fueron al lavabo y sacó una papelina con cocaína.

  • Esto te quitará la borrachera.
  • Pero… yo no quiero esnifar, me da demasiada impresión.
  • Que prefieres quedar bien o mal en tu trabajo.

Adriana, en veinte minutos esnifó cuatro rayas, ya estaba preparada para ir a visitar a los vecinos de la comunidad. Arnaldo se despidió de ella con un beso en la boca, cosa que Adriana le agradeció. Ni con Marcos se había sentido tan atractiva como en Medellín. Tenía éxito, ligaba con hombres y con mujeres, y eso que ya estaba en la cincuentena, ¿qué más podía pedir?

Cuando llegó a casa del matrimonio de la comunidad, ellos no habían vuelto… ella que se había preocupado tanto y resulta que la habían dejado plantada. Bajó a la garita dónde se encontraba el guarda de seguridad. Le preguntó si había visto a los vecinos con los que había quedado. El guarda, le contestó que hacía un cuarto de hora habían salido corriendo del edificio, parecía una urgencia. Adriana les esperó hablando con el guarda, esa tarde noche no aparecieron. Adriana debía esperar hasta el día siguiente. Se fue al bar donde había conocido a Arnaldo, ya no estaba. Se bebió dos cervezas y se marchó a casa caminando. Tenía miedo, la sensación de inseguridad era constante, además, las calles estaban demasiado solitarias.

Por la noche tuvo pesadillas, soñó con que su exmarido le pegaba, y cuándo se iba a morir le clavaba un cuchillo, él moría, y ella iba a parar a un centro psiquiátrico. En ese momento se despertó asustadísima gritando, ¡yo no estoy loca!

No quiso volver a dormirse, tenía miedo de sus pesadillas. Su pasado le estaba jugando malas pasadas, ahora ya no podía ni descansar tranquila. Eso cabrones, pensaba, me han hecho la vida imposible y me la siguen haciendo, he de expulsarlos de mi vida, pero como hacerlo. Creo que ni el tiempo podrá expulsarlos.

Por la mañana llamó a Diana, le preguntó si conocía a alguna buena psicóloga. Diana le explicó que había recibido terapia de varias psicólogas, pero que Carmen era la perfecta, era muy buena, tenía una amplia formación, tanto en psicoanálisis como en terapia Gestalt, era una buena mezcla. Pero lo más importante es que sabía estar con el paciente, generaba una confianza absoluta.

Adriana llamó a Carmen, la terapeuta. Quedaron para el lunes siguiente, le quedaban cinco días, a ver cuántas noches no tendría pesadillas, era algo que le angustiaba ya antes de dormirse.

Las pesadillas siguieron, Adriana decidió ponerse a trabajar intensamente. En tres días se entrevistó con tres familias, e hizo múltiples fotografías de ellos. La urbanización en la que trabajaba estaba habitada por personas de barrios humildes venidos a más. Era gente que esperaba crearse un bienestar cada vez mayor. Casi todos eran gentes educadas y con estudios. Adriana se dio cuenta que iba a trabajar con personas de un sector muy concreto de la población. Si existía la clase media acomodada en Medellín era esa.

Siguió llamando a puertas y haciendo fotografías de las personas que entraban y salían de la urbanización. Su jornada de trabajo era de ocho de la mañana a ocho de la noche. Cuándo acababa su jornada auto impuesta normalmente se iba a tomar algo con Diana. Algún día se añadieron Amaia y Cris, mujeres con las que cada vez se sentía más cómoda. Otro día decidió ir a buscar a Arnaldo al bar donde le conoció pero no dio con él.

Quería encontrárselo para apuntar su contacto. Le había parecido un hombre interesante, el prototipo de hambre machista que tiene en cuenta a las mujeres, pero, ¿por qué las tenía en cuenta?, era una actitud totalmente utilitaria. Adriana creía que lo que quería era follar lo máximo posible. Ella se vengaría de todos los hombre en la carne de Arnaldo.

La intensidad de vida que llevaba nunca había sido capaz de aguantarla. Otras épocas de su vida se había sentido activa y completamente competente, pero nunca le había durado tanto su estado como ahora.

Los días pasaban veloces. Siempre había creído que los trabajos intelectuales estaban destinados a otras personas, pero ahora sabía que ella también era capaz de usar el intelecto más allá de la cama hablando con su amante.

Llamó a Diana, quería verla, cambiar impresiones. Diana era una persona a la que no le habían regalado nada, era una mujer pícara, que haría lo que hiciese falta para sobrevivir. Nunca se daba por vencida, y para ella la vida era una lucha continua. Le convenía su presencia asidua, para que le transmitiese su lucha por la existencia, de la que ella había carecido gran parte de su vida.

Diana, le dijo que por la noche pasaría por su casa. Adriana, quería tener todo preparado, una buena cena, bebida en abundancia y la música preparada. Siempre que se había juntado con Diana, el tiempo juntas había sido de festividad absoluta.

Después de preparar un zancocho de pollo, se echó la siesta. Ya hasta durmiendo la siesta le entraban las pesadillas. Se despertó a los veinte minutos después de dormirse, sudada y con miedo. Para serenarse se bebió una copa de vino tinto, y puso a Fruco y sus tesos de fondo.

Cuándo llegó Diana, Adriana estaba borracha. Le explicó las pesadillas que tenía, no se le habían ido. Llevaba un tiempo con la psicóloga, y el miedo no se le iba. ¿Qué podía hacer? Diana le contestó, que el mejor remedio para las fobias era la fiesta.

Adriana se la quedó mirando, y dijo:

  • Quizás tengas razón, pero el tiempo que me queda en Medellín lo he de aprovechar trabajando.

Diana se rio:

  • El trabajo es para vivir, no se ha de vivir para trabajar.

Adriana lo sabía perfectamente, en su vida había trabajado poco, ¿ahora tendría que recuperar el tiempo perdido? Era posible, aunque hay cosas que no se pueden recuperar, como la falta de sueño, o los trabajos no realizados si son interesantes. Ella estaba disfrutando mucho haciendo el reportaje fotográfico, qué más podía pedirle a la vida. Con una amante, un trabajo que nunca habría imaginado realizar. Estaba en la flor de la vida, a cada uno ese momento le llega cuando le toca, y eso que ella no creía en el destino.

Diana, la alcanzó rápido. Al poco tiempo estaban las dos igual de borrachas, estuvieron haciendo experimentos verbales, empezaron a improvisar, de forma hablada, versos, uno cada una de forma escalonada. Después de componer cada poema les sorprendía un ataque de risa descontrolado.

El poema que más les había gustado lo escribieron en una hoja y la clavaron con una chincheta en el centro de la pared. El poema era el siguiente:

La comunidad… ausente…

El tema de debate es indescifrable…

Y yo me debato en su descripción…

Y no digamos si intento descifrarlo…

Las situaciones, a contraluz,

aunque predominan las sombras…

No estaremos viviendo en una

película de terror…

Los asuntos, manifiestos

y demás tribulaciones…

Las someto, por mi cuenta

y riesgo a la quema violenta…

Solo que el sonido… que no a la fuerza

ha de ser una melodía…

Adriana le enseñó las fotos que había disparado en la comunidad de vecinos. Diana se sorprendió, en la comunidad había fotografiado a su primo. Adriana le dijo que había entrado y salido del edificio unas cuántas veces. Diana le explicó, mi primo Daniel es un ladrón de poca monta, vive en una comuna, es peligroso, que esté entrando y saliendo de allí  me hace sospechar… seguro que tiene un plan para robar o algo así.

Diana se puso a llorar, sabía que su primo no era una buena persona. Lo raro es que no se hubiese dado cuenta de que Adriana estaba tomando fotos, que le había retratado a él.

  • Mira, Adriana, fíjate en su cara. Si vuelve a estar por allí, disimulas… no le saques fotos, que no sepa que estás haciendo un reportaje. Pondría mi mano en el fuego porque ya ha matado a bastante gente.
  • No tengas tanto miedo.
  • De gente como mi primo nunca se está a salvo, es un animal.
  • Joder, me recuerda la película de Gaviria, La mujer del animal…
  • Es parecido al animal de Gaviria.
  • Entonces, ¿qué hago?, ¿vuelvo a París?
  • Solo te digo que vayas con cuidado.
  • Eso haré tranquila.

Después de la intensa conversación se les había apagado el ánimo, se metieron en la cama y descansaron hasta el día siguiente. Por la noche, como siempre, Adriana tuvo pesadillas. Durante una de ellas despertó a Diana, que sobresaltada la despertó.

  • ¿Qué te pasa Adriana?, le preguntó asustada.
  • Cada vez que duermo tengo pesadillas.
  • Si eso me debería pasar a mí, ¿con la vida que he llevado?
  • No eres la única que has tenido una vida dura, de mí también han abusado.
  • Como de todas, ¿no crees?
  • En cierta medida sí, tienes razón.

La mañana fue tranquila, desayunaron arepa con huevo revuelto. Las conversaciones que tenían solo trataban sobre los hombres colombianos. Para ellas eran unas personas machistas, que no tenían en consideración al género femenino. Diana le preguntó a Adriana:

  • ¿Puedo irme contigo a París?
  • Me harías una mujer muy feliz.
  • Pues ideemos un plan.
  • Solo es comprar los dos billetes de avión y volar hasta allá.
  • Me parece muy bien, los hemos de comprar, además he de saldar una deuda.
  • ¿Qué deuda?
  • Le debo a un prestamista mil pesos.
  • De eso me encargo yo.
  • Gracias, te amo.
  • Pues fóllame.

Las dos se empezaron a besar. Adriana jadeaba mientras Diana le acariciaba el clítoris, hasta que llegó a un orgasmo que le duró más segundos que ningún otro que hubiera tenido nunca.

Adriana, a su vez le trabajó el clítoris con la lengua a Diana, que extasiada no reprimía sus gritos y expresiones.

Una hora más tarde, duchadas y satisfechas se despidieron. Adriana se dirigió hacia la comunidad de vecinos, se sorprendió, al llegar estaba el primo de Diana merodeando por la zona comunitaria. Diana sin sacar su equipo fotográfico entro en la comunidad, debía entrevistarse con otros vecinos, llamó al timbre de su puerta.

  • Hola, soy Adriana…
  • Te conocemos, pasa, pasa…

Le sirvieron un café…

  • Contadme un poco vuestra evolución vital.
  • Yo, cuando era joven y soltera me pasaba el día dibujando, me apasionaba, pero nunca pude ganar dinero con ello. Así que me puse a trabajar en el Éxito como contable. Lo otro te lo puedes imaginar, me enamoré de un yupi, que ganaba lo suficiente para que yo no tuviera que trabajar…
  • Sí, dice el marido, y entonces pasamos de ser una pareja de enamorados, a un pareja de aburridos personajes de Medellín, la ciudad de la eterna primavera.
  • Nuestra ciudad es la ciudad de la eterna primavera, y cómo tal, la pasión nunca se tendría que acabar pero no es así.

Adriana se sentía como si estuviese haciendo una terapia de pareja, fueron hablando sobre su mundo en crisis, el de una pareja que ya no tenía ilusión por nada.

  • ¿Cómo fue vuestra educación?, preguntó Adriana.
  • Mis padres querían que me casara y tuviese hijos, que fuese siempre ama de casa, y yo todo el día dibujando, cuando me casé respiraron tranquilos.
  • Pero eres una hija de padres conservadores pero con calidad de vida.
  • La calidad de vida no es solo económica, lo más importante es la parte emocional, y nosotros no tenemos calidad emocional.
  • ¿Y quién tiene calidad de vida emocional?, se preguntó el marido.
  • Yo creo que es a lo que hemos de aspirar todos, dijo Adriana.

La conversación se iba poniendo tensa entre el matrimonio. Adriana sabía que cuando se entrevistase con las personas de la comunidad podía suceder. Sacó la cámara fotográfica y pidiendo permiso se puso a retratar a la pareja, tanto individualmente como juntos.

Los retratos eran los de las expresiones faciales más duras de todos los que había tomado en la comunidad de vecinos. Se notaría en las fotos que el matrimonio estaba naufragando y hundiéndose en aguas cenagosas.

Cuando Adriana acabó el trabajo fue a almorzar. Al salir de la comunidad el primo de Diana, que estaba por la zona, se la quedó mirando. Adriana empezó a sudar y le temblaban controladamente las piernas.

Estaba a punto de desistir, de buscarse otra comunidad de vecinos para elaborar el trabajo, pero con todo lo que había trabajado en esta… estaba indecisa. Cuando alguien siente que está en peligro la lucha por la vida aflora, o se puede huir o por el contrario enfrentarse al peligro. Adriana debía pensar en cómo afrontar la situación.

De momento debía pasar inadvertida. El primo de Diana ya se había fijado en ella, ahora no tenía que llamar demasiado la atención, tenía que lograr que no se fijase más. Los instintos más primarios afloraron en ella. La supervivencia, y el trabajo bien hecho notaba que se estaban peleando.

Al irse de la comunidad fue a tomarse un ron a un bar. Necesitaba algo fuerte para guardar la calma. Para que los nervios no le produjesen alguna tensión muscular que le produjese dolores. Ya lo había experimentado con su exmarido maltratador. Cada vez que se enfadaba y ella tenía pánico, aparecía alguna distensión muscular en su cuerpo.

Pero la vida seguía, después del ron pensó que debía acabar su trabajo fuese como fuese. Era muy importante para ella, y un maldito cretino no podía echar abajo sus ilusiones y perspectivas de futuro.

Se fue a su casa, no era capaz de descansar. El día había sido intenso, estaba estresada y no tenía ganas de sufrir de nuevo su pesadilla.

Diana le llamó, Adriana le contó que su primo la había estado observando. Diana le dijo que no fuese más por la comunidad de vecinos. A lo que Adriana le contestó que si hacía falta se enfrentaría a él.

Diana le dijo que en cinco minutos saldría para ir a su casa, que la esperase.

Cuando llegó, Diana dio un abrazo a Adriana:

  • Sabes, mi primo ha matado a al menos veinte personas. Si te metes en su camino te matará a ti.
  • No me puede dar miedo, es mi gran oportunidad, no la puedo desperdiciar, tengo el trabajo muy avanzado, no voy a buscar otra comunidad, además, quizás también tenga personas peligrosas merodeando.
  • Como quieras, si quieres seguir te apoyo, pero te doy esta pistola.
  • ¿De dónde la has sacado?, no voy a andar por la calle con esto.
  • Cógela, quizás te haga falta.
  • Bueno, dámela, toda precaución es poca.
  • Mira, he traído empanadas y panes de queso.
  • Vamos a comérnoslo, llevo un rato en casa, y no he tenido fuerzas ni de cocinar.

Estuvieron comiendo lo que había llevado Diana, entre risas e historias enloquecidas que le contaba Diana, Adriana se relajó.

Diana se quedó a dormir y por la mañana hicieron el amor apasionadamente. Adriana no tuvo ninguna pesadilla, estaba decidida a matar al primo de Diana si hacía falta.

Durante la semana siguiente siguió haciendo entrevistas y retratos fotográficos, alguna vez se cruzó con el primo de Diana y se miraron, se auto reconocían. Sabían que eran enemigos. Adriana pensó que quizás Diana había hablado con su primo diciéndole que era fotógrafa pero estaba de paso y no tenía ninguna intención de meterse en su vida. Pero Diana lo negaba, decía que hacía mucho tiempo que no había hablado con su primo, para ella no era ni de la familia.

La situación estaba calmada y Adriana avanzaba rápidamente en su trabajo, pero notaba que estaba naciendo un problema en su sentir, se encontraba a gusto en Medellín. No sabía si querría volver, pero en Colombia no tenía empleo. Quizás no fuese difícil encontrarlo, con el trabajo en París en la revista y este encargo, que era un trabajo sociológico además de fotográfico y artístico. Quizás en revistas y periódicos del país de Bolívar le abrieran las puertas. Debía decidirse en poco tiempo.

Diana llamó a Adriana tres veces, y Adriana nunca podía verla, siempre estaba trabajando, hasta que se presentó en su casa. Encontró a Adriana con Arnaldo cenando.

Diana y Adriana tuvieron una violenta discusión.

  • Puta, me dices que no estás y te encuentro con este cretino.
  • Oye, no soy un cretino.
  • Él y yo no tenemos nada, lo que ocurre es que me estaba enamorando de ti y en poco tiempo vuelvo a París.
  • ¿Y por eso no quieres verme?
  • Te parece poco, se nos va a partir el corazón.
  • Mira, me quedo a cenar con vosotros, si no os molesto…
  • Dónde cenan dos cenan tres, dijo Arnaldo.

La noche empezó mal pero acabó muy bien… amanecieron los tres en la casa de Adriana. Diana y la anfitriona en la cama de Adriana, y Arnaldo durmiendo en el sofá excitado teniendo una única fantasía, que hacía un trío sexual con Adriana y Diana.

Por la mañana, tanto Diana como Arnaldo tenían muchas cosas que hacer, se bebieron un café y se marcharon rápidamente. Adriana se extrañó, ¿cómo podían haberse marchado así sin más?, ella quería compartir con ellos un rato más, aunque no hubiese sexo era igual. Podía haber, risas, baile, vida, cariño.

Pero se había quedado sola, y tenía mucho trabajo, la vida no es diversión y trabajo, el aburrimiento es tiempo perdido, no entra dentro de la vida. Claro si entendemos la vida como movimiento, durante los momentos de pereza el movimiento era mínimo, pero esos momentos, antes tan asiduos en la vida de Adriana, ahora ya no los tenía, y si querían aparecer, los desechaba con energía y voluntad

Fue a la comunidad de vecinos, allí estaba el primo de Diana, se sonrieron mutuamente, no sabía si era un signo de peligro o si su relación a distancia iba por el buen camino.

Durante el día, por lo menos tomo cincuenta retratos, y entrevistó a seis vecinos, también hizo un vídeo sobre unos trillizos de la comunidad que tenían nueve meses. Verlos pelear era una muestra de lo que es la condición humana.

Por las noches redactaba las impresiones que le había producido cada vecino entrevistado y retratado. Intentaba crear un retrato psico antropológico de cada sujeto trabajado.

No sabía si un estudio tan exhaustivo  iba a interesar en su totalidad, pero se sentía bien haciéndolo.

Habló con Gilles por teléfono. Le dijo que tenía tanto a Hanif como a Hassan controlados. Hanif seguía en prisión,  no se  había vuelto ni un capo mafioso ni nada por el estilo, iba a salir indultado en poco tiempo. Mientras que Hassan había sido extraditado, como al resto de su familia. Adriana, le pidió que intentase hacer cualquier cosa porque Hanif. Para que al acabar su condena se quedase en París. También lo extraditarán le dijo Gilles. Tú mundo en París se reduce a mí y a nadie más.

Los días en Medellín pasaban tan veloces que solo le quedaban dos semanas de estancia en la ciudad. Diana se quedaba a dormir con ella cada día. Adriana había sido feliz en aquella relación, cosa que nunca había logrado en otras relaciones. Y… ahora a alejarse de Diana, no podía ser… le iba a proponer a Diana que fuese a París con ella.

No querría pero lo tenía que intentar. ¿Alguna vez podría tener un amor con tanta tranquilidad como el que tenía con ella…?

Las situaciones cambian, porque la vida es cambio, y como la vida es cambio el estrés existe. En la ciudad de Medellín hay tanto movimiento que está en constante cambio, quizás por ello tiene un espíritu de estrés. En el trópico se sabe vivir, poco trabajar y mucho gozar. En Medellín no se cumplía ese dicho, la gente trabaja  aunque no haya trabajo. La gente se mueve, el motor que mueve la ciudad es lo que hace de sus gentes personas de temperatura caliente, dispuestos a cualquier cambio, menos si es el de salir de la ciudad, ese cambio les cuesta más.

Las dos últimas semanas de Adriana en Medellín fueron de una festividad radical, iba a conciertos, a exposiciones, al teatro. Además coincidió con el festival de poesía de la ciudad, todo ello mezclado con alcohol, cannabis, baile y descontrol. Mezclado en la coctelera con buenas dosis de sexo.

La despedida fue apasionada, con lágrimas y risas. Con reprimendas y quejas. Diana no se lo podía creer, se iba Adriana, el aliciente de su vida de los últimos cuatro meses. En el último momento compró un billete de ida a París en el mismo vuelo que Adriana.

Diana se iba de Medellín, se había enamorado de Adriana. En cambio Adriana no estaba convencida de la decisión de Diana. Su tipo de relación podía variar en París, allí tenía amigos y amantes, debería dejar un espacio para Diana, además de mantenerla y ayudarla a salir adelante.

 

Gilles llamó a Adriana, que llevaba tres días en parís. Le habían pagado bien el gran trabajo realizado. Gilles se sorprendió al conocer a Diana. Se quedó ensombrecido al instante. Diana era vitalidad y diversión, mientras que Adriana era contemplación y meditación. Eran como la noche y el día, iban a formar un trío delicioso. Solo pensarlo se excitaba hasta llegar al orgasmo. No sabía si podría llevar la vida normal que había llevado hasta entonces. Las sorpresas se sucedían. ¿Adriana y Diana eran pareja? Dónde había quedado su relación con Adriana.

La primera vez que estuvieron solos hicieron el amor repetidamente. Al acabar le dijo Adriana que ella no tenía ni dueño ni dueña.

Con el paso del tiempo, las historias sucedidas se ven con más perspectiva. A Adriana la vida le había cambiado, no pensaba de la misma forma, no sentía igual que antes, se había vuelto perceptiva en exceso. ¡Qué era lo que la había tenido eclipsada durante toda su vida!, nadie de su entorno de Barcelona, pensaba que pudiese tener la sensibilidad que poseía para fotografiar, incluso para escribir. A a Gilles le gustaban mucho sus aforismos y poemas breves. Adriana se había convertido en una esteta.

Diana estaba algo angustiada, se había dado cuenta de que el mundo de Adriana no era solo ella. En Medellín, quizás sí que lo fuese, pero en París estaba Gilles y pronto iría a visitar a Hanif a la prisión. Todo era relativo, ella debía encontrar su círculo social al margen de Adriana y Gilles. Con Gilles ya se había acostado tres veces, era un buen amante, aunque ella prefería a las mujeres, sabían mejor como darle placer. A Adriana le había iniciado en las relaciones lésbicas, pero había aprendido pronto y se había convertido en una gran amante.

Diana encontró empleo en un restaurante colombiano de camarera, por fin tenía unos ingresos fijos. Podría emanciparse de casa de Adriana, había visto una habitación cerca de su casa, no quería alejarse mucho, al fin y al cabo eran amantes y se podían necesitar mutuamente por diferentes motivos.

Adriana, además de trabajar en la revista, una agencia editorial se interesó por su trabajo. Querían contratarla temporalmente de fotógrafa. Se había convertido en una experta  en el mundo de la imagen. Es increíble, que una persona de cincuenta años se pueda actualizar en un sector tecnológico, como es la fotografía. Dominaba el photoshop, y dos o tres programas de vídeos e imagen. Técnicamente era perfecta a la hora de tomar fotografías con la cámara. Dominaba la medición de luz, la profundidad de campo, sus composiciones rayaban la excelencia. Se había convertido en una verdadera profesional.

Hanif estaba en la prisión jodido. Cuando le fue a visitar Adriana, encontró a una persona esquiva y desconfiada. Nadie podía saber las experiencias que había tenido esa temporada en la cárcel. Adriana le animó:

  • Si solo te quedan unas semanas, luego podremos salir a fotografiar, sabes, he conseguido que no te extraditen. Aquí dónde me ves conozco a un mandamás. El tipo me lo ha asegurado, te puedes quedar en París, ¿no te alegras?
  • No sé lo que quiero hacer, París o Argel, ¿qué más da?

Adriana no le reconoció, siempre había sido un tipo echado hacia delante, emprendedor y valiente, la cárcel le había transformado. Ahora parecía tenerle miedo a todo y a todos. La misma Adriana percibió su poco valor al hablar con ella. Ya no era el luchador inconforme que había conocido. Adriana se propuso recuperarlo.

Pasaron dos semanas y Hanif salió de la prisión. Adriana le tenía preparada una habitación en su casa. Iban a convivir juntos, Hanif siempre la había querido.

Diana ya independiente sintió celos. ¿Ahora era ella la que sobraba?, Adriana no comprendía que su felicidad dependiera de ella. Hanif era una persona muy diferente, no era festivo, no transmitía alegría sino que transmitía angustia y oscuridad. Acaso era verdad lo que decía Adriana, que la cárcel le había cambiado.

Adriana le buscó un psicólogo. Hanif necesitaba un terapeuta si no, no saldría adelante. Adriana iba a hacer lo posible por devolverle lo que le habían quitado, las ganas de vivir.

Gilles, hacía unos días que no se ponía en contacto con Adriana, a la que se le venía un pensamiento a la mente: qué le pasa a toda mi gente, acaso tienen una crisis colectiva, uno traumatizado, otra enferma de celos, otro en estado de pasotismo total, voy a desaparecer y que les den a todos.

París había cambiado en esos cuatro meses. Adriana pidió trabajar tres noches en el local de Jazz del que había sido camarera. Quería redescubrir el ambiente. El Jazz actualmente es un estilo de culto, pero en sus inicios era música negra que generaba problemas, bailando Jazz les personas se regeneraban, o iban directamente al infierno, con muchas copas de más y unas cuantas reyertas con cuchillo incluido.

Los tugurios no eran como son ahora, que los frecuentan unos cuantos intelectuales que creen tener oído y buen gusto, cuando la mayoría escuchan Jazz porque es lo que toca para estar dónde están, pero que ni les gusta ni sienten la música.

Adriana había aprendido a amar el Jazz. Conocía a muchos autores e intérpretes, Thelonius Monk le entusiasmaba. Incluso cuándo cerraba el local destapaba el piano e intentaba imitar lo que había escuchado durante la velada.

La verdad es que no lo hacía mal, era original y espontánea, no se perdía en el compás y los sonidos que emitían sus teclas concordaban con las melodías base.

El dueño del local más de una vez le había oído tocar, y pensó pero no le dijo, lástima que no hayas estudiado música, tienes un don innato.

En el local nocturno conocía a muchas personas, era un continuo presentarse, había un hombre que al principio le daba bastante repugnancia por la manera como la miraba, pero un día entabló conversación con él. Era un hombre de cincuentaicinco años, escritor y catedrático especialista en los autores existencialistas, Sartre, Camus, Simone de Bouvair, André Malraux, etc, etc…

Era una persona inteligente y sensible, entonces, ¿por qué se comportaba así con ella antes de conocerla?

Adriana, en poco tiempo, se enamoró del profesor. André era lo que necesitaba, era un estímulo para su intelecto, además de apasionada y creativo. Cuánto has tardado en aparecer, pensaba Adriana continuamente. A las dos semanas de conocerse ya se habían acostado juntos. Los dos iban a lo que iban, tenían la certeza de que el otro era la persona indicada. Diana, vio lo que sucedía con tranquilidad, su historia con Adriana se estaba acabando, ¿quizás había sido un error seguirla a París?, probablemente, el tiempo contestaría a la cuestión que le angustiaba.

Gilles era una persona posesiva, Adriana también le estaba dejando de lado. André lo conoció una noche que estaba en casa de Adriana. Gilles apareció borracho como una cuba, intentó pegarle un puñetazo a André, no le dio, sin embargo rompió el cristal del armario dónde Adriana guardaba la bajilla. Gilles se hizo un gran corte en la mano, en las urgencias médicas le pusieron nueve puntos de sutura.

Después volvieron los tres al apartamento de Adriana:

  •  A ver Gilles, ¿qué te pasa?, ¿no sabes que las relaciones están cambiando continuamente?
  • Pero la nuestra no ha de por qué cambiar.
  • Vengo de Medellín y soy de Barcelona, todas las experiencias originan cambios, no sé puede controlar.
  • Pero yo te quiero.
  • Yo también te quiero Gilles, pero ahora he empezado una relación con André. déjanos un poco de espacio para ver cómo nos va.
  • O sea, ¿me pondrás al margen?
  • Siempre serás un eje central en mi vida, tú me diste la posibilidad de ir a Medellín, nunca lo olvidaré.

Estuvieron el resto de la noche hablando los dos tranquilamente. André los miraba incrédulo, no sabía a qué atenerse. Su pareja se había pasado la noche hablando con su ex y él no había intervenido en ningún momento.

Cuando la vida va por el buen camino, el esfuerzo individual ha de ser enorme para no bifurcase del camino. Esta situación se ha de dar tanto individualmente como comunitariamente, la sociedad en su conjunto, puede andar bien o coja. Si anda bien, el esfuerzo colectivo ha de ser titánico para que los buenos tiempos no se acaben.

Adriana estaba pasando el momento más dulce de su vida. Quien le iba a decir hacía años, que a los cincuenta estaría en la flor de la vida, satisfecha tanto laboral como emotivamente, había entrado en una segunda juventud mucho más positiva y constructiva que cuando vivió su primera juventud.

Su familia hacía mucho tiempo que había desaparecido. Nunca se llevaron bien, y a la mínima oportunidad que encontraron se separaron radicalmente. Su ex, que era la persona que había sustituido a su familia, estaba completamente olvidado. A veces Adriana pensaba, si ahora el cerdo ese me pusiese las manos encima le reventaría a tortazos. Su autoestima había subido, ahora era una persona que se valoraba y quería, y contra ello no hay rival posible.

Gilles acabó de hablar con ella y percibió que era otra mujer después de volver de Medellín. Se había hecho valiente y decidida, creía que ahora incluso era una líder, se le había fortalecido la personalidad y era firme en sus palabras y decisiones.

A André, mientras Gilles y Adriana hablaban, le iba apareciendo un malestar opresivo que se fue convirtiendo en violencia interna. En un momento dado se abalanzó sobre Gilles y le empezó a pegar. Adriana, indignada, tomó partido asestándole un golpe con una jarra que tenía a mano.

La jarra quedó destrozada. André cayó al suelo sangrando. Adriana se puso a gritar histérica, los tres entraron en pánico, y el caos verdadero apareció en sus vidas. Inmediatamente, Gilles, fue a buscar vendas y yodo para curar la herida de André.

Pasaron dos horas y la situación se había tranquilizado mucho. La herida de André era más superficial de lo que pensaban.

  • ¿Sabéis muchachos?, preguntó Adriana, siento que soy una mujer imprescindible, todos y todas se vuelven locos y locas por mí. No sé en qué he cambiado, hace tan solo un año, nadie me miraba era fea e insulsa, y ahora, en cambio, el camino por donde piso es seguido por alguien o por varias personas. Es mi energía vital, muchachos, mi energía que resplandece, no hagáis oscura la vuestra porque no podréis estar a mi lado, os echaré como a perros, así que espabilar, no aguanto los celos, en el pasado sufría abusos de mi ex marido por celos, si os comportáis así, como él hacía, os juro que os las veréis conmigo, así que abramos una botella de vino, y hablemos como personas cultas y civilizadas, porque eso es lo que queréis mostrar al mundo de vosotros mismos. Pues eso, sin más ni menos palabras brindemos porque nos queremos, y alejemos los celos y la violencia. Un brindis, es la hora de decir, este es el principio de una gran amistad.

A partir de esta escena dramática todo fue mejor entre los tres. Adriana mantenía una relación íntima con cada uno de los dos. Entre ellos se aceptaban, incluso existía cierta camaradería, pero nunca podrían intimar demasiado.  Eran los amantes de una cincuentona que les había absorbido el cerebro, ya no eran más ellos mismos, estaban alienados por la pasión que sentían por Adriana. Pero aunque lo sabían no podían arreglarlo, un amor de tal envergadura es peligroso tanto para el que ama como para el que es amado. La historia no tenía el aspecto de acabar bien, pero tanto Adriana, como Giles y André, no se daban cuenta del lío absurdo en el que les iba a colocar su sentir.

 

Hanif ya llevaba fuera de la prisión más de un mes, le habían contratado en una panadería, por este motivo estaba tramitando la nacionalidad francesa. No sabía cómo, pero Adriana le había conseguido el trabajo. Ya no trapicheaba, quería conseguir dinero de forma legal, había estado a punto de morir en la cárcel varias veces… por ataques de presos, y porque psicológicamente estaba al límite y pensó varias veces en quitarse la vida.

Adriana, lo iba a visitar a la panadería de vez en cuando, se tomaba un café, y hablaban un rato, pero su relación se había enfriado mucho.

Hanif se sentía radicalmente solo en París, a veces pensaba que hubiese sido mejor que lo extraditaran. Sabía que Adriana no era la Madre Teresa de Calcuta, y que no iba a estar cuidándole y apoyándole toda su vida.

En un momento dado durante esa época en París, cuándo la gente en los suburbios estaba tensa, la violencia explícita e implícita era una realidad, todas las barriadas de negros y árabes eran un polvorín. Había enfrentamientos con la policía, y la gente en la ciudad se sentía cada vez más insegura. Hanif dentro de un ambiente tan duro y después de pasar una temporada en la prisión se sentía mal, violentado, lo que quería era una vida armónica, y malviviendo del sueldo de panadero, y con el medio ambiente violento nunca podría conseguirla.

Le pidió a Adriana si podía ayudarle a volver  a Argel, que él ya no hacía nada en París, su tiempo se había agotado. Prefería vivir austeramente en su país, que ser un inmigrante necesitado en París.

Adriana le dijo, que era Francés, que había conseguido la nacionalidad… que le ayudaría a meterse en el mundo laboral de la fotografía, que debía coger aliento, y empujar con fuerza. La vida solo es una y se ha de luchar por ella, es instinto, Hanif, la lucha por la vida es un puto instinto.

Hanif sabía que Adriana tenía razón, además, él, que provenía históricamente de un pueblo de mercaderes, que se había leído repetidas veces EL Extranjero de Camus, conocía la realidad. Vamos que siempre había tenido una mentalidad mucho más abierta que  la gente de Argel. Pero París había podido con él. Era una ciudad dura, en la que las políticas de extranjería son difíciles, los sin papeles malviven, son carne de cañón, como muy bien explicó el inmigrante y escritor colombiano Eduardo Gamboa en El síndrome de Ulises. Patología del inmigrante necesitado.

Adriana, aunque le quería transmitir fuerza a Hanif, seguía con su vida de inmigrante privilegiada en su ciudad adoptiva. Tenía un buen trabajo, una vida social interesante, y dos amantes. En el tema del amor había pasado de ser pasiva y abusada, a activa e independiente. Se había reencontrado con su feminidad. Era una mujer que sin saber adónde quería ir, ahora sabía lo que quería con una seguridad escalofriante. Se había convertido en una mujer fuerte y dura.

 

 

 

 

 

 

 

  1. Marcos

Marcos a veces pensaba en suicidarse. No quería estar allí,  se había comportado de forma extraña, que había sido violento, que la locura le había atrapado profundamente, pero estar encerrado en un lugar como ese era un castigo del que tal vez no saldría nunca.

Faltaban dos semanas para salir del sanatorio mental, en total había estado más de medio año. No había día ni noche que no tuviese fantasías con Adriana. La vida cuando se pone cuesta arriba es agotadora, desesperante, destructiva.

El día en el sanatorio era aburrido, sus compañeros de reclusión estaban locos, no como él, que solo se había comportado de forma extraña, los locos son siempre los demás, y que así siga siendo, pensaba Marcos.

Marcos sabía que Adriana había dejado la ciudad. Cuando saliese del sanatorio debía ponerse en contacto con ella. No sabía cómo ponerse en contacto,  pero debía lograr enterarse de su dirección… tenía su email, ¿quizás lo habría cambiado por otro?, todo era posible… su relación con Adriana acabó de forma violenta y tensa, él no recordaba bien lo que había ocurrido, pero se temía que la reconciliación era prácticamente imposible, si no volvían juntos, ¿qué haría en la vida?

La rutina le mataba, nunca había sido su amiga, pero ahora le producía una angustia indescriptible, su modo de vivir siempre había sido muy anárquico, y en el centro tenían horarios fijos para todo. Cuando una persona lleva orden en su vida, su mente también se organiza, cuando una persona vive en el caos, el descontrol mental es más probable. ¿Quizás era ese su problema?, pero su naturaleza era desordenada e intensa, no podía ir contra natura.

Salió del sanatorio un jueves a las nueve de la mañana, cuando cruzo la puerta de salida, su espíritu se expandió y se comprimió unas cuántas veces, tenía pánico por lo que le podía deparar la vida.

Marcos, era un hombre que había sufrido relativamente poco en la vida, si la comparamos con la de Adriana. Era una persona de la que nunca nadie sospecharía que se le pudiese truncar la vida como lo había hecho. Había sido alcohólico y había consumido muchas veces cocaína y por supuesto cannabis, lo que le llevó a un desequilibrio emocional continuo. Cuando conoció a Adriana, se sintió bien. Nunca había estado tan estable. Pero la vida da muchas vueltas, y en un momento dado se encontraba tan, tan bien, que estaba en un subidón bipolar intratable. Lógicamente, una mujer casada, que era su amante desde hacía pocos meses no iba a esperarlo a su salida del sanatorio mental. En el fondo era lo que él esperaba… pero lógicamente no sucedió.  Sus impresiones momentáneas, fueron de desamparo y abandono. Estaba solo en el mundo, solo en una ciudad esquizofrénica como es Barcelona.

No sabía si marcharse a París. Debía contactar con un amigo de la infancia para ver si le podía dejar una cama una temporada, luego ya decidiría adónde ir y que hacer.

Las personas tienen los recuerdos distorsionados, Marcos recordaba a su amigo Antonio como una persona amable y bonachona. Pero podía haber cambiado, las escenas vagas que tenía en mente eran de diversión y nocturnas, ¿en qué se habría transformado Antonio en estos diez años que no lo había visto?

  • Hola, Antonio, soy Marcos.
  • Pero, Marcos, ¿Marcos…?
  • Por supuesto, cómo te va la vida.
  • Mejor que a ti. Sabes, estos diez años Helga me ha mantenido informado, sé que acabas de salir de un sanatorio mental.
  • ¿Lo sabes?
  • ¿Necesitas algo?
  • No tengo dónde dormir.
  • Ven a casa con tus cosas y tomamos algo.
  • Un una hora estoy en tu casa.
  • Hasta ahora.
  • Adiós.

Antonio esperó casi tres horas. Cuando llegó Marcos no sabían de qué hablar. Habían pasado tantos años, se podían contar todas sus vidas durante horas, pero prefirieron recordar viejos tiempos.

  • Te acuerdas cuando íbamos a esa discoteca del centro, en la que casi cada fin de semana ligábamos, recordó Antonio.
  • Sí y siempre nos metíamos en problemas.
  • Íbamos con Koldo y Ton.
  • Los problemas a veces eran serios… incluso llegamos a traficar en ella a pequeña escala.
  • Fue el mejor momento de mi vida, todo el día colocados, ahora no puedo ni beberme una cerveza.
  • Sí, pero mira como hemos acabado.
  • Hasta dónde has llegado, ¡encerrado en un loquero!
  • Se me va mucho la cabeza, cuando me creo Dios, soy intratable y autodestructivo.
  • Como todos, ¿dónde está el límite entre estar sano o enfermo mentalmente?
  • Los límites los ponen los psiquiatras, nadie más.
  • Son unos cerdos, anda tomémonos unas cervezas.
  • Sácalas, por cierto, estaré poco tiempo aquí, no te preocupes.
  • Por mí no hay ningún problema, puedes estar el tiempo que quieras.
  • Gracias, no recordaba que tuviese algún amigo.
  • Pues ya lo ves, algo queda del pasado.
  • Por supuesto, espero que no vaya en tu contra.

Estuvieron toda la tarde bebiendo cerveza, se hizo tarde y bajaron a comerse una hamburguesa a un restaurante cercano, Antonio invitó.

Marcos, al final de la noche, estaba borracho. Según los expertos, emborracharse es dañino para las personas que sufren enfermedades mentales, pero quizás necesario para las que están recluidas bastante tiempo en un sanatorio mental.

Por la mañana, Antonio fue al trabajo. Era redactor de cultura en uno de los principales periódicos estatales.

Marcos, durante la mañana estuvo haciendo una limpieza general de la casa. Luego abrió su vieja libreta, dónde escribía versos y pensamientos.

Redactó:

El símil entre tiempo y acto…

No hay opción para ganar el tiempo

perdido…

Y encima tengo náuseas,

las insidias, los ambientes

adversos, solo faltan rejas…

Mientras compro mi libertad,

la cabeza, funciona, mientras

las elecciones equivocadas

se evaporan, ya no afectan.

Por la tarde llegó Antonio:

  • Perdona, pero tienes que buscar trabajo, no pierdas el tiempo haciéndome de chacha.
  • Mañana empiezo, te lo prometo, hoy tenía que ambientarme, ser libre no es fácil.
  • Es una utopía.
  • Cómo las teorías de Proudhon, ¿no?
  • Exacto, ni más ni menos.
  • Sabes, siguen obsesionándome los textos anarquistas.
  • ¿Sabes que nunca se van a llevar a cabo?
  • Es como lo que ocurrió con mi novia, sigue obsesionándome, ha salido de la ciudad y no la volveré a ver, es un amor utópico, no me gusta llamarlo platónico, es irreal, pero en ello estoy.
  • Tú siempre has sido un romántico.
  • Un puto romántico, y cuándo tengo en mis brazos una mujer de verdad, me entra la puta locura.
  • Es tu destino.
  • Vaya mierda de vida.
  • Brindemos por nuestras mierdas de vidas, aunque al fin y al cabo son vidas.
  • A veces siento que no merece la pena vivirla.
  • Romántico, por lo tanto con impulsos suicidas.
  • Cabrón.
  • Tu mente irracional te supera.
  • Otro brindis por nuestra parte irracional.

Antonio abrió una botella, de cava Codorniu Brut Nature, y empezaron a beber y a atormentarse por la vida que se iba de sus manos sin poder dirigirla como quisieran.

Antonio, había sido una persona con cierto éxito laboral y económico, lo que ocurre es que hacía cinco años le habían imputado por tener problemas con hacienda, no había manejado correctamente el dinero, los artistas a los que llevaba hacia la fama, ni estaban asegurados, ni cobraban lo estipulado por la ley ni declaraban todas sus ganancias. Por lo tanto pasó dos años presos, además de pagar una gran cantidad de miles de euros.

Todavía se estaba recuperando de la banca rota, y los problemas psicológicos por estar preso, nunca los podría solucionar, al final encontró trabajo en el periódico, y solucionó algo sus problemas.

Marcos, no sabía nada de la pena cumplida por Antonio. Creía, que había sido, es y será durante toda su vida una persona de éxito, un ejemplo a seguir. Lee miraba mucho mejor de lo que realmente era. ¿Antonio quería ayudar a Marcos?, ¿o sus intenciones ocultas eran destructivas y con beneficios para él mismo?

Antonio, le dijo a Marcos, que tenía ganas de presentarle un gran proyecto que tenía en mente. Que había aparecido en el momento oportuno, era la persona que necesitaba, juntos triunfarían, y se acabarían todos los problemas económicos de por vida.

Marcos estaba ansioso, quería que Antonio le explicase el gran proyecto. Pero le contestó que esperase unos días, todavía no se lo podía contar, cuando todo estuviese bien atado, se lo contaría y empezarían a trabajar.

Marcos, no sabía que pensar, tanto podía ser un proyecto empresarial, como cultural, aunque también podía ser un proyecto que estuviese fuera de la ley. Mientras estaban en la casa reinaba la armonía, estaban relajados, no como cuándo tienes una relación sentimental con una mujer. Las mujeres los llevaban a los extremos más radicales posibles, tanto en su concupiscencia como en su irascibilidad. Lástima que les atrajesen tanto. No podían vivir con la mujeres, porque les volvían locos, pero tampoco sin ellas, ya que su deseo sexual les haría explotar,  como una bomba de mano tirada contra un grupo de personas encerrada en una habitación de dieciséis metros cuadrados.

Marcos y Antonio llegaron a un trato, mientras compartiesen el piso no aceptarían del otro ningún mal tono de voz. Cada noche, como mínimo se fumarían dos porros y se beberían tres cervezas cada uno, y cada día, individualmente, harían un acto creativo profundo. Esas condiciones no podían faltar, a la que se rompiese una norma impuesta, Marcos se iría de la casa.

A la mañana siguiente, Marcos, salió a buscar trabajo. Fue a todos los bares y restaurantes de la zona a dejar su currículum. Después se dirigió a  todos los comercios de venta de bebidas y alimentos. Quería trabajar moviendo comida, ya fuese preparada o cruda.

Al llegar Antonio por la tarde, Marcos había hecho una escultura con palillos, enganchándolos con pegamento. Tenía diez cervezas compradas, y suficiente marihuana para una semana para los dos. Antonio, le enseñó el diseño de un mueble que había hecho con el programa de ordenador Sketchup…

Los días se fueron sucediendo y la armonía seguía reinando entre los dos, pero Marcos, echaba mucho de menos a alguna mujer. Antonio se le insinuó, Marcos no se dio cuenta, hasta que a la tercera noche, Antonio lo intentó besar. Marcos se alejó de Antonio bruscamente, dándole un fuerte golpe:

  • ¡Joder!, pero que haces, ¿no sabía que te gustaban los hombres?
  • No me gustan, tenía ganas de probar.
  • Joder, yo no, no puedo…
  • Tranquilo, no tengo prisa, pero que sepas que caerás en mis brazos.
  • Me tengo que ir a despejar, luego vuelvo.
  • Voy a liar cuatro porros, por si queremos más de dos.
  • Muy bien, hasta luego.
  • Hasta luego.

Marcos, salió muy angustiado a la calle,  en un bar se bebió tres cervezas, luego se dio cuenta de que en la barra había una mujer que no para de mirarle. Era una mujer de unos treintaicinco años. No era fea pero tampoco destacaba por su belleza. Marcos, no sabía cómo reaccionar, si le dirigía la palabra y en el mejor de los mundos posibles se la llevaba a la cama, quizás, Antonio le echase de casa.

Marcos decidió dejar el local, al salir por la puerta, la mujer se levantó y chocó contra él…

  • Yo te conozco.
  • Perdón, no sé quién eres, ¿Cómo te llamas?
  • Joana, tú eres Marcos, ¿verdad?
  • ¿De qué me conoces?
  • Soy amiga de tu ex, Adriana.
  • ¿A sí?, ¿qué sabes de mí?
  • Sé que eres un toro en la cama, y que has estado recluido en un sanatorio mental.
  • Vamos, te ha contado todo.
  • Para algo sirven las amigas, ¿no crees?
  • Por supuesto.
  • Anda, tómate algo conmigo.

Marcos se sienta, piden dos cervezas más. Marcos, empieza a mirar a Joana con otros ojos… quizás es el efecto del alcohol, o por el contrario  va captando la belleza de Joana mediante va interaccionando con ella.

Marcos cada vez está más pegado a Joana… ella le dice:

  • Pareces un hombre muy necesitado… ¿qué es lo que buscas en la vida?
  • Quiero paz, algo que nunca he tenido, solo paz…
  • Pero es un estado interno, ¿sabes qué va muy bien para encontrarla?, escribir… escribiendo te acercas mucho a tus angustias, alegrías y excentricidades… acercándote a ti mismo conoces tus sentimientos mejor… por lo tanto logras algo más de paz.
  • Sí, pero como dijo algún filósofo, la vida es una lucha de contrarios.
  • Heráclito, el gran Heráclito dijo muchas verdades, pero no todas ellas te las puedes tomar muy en serio.
  • Pues vaya, si no te puedes ni tomar en serio lo que dijo Heráclito, ya me dirás.

Joana le pone la mano en la pierna a Marcos, y observa cuando comienza su erección.

  • Estás muy necesitado y yo te voy a dar lo que necesitas.

Estuvieron una hora y media más bebiendo para acabar follando en casa de Joana. Marcos estaba pletórico, como era normal en él, pasaba del mayor bajón al mayor subidón en poco tiempo, en este momento se sentía atractivo, listo, potente, ligón, y que tenía un discurso propio e individual.

Las ideas las había sacado de viejas lecturas, pero no se acordaba de las lecturas, y se pensaba que eran de cosecha propia.

Cuando una persona vive en una irrealidad como la de Marcos, se vuelve  real, su vida era un cúmulo de acordes y desacordes, no sabía estar espaciotemporalmente en el presente, su vida, con toda su complejidad, estaba destinada al sufrimiento, como la de bastantes personas en este mundo.

Joana, sabía que Marcos no estaba centrado, pero le daba igual, estaba sorprendida y encantada con su compañía.

Las intrusiones en las emociones individuales del otro eran mínimas, lo que buscaba Joana era la risa fácil, el bienestar y una superficialidad inherente a su propia vida. Marcos, cada día se acordaba de Adriana, y pensaba que Joana podría ser su sustituta. Lo ocurre es que reemplazar a personas cercanas es imposible, quizás pueden quedar escondidas en recuerdos no presentes, pero reemplazarlas no se puede, y en cualquier momento dado, pueden reaparecer esas personas que estaban tan bien escondidas.

Joana, por la mañana se fue a trabajar. Marcos, no había dormido en toda la noche, su cerebro trabajaba sin parar. Joana le dijo que se subiese él mismo la medicación para su bipolaridad, que si no lo hacía, podía acabar de nuevo en el centro psiquiátrico.

Marcos, le hizo caso. Pasaron varios días, y Marcos parecía estar más relajado y estable, se había quedado en casa de Joana, su manera superflua de ser, le ayudaba en su estabilidad, contra todo lo que había previsto durante toda su vida, se había enamorada de una mujer vacía y superficial.

Parece mentira que alguien se pueda enamorar en tan poco tiempo, pero Marcos era un hombre necesitado de cariño femenino, su no presencia, ahuyentaba a las mujeres. Parecía que estaba siempre en otra parte, lo que le convertía en una persona de poco fiar. Joana, por el contrario, no necesitaba nada de amor… lo que quería era sexo y desenfreno. Y Marcos, mientras estuviese en su sano juicio, se lo podía brindar. Además, creía que Marcos era una persona a la que podía manejar a su antojo, nada más alejado de la realidad.

Empezaron a verse cada dos o tres días en casa de Joana. Marcos volvió a vivir en casa de Antonio, aunque le molestó la insinuación no tenía dónde ir. Además, él siempre se las había dado de progre, y las tendencias sexuales de una persona, no debían impedir para nada el tipo de relación entre ambos, podían ser buenos amigos.

Antonio, le dijo varias veces que él no era gay, que eso podía suceder, con unas copas de más confundir las situaciones. A lo que Marcos pensó, este está más perdido que yo, no se encuentra, ni siquiera sabe lo que quiere, y yo ideando planes y negocios conjuntos, suerte que los hemos zanjado.

La vida continuaba a un ritmo muy acelerado, Marcos, todavía no había digerido las experiencias presentes, cuando tenía nuevas actividades, situaciones convencionales pero que a él le costaban interpretar. Pero es que acaso ¿se debe interpretar todo lo que ocurre en la vida de uno? Hay cosas que pasan sin más, y no hay una razón palpable para que ocurran, además, las similitudes objetivas entre las experiencias vitales nunca son similitudes anímicas producidas por dichas situaciones.

El correcaminos diario era totalmente mental, porque físicamente vegetaba demasiado, tumbado en el sofá y mirando programas de tv que no le interesaban en absoluto.

El presente imperceptible se volvía pasado instantáneamente. Marcos, no sabía cómo hacer para sentirse persona, alguien que no vive el presente no está conectado con lo que hace, a sea con él mismo en cada instante. Las ilusiones vienen y se van, pero nunca se ha de perder la esperanza de ser y estar cada vez un poco mejor.

Antonio, no le volvió a molestar. Lo del beso lo tenía olvidado, en cambio a Marcos no se le quitaba de la cabeza. ¿Cómo podía ser que una de sus personas de referencia le haya intentado besar?, Antonio era muy superior a todos los que había conocido, incluso a él mismo, ¿y le había intentado besar?, eso era caer muy bajo. Para Antonio, en cambio, fue un trance momentáneo, sin consecuencias palpables, no le daba la mayor importancia.

Marcos, continuó visitando a Joana… para él era la mujer ideal, se había enamorado, pero el hecho de saber que no podía aspirar a nada más simplificaba lo que tenía con ella, le hacía pisar algo más el suelo firme… firme aunque endeble en su firmeza.

Un día Marcos iba caminando por el centro de la ciudad, cuando vio un anuncio laboral en un comercio. Entró a preguntar. Los dueños de la tienda debían estar necesitados de personal, le contrataron, era una tienda de vinilos musicales. Dio la casualidad de que un amigo de bachillerato era encargo de la tienda, al reconocerlo, les dijo a los dueños, que Marcos entendía mucho de música, y tenía vinilos. Las situaciones positivas aparecen en el momento menos pensado, y poco a poco, a Marcos se le iba enderezando la vida.

En el negocio de ventas de vinilos, trabajaban dos personas más. Eugenia y Narciso, ambos eran unos frikis de la música. Conocían muy bien todo lo relacionado con la historia de la música, les interesaba tanto la música negra, jazz, blues, funk, reggae, samba, ritmos afros, como la música clásica, el pop y la música electrónica. Si era música elaborada y atractiva les interesaba, el folk de las diferentes zonas del globo, era un estudio habitual sociológico de ambos, su mundo era la música, dependían de ella, y seguían viviendo por ella, sin la música se habrían quitado la vida hace tiempo.

En este sentido, Marcos congeniaba con ellos, para él, la música era una recarga de energía esencial para seguir adelante.

A los dos meses se fue de casa de Antonio. Antonio al despedirse de Marcos, le dio un profundo beso en la boca, y Marcos contra todo pronóstico no rechazó el beso. Joana seguía siendo importante en su vida, de modo que hicieron una fiesta privada de inauguración del nuevo estudio de Marcos.

Marcos se había comprado una guitarra acústica y una armónica. Iba a imitar a Bob Dylan o a Neil Young. Quería tocar, de joven había acompañado a cantantes con sus guitarras, pero la mala vida le hizo dejar la disciplina artística. Al parar de tocar, se hundió más en la mierda, tocar era lo que le mantenía estable, junta a frases y versos que se le ocurrían, a veces en el metro, otras en el banco de una plaza, pero la mayoría de veces viendo películas de John Cassavettes o escuchando a Led Zeppeline.

Quería volver a la vida, a la luz, después de tanto tiempo en la más absoluta oscuridad. No quería conclusiones precipitadas, pero creía que iba por el buen camino. Se había estabilizado, descansaba bien y tampoco se pasaba gran parte del día durmiendo. Estaba llevando una vida normal, pero realmente ¿la norma es lo mejor para seguir con fidelidad al propio pensar?, ¿las normas y convenciones muchas veces son contraproducentes?

El trabajo le interesaba, y Eugenia y Narciso eran una fuente de inspiración. Vivían en su propia burbuja en la que era complicado penetrar, pero una vez lo hacías, todavía era más difícil salir de ella. Marcos también se estaba convirtiendo en un friki.

Marcos se empezó a obsesionar con la obra de Iggy Pop, era un personaje radical, medio punk… Marcos se sentía totalmente identificado con él, sus composiciones, la fuerza y expresividad de sus letras, ritmos y melodías, le hacían vibrar de forma incontrolada. Creía que con el descubrimiento del artista británico podía volver a su alcoholismo, incluso le pasaba de vez en cuando por la cabeza volver a pincharse. Probar de nuevo la heroína, que aunque no había sido dependiente de ella, la había probado dos o tres veces. Aunque sabía que lo escribió William Borroughs, acerca de la heroína era falso. El escritor estadounidense beat, dijo que para engancharse completamente a la heroína debías estar pinchándote durante un año. Quizás Borroughs quería que el mayor número de personas en USA pasase por las experiencias que él había pasado, era un yonqui de pies a cabeza.

Marcos, de momento no iba a comprar heroína, pero su lado más oscuro estaba floreciendo. Ahora que estaba más estable que durante los diez últimos años, le venían a la mente ideas autodestructivas.

Eugenia y Narciso, observaron de cerca la transformación de Marcos. Sabían que la música puede transportar a cualquiera del cielo al infierno o a la inversa.

Joana seguiría estando presente en su vida durante mucho tiempo, además, tenía planes ocultos que no quería compartir con nadie, relacionados con Adriana, ¿quizás era otra de las mujeres fatales con las que se había relacionado marcos?

Antonio, se distanció demasiado, era una persona que equilibraba la mente de Marcos, pero el impulso que tuvo al ir a besar a Marcos, había hecho que este le cogiese rechazo. Marcos, sabía que rechazar a un hombre porque le quisiese besar era una estupidez, además había aceptado el último beso. La crisis entre ellos no era por estos motivos… que podía esperarse de un individuo tan maniático depresivo, la misma forma de comportarse y actuar que tenía Marcos, en realidad eran almas gemelas.

Joana no sabía las intenciones que tenía con Marcos, le apetecía que se volviesen a encontrar Marcos y Adriana, quizás esperaba protagonizar el ansiado trío con los dos.

La realidad es que Joana no tenía el contacto de Adriana, pero sí de su hermana, sabía que las dos habían sufrido desengaños, y que no siempre se habían llevado todo lo bien que hubiesen querido. Tenía que recordar dónde vivía la Elisenda. Adriana se había desvinculado de Barcelona y su gente, pero debía seguir manteniendo un mínimo contacto con su hermana, Elisenda.

Recordó cuál era su residencia y allí fue.  Elisenda le abrió la puerta. Joana no recordaba toda la magnitud de su belleza. Le flaquearon las piernas y rápidamente se sintió húmeda y excitada. Le vino a la cabeza la descabellada idea de que el trío lo podría gozar con Elisenda y Marcos. No hacía falta intentar reencontrar a Marcos y a Adriana.

No sabía lo liberal que era Elisenda, la vio con las manos sucias.

  • Desde que me abandonó mi marido he de mantener el piso yo sola. Mira estoy desatascando el lavamanos.
  • Quieres que te ayude, yo entiendo bastante de todo esto, antes de dedicarme al periodismo trabaje de mano de obra como paleta.
  • No me digas, nunca había conocido una mujer…
  • ¿Una mujer que se ensuciase de grasa y mierda las manos? Tranquila que yo siempre me las he lavado muy bien, mira huele.

Elisenda le olió las manos:

  • Qué bien huelen.
  • Gracias me lo voy a tomar como un piropo.
  • Pasa, me ayudarás.

En media hora el desguace de la pica tragaba el agua perfectamente. Joana lo había tenido que desmontar, limpiar y volver a montar.

  • Es increíble, ¿no quieres compartir piso conmigo?
  • Por supuesto que quiero.
  • Lo dices en serio, te alquilo una habitación, tendrás total libertad en todos los sentidos.
  • No sabes lo que estás haciendo metiéndome en tu casa.

Elisenda se empezó a reír efusivamente, sacó dos cervezas de la nevera y se las tomaron tranquilamente.

Joana estaba muy excitada, no sabía cómo iba a acabar la tarde. Elisenda puso Songs of Philadelphia de Springsteen, estuvieron hablando del derrumbe psicológico, de la locura, de en lo que debía consistir el bienestar, de la utilidad del dinero pero los problemas que causaba, del arte de Brossa y Tàpies. Todo ello sin profundizar y en una hora. Joana estaba desorientada, ya no sabía si a lo que había ido es a poder tener los datos de Adriana para hacerla coincidir con Marcos, o por el contrario ya no le interesaba y lo que quería era acostarse con Elisenda. La vida es un cambio constante, todo es finito, y la contingencia es la mayor ley que impera en la psique humana. Ella  era otra muestra de ello.

 

Joana nunca había buscado ningún significado en las cosas, pero su estancia en casa de Elisenda le había trastocado en algunos puntos, cómo podía ser que sus intereses fuesen tan cambiantes. Que la mera presencia de una mujer resultante, atractiva, pero siempre dentro de los cánones de la normalidad, le hiciesen apasionarse y excitarse en tan solo un ratito de su compañía.

Marcos se dio cuenta de todos los cambios, se lo tomó mal, siempre que estaba en compañía de Joana le echaba en cara palabras y situaciones de un pasado próximo. Joana, se lo tomaba todo irónicamente, y pensaba, menudo hombre más dependiente, es la miseria de su género, es a lo que el resto de los hombres no se quieren parecer.

Marcos, como no podía ser de otro modo, ideó un plan, no iba a perder a otra mujer, antes correría la sangre. Una tarde siguió a Joana y vio como le daba un beso en la boca a una desconocida, lo primero que pensó es, se estará prostituyendo. Su mente desubicada no podía hacer un diagnóstico más desacertado. Marcos fue hacia ellas, y montó un numerito en la calle.

  • Puta, ¿cobras por ello?
  • ¿Quién es este tarado?, preguntó Elisenda.
  • Un antiguo amante que no ve nada claro.
  • Somos pareja, le dijo Elisenda.
  • Sois unas zorras.
  • No jodas, vete para casa, que aún pasará algo grave, le dijo Joana.
  • ¿Me estás amenazando?
  • En absoluto, veo la realidad de las situaciones, no como tú.
  • ¿Yo lo veo todo diáfano?
  • No jodas.

Elisenda se llevó a Joana cogida del brazo… renegando miraba hacia atrás para ver si Marcos las seguía. Marcos estaba a doscientos metros pateando una papelera.

El plan trazado por Marcos no había salido nada bien. Era una persona inestable, y como tal, fue a un bar y cogió una de sus borracheras más intensas.

En medio de la borrachera  se peleó a puñetazos con un hombre, que como él, estaba solo en el bar, dando la sensación de que nunca más iban a poder beberse una copa.

Llegó la policía, y se llevaron a Marcos y a su adversario en el coche patrulla. Marcos acabó de nuevo en el sanatorio mental. Los psiquiatras le revisaron bien, y negaron que tuviese alguna patología mental. Dijeron que no había recaído, pero aconsejaban que le ayudasen, que le buscasen algo que hacer en el día a día. ¿Cómo podía ser que con la cantidad de problemas psíquicos que tienen los miembros de nuestra sociedad, no hacían nada las autoridades para ayudar a los recuperados a llevar un vida normal, con controles rutinarios de sus estados mentales, y de la forma que tenían de medicarse?

Los policías le dejaron en paz, pero ya le habían fichado al detenerlo. La parte oponente de la trifulca desapareció. Marcos no volvió a saber de él. Tampoco dijo nada a las autoridades de Joana. No quería parecer que lo que había tenido era un ataque de celos, y que su obsesión por Joana le tenía totalmente incontrolado.

Joana nunca supo de la noche  de la pelea, ni tampoco de que Marcos había estado en el hospital unos días. Elisenda, le dijo que hablase con Marcos, que era una persona con problemas, pero al fin y al cabo era una buena persona. Joana le contestó que quizás tenía razón, pero que tenía que dejar pasar unos días, hasta que se enfriasen los ánimos. Finalmente Joana le preguntó a Elisenda cómo podía contactar con su hermana, Adriana. Elisenda le dio su número de teléfono. Joana no sabía si lo utilizaría.

Marcos volvió a pedirle a Antonio pasar unos días con él. Le prometió que en un mes se iría definitivamente de su casa. Antonio le contestó que no pasaba nada, que se podía quedar el tiempo que necesitase.

Marcos, llegó por la tarde con la maleta y solo dos libros que conservaba de las diferentes mudanzas, pero sobre todo de las diversas enajenaciones mentales que había sufrido los últimos años.

Los dos libros eran, uno de sonetos de Carlos Edmundo de Ory, y el otro era una novela contemporánea de Hanif Kureishi, Intimidad.

  • Estos son tus referentes intelectuales, siempre has sido algo libertario, ¿no?, le preguntó Antonio.
  • Por supuesto, es mi columna vertebral, sin mis ideales me hundiría.
  • Y con ellos también te hundes, ¿verdad?
  • Pero no me ahogo. Estoy vivo aunque parezca lo contrario.
  • Vamos a brindar por nuestro reencuentro.

Antonio abrió una botella de Chivas Regal.

  • Esta la tengo reservada para los grandes momentos.
  • ¿Qué ocupen tu casa es un gran momento?
  • Depende de quién la ocupe, por supuesto que es un gran momento.
  • ¿Sabes qué?, nos la vamos a acabar, pero luego no me intentes besar.

Los dos se rieron, y con facilidad fueron recordando el pasado. Sus adolescencias unidos en las ferias de las fiestas mayores de Sants. Las noches locas, con alcohol, drogas y mujeres, incluso los recitales de poesía de su amigo común Pere.

  • Por cierto, ¿qué es de Pere?, preguntó Marcos.
  • Sigue como siempre, él sin la cultura no es nadie, como tú con tus ideales.
  • Es que todos somos calcados, necesitamos algo en lo que olvidarnos del mundo, ¿en ti que es?
  • En mi nada, bueno sí, el sexo, contesta Antonio.
  • No jodas, que me asustas.
  • Me ha quedado claro que no quieres nada conmigo.
  • Eso espero, aunque ahora no huiré corriendo, no tengo dónde ir.
  • Estás atrapado a mi casa, encadenado.

Ya han bebido el tercer whisky on the rocks, los coloretes se les aparecen, suena de fondo Tina Turner, de la que Antonio es un fan. La tarde noche continua, y la camaradería aparece en todo momento.

Antonio está cada vez más contento a causa del alcohol, Marcos supera el índice de alcoholemia de su sangre para poder conducir. Sacan jamón, queso y olivas para picar. Ahora le toca el turno a Leonard Cohen, los dos cantan el Aleluya del cantante y poeta. En un momento dado se empiezan a besar, acaban en la cama de Antonio revolcándose.

Por la mañana se despierta primero Marcos, está totalmente descolocado, recuerda al detalle toda la noche, no se lo puede creer. Cuándo se despierta Antonio, Marcos le dice que de lo que ha pasado no expliquen ni una palabra. Antonio se ríe.

  • Tranquilo, no pasa nada. No quiere decir nada, te gustan las mujeres, ¿verdad?
  • Claro que sí, me dan un morbo.
  • Pues disfruta de la vida y punto, ¿no crees?
  • ¿No opinas que debería irme a vivir a otra casa?
  • No pasará nada que no queramos que pase.
  • ¿Seguro?, anoche no quería que pasase lo que pasó.
  • ¿Seguro?, estabas ardiente.
  • Cabrón.
  • ¿Qué quieres de mí?
  • Que te relajes y que vivas la vida.
  • Lo intentaré, aunque no es fácil.
  • Vámonos a desayunar al bar Pepe.
  • Anda vamos.

Marcos estaba desorientado, no sabía por qué había ocurrido aquello. Era la primera vez que se había acostado con un hombre, y el recuerdo que le había dejado no era malo. En el bar se sentía hambriento. Se pidió un bocadillo de bacon con queso, y una cerveza.

  • Menudo desayuno, comentó Antonio.
  • Es lo que mejor me va para pasar la resaca.
  • Una pregunta, si pudieses borrar algo, ¿qué borrarías de anoche?
  • ¿Todo?
  • En serio, no sé qué me pasó, pero yo no…
  • Tranquilo, ya lo sé, tú no eres ese tipo de personas.
  • Por supuesto, ha sido un error.
  • Sabes lo que podemos hacer, desayunamos y después nos vamos a la playa.
  • ¿Vamos a la playa de Marbella?

Eso hicieron, y en la playa se quedaron los dos dormidos, cuándo Antonio se despertó, vio que le habían robado la bolsa que llevaba, en ella había una cámara de fotografiar compacta, y trescientos euros. Antonio resignado se volvió a dormir. Cuando Marcos se despertó, estaban los dos rojos y quemados por el sol, se levantaron, Antonio le explicó a Marcos que le habían robado, y fueron a beber algo a un chiringuito, de camino, Marcos cogió un bolso que estaba encima de una toalla en la que no había nadie.

  • ¡Qué haces, Marcos!
  • A esto se le llama, ojo por ojo y diente por diente, es justicia divina.
  • ¿Tú crees un Dios?
  • Nada más lejos.
  • Anoche creía que lo eras…
  • Cállate ya, ¿quieres?

En el bolso había mil euros.

  • Mira lo que hay dentro, dijo Marcos.
  • Deberías volver y dejarlo sobre la toalla.
  • Una mujer que deja solo un bolso en la playa con mil euros no debe estar demasiado necesitada, en cambio yo…
  • Pero no es tuyo.

Llegaron a la terraza del bar, Marcos exclamó, ¡invito yo!, pidieron dos gin tonic y unas patatas bravas. Estaban callados, observando a todos los turistas que pasaban.

  • Me gustaría ser siempre turista, dijo Marcos.
  • Está al alcance de muy pocos. Además, debe ser agotador.
  • ¿Sabes lo que ocurre?, que hay gente con alma de currante, y otra de vividora.
  • Espero que tú tengas alma de currante, porque si no puedes caer en la indigencia.
  • Lo sé, me da mucha rabia.
  • Soy y seré toda la vida camarero, aunque a mí lo que me gusta es el arte.
  • Pero puedes ser artista en tus ratos libres.
  • Cuando ya no tenga fuerzas para nada, porque me he pasado el día corriendo en un restaurante.
  • Eres tan negativo, con qué hombre me he juntado.
  • Oye, que no estamos juntos.
  • Eso ya se verá.
  • Me das miedo, has puesto una cara tan maliciosa.
  • Soy lo que ves que soy, una persona tan necesitada como cualquier otra.

Siguieron hablando y bebiendo gin tonic sin parar. Luego fueron a casa de Antonio, done se volvieron a meter en la cama juntos.

  • Eres un hombre ardiente, Marcos.
  • No me conozco, no sé qué me pasa.
  • Que te estás enamorando.
  • No me digas, ¡eso crees?
  • ¿Qué puede ser sino?
  • Mira, yo he pasado de todo, pero esto no me lo imaginaba, he de asimilarlo.
  • Tienes tiempo para hacerlo.
  • Esta noche he quedado con Joana.
  • Pero, si no te quería ver más.
  • Hemos de cerrar nuestra historia de la mejor manera posible, ella estará con Elisenda, ¿quieres venir?
  • No sé si debo, además, tengo trabajo, más tarde te lo confirmo.
  • Me voy a dar un paseo, necesito airearme y ver las cosas más claras.

Marcos, salió de la casa de Antonio, iba directamente a encontrarse con Joana. No sabía cómo iba a reaccionar cuándo la viese, ¿se excitaría o le dejaría indiferente?, lo que tenía claro es que no quería estar tan cerca de Antonio. Se habían enganchado sexualmente, parecía que se necesitaban, pero en realidad, lo que Marcos ansiaba era una satisfactoria relación heterosexual. No sabía si se volvería a acostar con Antonio, pero le daba lo mismo, no le preocupaba.

Marcos, estaba decidido a estabilizarse totalmente. Quería trabajar y ser autónomo, quería poder decidir con quien se acostaba y con quién no. Ahora, como estaba tan necesitado de cariño, lo hacía con quien estuviese dispuesto. Luego, quizás crecían sus sentimientos, pero en un primer momento, no era la persona con quien se acostaba lo que más le gustaba. A él le atraían mujeres que eran imposibles de conseguir, y quizás, hombres que nunca se fijarían en él. Sus días y noches de pasión con Antonio, le habían sentado bien. Había probado un sexo diferente y le había gustado, pero realmente quienes más le excitaban eran las mujeres con clase, cultas y bonitas. Pero, de momento no había conseguido ninguna. La que estuvo más cerca de serlo fue Adriana. Pero ahora estaba lejos y también era inalcanzable.

No se había dado cuenta de que Joana había querido juntarlos. Todo lo quería hacer para satisfacción personal. Pero si alguna vez lo conseguía, Marcos se lo agradecería eternamente.

Joana y Elisenda, seguían viéndose. Pero ya no tenían una relación tan intensa como durante las semanas pasadas. A Joana, de nuevo, le interesaba hacer el trío con Adriana y Marcos. Elisenda cómo le facilitó los datos de su hermana Adriana, Joana la llamó:

  • Hola Adriana, ¿qué tal estás?
  • Bien, ¿quién eres?
  • Soy Joana, te acuerdas de mí, en la facultad, también soy muy amiga de tu hermana Elisenda.
  • Sí, me acuerdo, ¿Qué tal estás?
  • Yo, bien, muy bien, pero Marcos te necesita.
  • ¿Por qué me necesita?, Marcos está enfermo, no quiero involucrarme en su drama.
  • Está estable, lo que ocurre es que no puede dejar de pensar en ti. Quiere despedirse como dios manda.
  • Yo vivo en París. Lo sabéis, ¿no?
  • Por supuesto, nos podemos ver los tres en Barcelona o en París. Cómo tú prefieras.
  • Déjame pensarlo, es una decisión que no puedo tomárla a la ligera.
  • Vale, espero tu respuesta.
  • Vale, hasta pronto.
  • Hasta pronto.

Adriana, sentía que tenía una deuda con Marcos, si no hubiese sido por él, quizás todavía estaría con su ex marido y no habría podido vivir todas las experiencias vividas en París y Medellín.

 

 

 

 

 

 

  1. Reencuentro.

Marcos, no sabía nada de lo que pretendía Joana… pero le hubiese gustado saber que faltaba poco para que volviese a ver a Adriana.

Joana, estaba siempre pendiente de él, miraba que no le faltase de nada, cada mañana le telefoneaba para que no se durmiese y llegase a la hora a su trabajo… le hacía tapers de comida para toda la semana. Se los metía en el congelador, y llevaban una hoja enganchada en la tapa describiendo su contenido. En fin, Joana, estaba haciendo de mamá. Pero una mamá nunca hará un trío sexual con su hijo y una amiga, a no ser que esté un poco desquiciada.

Marcos, por su parte se dejaba atender, estaba contento. Ya no veía a Antonio, la marcha de su casa significó el final de su relación. Habían sido amantes pero nunca se  enamoraron el uno del otro.

Joana, ya tenía casi atado el plan. Adriana iba a volver a Barcelona en dos semanas, e iría con Joana a visitar a Marcos… iba a ser el regalo del cumpleaños de Joana, una tarde junto a Adriana. Joana, creía que marcos se lo iba a agradecer eternamente. Todavía le quedaba un poco de su antigua obsesión por Adriana. Joana no sabía cómo saldrían las cosas, pero quería arriesgarse, su ansiado trío sexual se acercaba, ¿iba a cumplir su ansiada fantasía?

Marcos, hacía dos meses había entrado a trabajar en un despacho de arquitectura, como sabía mucho de diseño, le encargaban plasmar los diseños que los reputados arquitectos componían, era un despacho con reconocimiento internacional, y Marcos, se estaba impregnando de su sabiduría, incluso tenía ganas de entrar a la facultad de arquitectura y sacarse el grado, nunca es tarde para renovarse, tanto espiritual como materialmente.

Los instrumentos sociales nuevos que poseían, y sus voluntades,  les llevarían forzosamente al éxito. Marcos, se estaba convirtiendo de ser un hombre débil e inestable a ser una persona segura de sí misma. Pero el trayecto para lograrlo era duro.

Joana, creía que su plan estaba a punto de llevarse a cabo. Adriana, estaba receptiva, en un principio, para ella, el pasado solo era pasado, y lo tenía olvidado. No formaba parte de lo que era ella en estos momentos. Pero el razonamiento de Joana era, si el pasado lo tiene olvidado, significa que no le afecta, por lo tanto el trío es posible, es más, conociéndolos y sabiendo el deseo que les consume día a día, el trío es un hecho.

Adriana, no sospechaba nada, creía que Joana lo que quería era arreglar las cosas, que Marcos y ella, pudiesen volver a hablar, a aportarse mutuamente todo lo que cada uno poseía interiormente, que era mucho.

La poesía reinaba en el ambiente, era una poesía extrema, cada personaje tenía sus propios intereses pero en algún punto convergían los tres.

Marcos, soñaba y fantaseaba con la idea de volver a ver a Adriana. Joana, le había explicado que era posible que Adriana viniese a Barcelona, y que quería organizar un encuentro de los tres. Marcos, creía que primero debían hablar Adriana y él. Tenían que descubrir cuál era la mejor manera de relacionarse a partir de ese instante.

Las ilusiones vienen y se van. Marcos estaba pasando un buen momento, estaba estable, incluso creía que había conocido qué era vivir conforme a la ética aristotélica que no es otra que vivir en el punto medio, sabía que los extremos no le beneficiaban, por lo tanto, su estado actual era un privilegio, firmaría por estar siempre así.

Pero el reencuentro con Adriana, que cada vez estaba más próximo, le inquietaba. Sabía, que cuando la viese, iba a revivir muchos puntos trágicos de su absurda vida. No sabía cómo lo afrontaría, pero tenía que intentar mirar las situaciones que se diesen, con perspectiva. Nadie es igual en dos momentos diferentes de su vida, incluso en dos días seguidos de la misma semana. Por lo tanto él podía cambiar, e intentar ser dueño de la situación. Manejarla a su antojo y en beneficio propio.

Adriana, al principio se mostró muy reticente ante la propuesta de Joana, pero con el paso de los días recapacito y empezó a opinar de las situaciones de diferente manera. La siguiente vez que habló con Joana por teléfono, estaba alterada y le dijo:

  • Mira Joana, yo, aunque no te lo creas, soy una mujer respetable, se valorar las cosas buenas de mi vida aunque no hayan acabado bien. Marcos puede estar todo lo enfermo que tú quieras, pero a mí me hizo valiente, con sus ideas libertarias, y su modo de vida, me hizo ser valiente para abandonar a mi ex, sabes que me pegaba, ¿verdad? La vida da muchas vueltas, al principio, cuándo me ofreciste volver a ver a Marcos, pensé, esta mujer está tan loca como él, ¿cómo lo voy a volver a ver? Pero, luego, quiero, quiero volver a verlo, saber cómo está, volver a reírme con él…

Lo entiendes, ¿verdad?

  • Por supuesto que lo entiendo, tomémonos unas semanas y luego concretamos cuando organizamos la cita.

Adriana, sabía cuánto se arriesgaba, no quería volver a sufrir a causa de los hombres. Sus intenciones solo eran egoístas, se quería sentir mejor, y retomando el contacto con Marcos, le podría ayudar… la mayoría de los filántropos son egoístas. Adriana se estaba convirtiendo en una filántropa tan egoísta como la que más.

A Joana el perverso plan, le estaba saliendo a la perfección. Marcos estaba entusiasmado con el reencuentro, la vida solo da un segunda oportunidad, y esta era la suya, o eso creía.

En el estudio de arquitectura, poco a poco, fueron escuchando con más interés sus opiniones. Marcos, estaba muy contento trabajando allí. Un día el director del estudio le dijo a Marcos que debían hablar.

  • Marcos, tienes un don natural para el diseño y la arquitectura.
  • No… sí, en serio.
  • Claro, y lo has de aprovechar tú, y lo hemos de aprovechar nosotros.
  • Me parece muy bien, pero… lo estamos aprovechando, ¿no?
  • Sí, sí, estás haciendo un gran trabajo, pero a lo que me refiero, es que estamos dispuestos a pagarte la mitad de unos estudios superiores de arquitectura. ¿tú estarías dispuesto a invertir y pagarte la otra mitad?
  • Por supuesto.
  • Pues, como sabíamos que te gustaría la idea te hemos matriculado. A ocho asignaturas, por las mañanas trabajaras con nosotros y por las tardes estudiarás.
  • No sé cómo agradecer todo lo que están haciendo por mí.
  • No nos trates de usted.
  • Bueno, gracias.

A Marcos, se le estaba enderezando la vida. Ahora debía cuidarse, no caer en los excesos, tan perjudiciales para él, y trabajarse una vida de duro trabajo, pero llena de satisfacciones.

Joana, al enterarse de las nuevas noticias, de que Marcos había ingresado en la facultad de Arquitectura, estaba entusiasmada, inmediatamente llamó a Adriana y se lo contó. Quería que se diese cuenta del cambio de Marcos, se estaba convirtiendo en un diseñador intelectual y creativo.

Adriana se sorprendió, ¿era el mismo Marcos con el que había mantenido una relación de amantes y de alcoholismo? Sí que lo era, ella a partir de ese momento había cambiado y rehecho su vida en parís, mientras que Marcos ingresó en el centro psiquiátrico, pero que con un poco de tiempo se había enderezado, y parecía que el éxito llamaba a su puerta, él solo tenía que abrirla, y parecía que estaba totalmente capacitado para ello.

Adriana, confirmó a Joana que dentro de un mes viajaría a Barcelona, y que quería tener la cita con Marcos.

Joana, de momento, no le iba a anunciar nada a Marcos, ya que quería que se estabilizara económicamente, y que psicológicamente estuviese todavía más fuerte. La subida era un hecho, y como todos sabemos una subida muy prolongada y sin descanso agota, e incluso puede sentar mal. O sea, que debían tomárselo con calma, la paciencia es la amiga de la ciencia, y eso Joana lo tenía claro.

Joana, parecía una filántropa, pero todo lo que estaba haciendo era para beneficio propio, quería un rato de éxtasis placentero con los dos, aunque no podía evitar que aflorasen sentimientos hacia ellos en su corazón. Si acababa queriéndolos más de la cuenta, ¿sería capaz de hacer el trío sexual?

Marcos, andaba subido a una nube que de momento no amenazaba con tormenta. Sabía estar en el despacho, se codeaba de tú a tú, con los grandes arquitectos que dirigían el despacho. En la universidad le iba muy bien, de todos los exámenes y trabajos obtenía de las notas más altas, parecía mentira que tantos años de excesos, y la propia enfermedad que padecía, no hiciesen mella en sus aptitudes intelectuales. Quizás la enfermedad no era tal. Quizás el diagnóstico recibido por los psiquiatras hace años fuese erróneo, el tiempo lo diría, el tiempo lo aclara todo, solo hacía falta esperar.

Marcos, ahora ya, se replanteaba la vida, quería situarse en el sitio que se merecía. Pronto sería arquitecto y su creatividad cada vez era más libre. Empezó a dibujar, y en poco tiempo se puso a pintar en lienzos, sus figuras imaginarias encandilaban a todos los que las miraban, más de una persona le dijo que podría ser un gran ilustrador de libros. Marcos, cuando le hicieron el comentario, le hizo gracia. Pensaba, hace unos años, nadie hubiese apostado por mis aptitudes… ahora, en cambio, soy una persona creativa, incluso un intelectual, que contingente es la opinión de las personas, por no creer, no creo ni en mi madre.

Joana, estaba entusiasmada con el cambio de Marcos, faltaban apenas dos semanas para que se reencontrase con Adriana. Marcos, estaba un poco nervioso. Algo normal, después de las experiencias vividas junto a Adriana. Quizás era la mujer a la que había querido más. Por el reencuentro no podían aflorar, de nuevo, sus sentimientos, eso le alejaría al instante, y si afloraban, debía disimularlo inmediatamente. Lo que ocurre, es que una mujer se puede dar cuenta de lo que siente un hombre y sus deseos…

Joana, andaba teniendo fantasías por la calle. Muchas noches se despertaba al tener un orgasmo, estaba excitadísima por el inminente trío del que iba a gozar con Marcos y Adriana. A Adriana la deseaba intensamente, desde que las dos coincidían cuando iba a visitar a su hermana Elisenda a la casa en la que convivían después del accidente de tráfico mortal sufrido por sus padres. La veía tan madura, tan serena, tan atractiva, que cada vez que se la encontraba en su casa se humedecía sin poderlo remediar. Elisenda, se daba cuenta de lo que le sucedía a Joana con su hermana. Le hacía gracia, y lo mínimo que podía haber hecho hacía ya tres meses, era pasarle su contacto en parís.

La vida se iba sucediendo sin pausa, los altibajos emocionales eran sinónimo de estar vivos. Marcos, aunque sabía que siempre iba a estar limitado por su pasado, como todo individuo, se empezó a tomar la vida con más ligereza, ya no le importaba tanto si en un mes no echaba un polvo, ni el qué dirán dependiendo de sus actitudes particulares. No era un importaculismo radical, en todo caso era sano. Si no se es un poco sinvergüenza en este mundo se sufre.

Marcos, antes de ver a Adriana, quería quedar varias veces por semana con Joana y con Antonio, que lo había vuelto a ver. Así no daría la sensación de estar tan desesperado sexualmente como lo estaba siempre.

Las incisiones mal resueltas en unas ánimas siempre en potencia, pero que Marcos estaba logrando actualizar en gran medida, era el motivo de su alza. Marcos empezaba a vivir en el aquí y el ahora, cosa que cuesta mucho. Aunque la mayoría de gente sea incapaz de vivir en el presente, él era autodidacta en el tema y sus soluciones momentáneas a todo lo que le sucedía era mirarlo con perspectiva. Se había pasado la juventud visitando psicólogos, y ninguno le sirvió de nada. Todo lo que había aprendido de él mismo había sido por su propio trabajo.  Por su sudor y esfuerzo, y un empeño a prueba de todas las contrariedades que se había encontrado a lo largo de su vida.

Marcos, lo que quería, era conjuntar sentires dispersos, hacer una cama redonda de sentimientos, de momento tenía cerca tres personas, mejor dicho una y media… Joana, Antonio, y la media era la gran Adriana, que había accedido a volver a verle. Cuántas sorpresas da la vida y qué traicionera es a veces, en cambio otras si llevas firmes las riendas la puedes controlar y que no se desboqué como un caballo en estado salvaje.

Marcos visitó a Antonio, notó que estaba diferente, distante y triste.

  • ¿Te pasa algo?
  • No, solo estoy cansado.
  • ¿De qué?
  • La vida, la contradicción interna de la vida.
  • Ya sabes, la vida es una lucha de contrarios, ya lo hemos hablado otras veces.
  • Pero esa lucha de contrarios me está consumiendo, ya no sé qué quiero.
  • Y… ¿Quién lo sabe con seguridad?
  • Tú lo estás empezando a saber.
  • Venga, tú siempre has sido un tipo seguro.
  • Hasta hace poco tiempo yo te daba seguridad, ahora me la tendrías que dar tú a mí.

Acabaron los dos follando en la cama, luego se durmieron. Al despertar, Marcos dijo:

  • Esta es la seguridad que querías que te diese, ¿verdad?
  • Por supuesto, has caído en la trampa.
  • Cabrón, porque me gustas, que si no…

Marcos se fue a casa no tenía que trabajar hasta la tarde. Debía presentar a unos clientes el diseño de una biblioteca. Los clientes eran el ayuntamiento de Barcelona. La propuesta que les iba a mostrar era arriesgada. El ayuntamiento,  si apostaba por el proyecto debía hacer grandes inversiones. La biblioteca era amplia con un interior minimalista, y un exterior de hormigón, dónde las figuras geométricas eran claras y se podían separar fácilmente unas de otras con la mente. Había espacios de juegos infantiles, biblioteca infantil, sala para los ordenadores, otras tres salas para conciertos y eventos culturales. No le faltaba nada, era un macro proyecto  que podía lanzar a Barcelona más hacia la ciudad de la cultura que pretendía ser, si no es que lo es ya.

Se pasó la mañana preparando la exposición, cuando le llamó Joana:

  • ¡Ya tengo fechas!, Adriana estará aquí en una semana.
  • ¿Y cuándo nos reuniremos para cenar?
  • El segundo día de su estancia.
  • ¿Dónde?
  • En mi casa, es más íntimo que ir a comer a un restaurante, ¿no?
  • Por supuesto… eres increíble, ¿sabes Joana? Creía que no volvería a ver a Adriana y mira lo que has conseguido.
  • Hemos conseguido.
  • Has conseguido.
  • Tírame todas las flores que quieras, pero en el fondo lo he hecho por egoísmo.
  • Seguro… no me lo creo, eres la mujer más maravillosa que he conocido.
  • Eso se lo dices a todas.

Marcos estaba eufórico, lo que no le convenía para la exposición de su proyecto.

Durante la exposición de su proyecto arquitectónico sostenible, fue encontrándose cada vez mejor, la situación la tenía clara, debía convencer a los clientes para que compraran su producto, que no era otro que su diseño.

Marcos, había estudiado incluso los posibles fallos técnicos que podía tener una construcción como la que proponía. Marcos sabía que era una arquitectura totalmente funcional. Qué iba a ser la biblioteca de referencia de Barcelona, tanto por amplitud, como por comodidad y atractivo. Después de presentar el proyecto, a las dos semanas los representantes del ayuntamiento de Barcelona y la jefa de urbanismo, dijeron que querían esa construcción en la ciudad. Querían firmar el contrato cuánto antes, no debían esperar ni un minuto más y le aseguraron a Marcos, que desde el momento de la firma del contrato, comenzaba la cuenta atrás, que tanto él como ellos debían trabajar unidos por hacer de Barcelona una ciudad más atractiva, una ciudad indispensable para el turismo internacional y los proyectos como el que les había propuesto lo afianzaría más.

El trabajo era duro, rápido, pero muy racional y pensado profundamente. Incluso, Marcos, llegó a pensar que no podría quedar  con Adriana y Joana… estaba colapsado de trabajo, y la diversión, parecía, que no tenía su espacio en la vida de Marcos.

Lo que hizo es hacerse un horario estricto de despacho, las horas que pasase allí, trabajaría a un ciento cincuenta por cien… no descansaría, su concentración debía ser absoluta. Cuando cada día acabase su jornada laboral, no iba a trabajar nada más. Las horas que le quedasen libres, por la tarde, serían de diversión.

Joana, lo fue a ver a su casa un miércoles por la tarde. Estuvieron tomando cervezas. Joana, trabajaba como dibujante en películas de animación y de cómic y había llevado un bloc de bocetos. Quería saber que le parecían los dibujos, quería que fuesen los personajes de un nuevo cómic. A Marcos le parecían buenos trabajos, ahora, Joana, debía componer la historia.

Acabaron follando sobre la mesa, y más tarde con Joana apoyada de espaldas en una mesa, y Marcos sodomizándola salvajemente. Cuando acabaron, Joana se despidió sin ninguna muestra de cariño. Marcos se quedó sorprendido. Joana, siempre había sido muy cariñosa después del coito. ¿No estaría bien anímicamente?, algo le había pasado, no era la de siempre.

Marcos salió a la calle para alcanzarla, y se la encontró en el bar de la esquina bebiendo un JB con hielo.

  • ¿Qué te pasa cielo?
  • ¿Algo pasa?, dímelo.
  • Ayer, dos mierdas me violaron.
  • Lo has denunciado.
  • ¿Por qué?
  • No sé si me violaron, estuve coqueteando en un bar, pero no quería nada más, cuando salimos del bar no había nadie, y allí me follaron.
  • Tú eres tonta, coquetear no quiere decir que tenga que acabar en sexo, es una puta violación, ¿quiénes eran?, ¿cómo se llamaban?, les voy a buscar.
  • No sé cómo se llamaban, además creo que no vivían en la ciudad, ni siquiera en Cataluña.

Fueron a casa de Joana, descansando se durmieron acurrucados en la cama.

La vida tenía dos polos para Marcos, el del deber y el del placer, pero en estos momentos el del deber se estaba convirtiendo en placer. Su trabajo, lejos de ser una carga, como lo era cuando trabajaba de albañil, le divertía, se sentía alguien, antes era una no persona.

El placer es algo que cuando se consigue genera otras situaciones de placer, por ello los grandes hedonistas de la historia han vivido por y para el placer. Lo mismo ocurre con el sufrimiento, una persona que está acostumbrada a sufrir, no puede salir de él. El sufrimiento causa dependencia. Ser dependiente a sufrir día a día incluso puede producir cierto tipo de placer, he ahí donde aparece el masoquismo.

Hay muchas personas masoquistas. Marcos estaba pasando de ser masoquista a ser hedonista. Lo que es muy difícil de conseguir. Muchos en el intento han perdido la vida. Marcos casi fue uno de ellos.

Joana, debía ir a trabajar, tenía asuntos laborales que cerrar. Marcos, empezó a hojear  libros de arte y poesía, investigando cuál debía ser la alimentación de Joana, sino cómo se iba a conservar tan bien. A un lado, en el estudio habían unas mancuerdas. Claro, debe pasarse el día haciendo ejercicios, pensó Marcos. Por último le fascinó el gran número de vinilos que tenía Joana, había algo de funky, blues, jazz y folk americano…

Puso a John Lee Hoocker, y se sirvió una gran taza de café.

  • Con esta pareces bajar hasta el infierno.
  • Yo creo que algunos bluesman han hecho un pacto con el diablo.
  • Si no fuese así no podrían tocar como lo hacen.
  • Esta gente había sido esclava. Era gente necesitada, privada de libertad, a algunos les volvía peligrosos y violentos.
  • Además era gente con una gran sensibilidad.
  • Es una música expresionista.
  • Bueno, has de irte a trabajar, pues adelante, yo me quedo disfrutando del viejo John.

A media mañana, Marcos salió de casa de Joana, iba sin rumbo fijo, observando y estudiando edificios que generalmente pasan desapercibidos.

Marcos, era un arquitecto, que seguía minuciosamente la evolución de sus obras. Aunque no se hubiese graduado en la especialidad de arquitectura, iba a terminar lográndolo, en las clases muchas veces ponía en aprietos a los profesores. Marcos, además de ser un técnico haciendo planos y maquetas, era también todo un artista. Él era o iba a ser un expresionista en el ramo de la arquitectura. Joana, cada vez estaba más convencida de que su amante tenía un gran potencial, que podría hacer en la vida lo que quisiera, y ya lo estaba logrando. Así se lo transmitió a Adriana, que no podía creer la evolución de Marcos. Aunque bien mirado, la evolución de Marcos y la suya propia como fotógrafa eran similares, la línea ascendente debía tener el mismo tipo de desnivel.

Adriana, finalmente, confirmó que había comprado billetes de ida y vuelta a Barcelona, en una semana. Cuando Marcos se enteró, le dio miedo, angustia. De alguna manera estaba reviviendo su estancia en el sanatorio mental. Todo lo que propició que acabase allí recluido, preso. Desde que salió del sanatorio se había leído ya tres veces La historia de la locura de Foucault.

Sabía que la gente como él era necesaria para esta sociedad humanitaria y altruista. Y una mierda, pensaba, de humanitaria y altruista, nada. La gente se mueve por su propio interés. Nadie regala nada, ni siquiera los propios padres regalan nada.

El proyecto se había comenzado a construir. La biblioteca, iba a emerger de la nada, como un hongo, debido a la avidez de cultura de una ciudad inculta. De una ciudad que desaprovechaba oportunidades como aquella para abrir su perspectiva visual de un mundo en el que cada vez más gente sufre y pasa sin haberlo querido  por el sendero de sufrimientos que es la vida.

Que hay también algunas alegrías, seguro, si no ya nos habríamos extinguido. Las personas a lo largo de la historia de la humanidad se habrían quitado del medio sin ningún remordimiento.

Joana, también estaba tensa. Había propiciado el encuentro entre los tres. Pero, ahora no sabía si realmente quería meterse en la cama con los dos a la vez. Quizás se quedaría defraudada ante unos amantes que no la mirasen, o no supiesen estar a la altura de la situación.

Marcos, estaba bien dotado sexualmente. Controlaba su orgasmo como quería, sabía hacer gozar a una mujer. Pero estando con dos a la vez que se lo están montando es diferente, el grado de morbo y excitación se incrementa mucho, y el control sexual es más difícil tenerlo.

Adriana viajó en avión un sábado por la mañana, al mediodía estaba reconociendo sus antiguas calles de Barcelona… los lugares en los que quizás más había sufrido durante su vida. Esperaba no encontrarse con su exmarido, la peor persona que había conocido. La eclipsó y durante el tiempo que estuvieron juntos, Adriana, ni se auto reconocía. Había sido una relación destructiva y destructora, pero como demostró Adriana, ella era una mujer con resiliencia.

Andó las calles cercanas a Marina, el Borne y el Gótico, el Raval y Poble Sec. Se pasó horas caminando, y cuándo ya se encontraba exhausta llamó a Joana.

  • Hola Joana, estoy en Barcelona, llevo cinco horas caminándola… quiero volver a hacerla mía pero bajo otra perspectiva.
  • ¿Dónde estás?, que voy a verte en un momento…
  • Estoy en el bar del Convent de Sant Agustí.
  • En media hora llego.

Adriana la esperó leyendo una obra teatral de Harold Pinter. Engaño era su título. La obra se metía en la personalidad de tres protagonistas que estaban directamente involucrados en una infidelidad. La obra, a Adriana, le parecía una obra maestra. Además, se notaba que Harold Pinter había sido un hombre con conocimiento… conocía a la perfección el lado más oscuro de las personas. Las partes irracionales que tanto asustan a algunos, o mejor dicho, a muchos.

Llegó Joana al bar.

  • Hola, Joana, me sorprendes, para ti no pasan los años.
  • No me digas, tú también estás muy bien, tienes una expresión con tanta vitalidad… ¿cómo lo haces?, yo estoy todo el día agotada.
  • Tú… agotada… si eras la reina de la seducción y el percance.
  • Mentira, todo eso son leyendas urbanas.
  • Lo sé… incluso te acostaste con mi ex.
  • Que resultó ser un cabrón.
  • No sabes cuantas veces me pegó hasta hacerme sangre.
  • Le tendrían que cortar los huevos… a ver si sigue tan valiente.
  • Eso, eso, ¡qué le corten los huevos!

Se pidieron dos copas de vino, y cuatro empanadas argentinas especialidad de la casa. Para Joana, el encuentro no podía haber empezado mejor.

Adriana, sentía que Barcelona no era su lugar. Las vivencias que había pasado en la ciudad, las tenía tan lejanas, que parecía que hubiesen sucedido en otro mundo. El pasado, para ella, era solo pasado, y no quería que le afectase el presente. El corte transversal entre pasado, presente y futuro era un hecho. Si el pasado no afectaba su presente, su presente tampoco podía afectar a un futuro cuando se hiciese presente. Parecía que sus ideas racionales eran de una verdad aplastante, pero muchos piensan que no es así, sino que el pasado, pasado está, y el futuro está junto al presente.

Joana, en cambio, solo vivía por y para el presente. No le importaba nada más, ni meditaba en nada que se saliese de la media hora siguiente a la que estaba pasando. Había ideado un plan de futuro con su preparación para hacer el trío sexual con Adriana y Marcos. Pero eso solo era una fantasía, y cómo tal podía ocurrir ahora o en un rato más o menos prolongado. No estaba haciendo planes de futuro sino de presente.

Parece toda la explicación algo paradójica, pero se basa en la forma de sentir de los personajes.   Y como tal, también diré que Marcos solo pensaba en el futuro, todo él era ilusiones, sin ellas probablemente estaría otra vez en un sanatorio mental.

Las personas son activas, y ello normalmente depende de los estímulos y las ilusiones que se tengan, pero todo ello no podría tener lugar sin tener en mente, irracionalmente, un futuro bueno y mejor.

Durante la semana siguiente iban a encontrarse los tres, finalmente iban a cambiar de escenario. El lugar elegido para el encuentro era el estudio de Marcos.

Adriana tenía un poco de miedo, a ver si por los recuerdos y la reminiscencia Marcos iba a entrar de nuevo en una locura prolongada y violenta. Pero Marcos era una persona diferente, tenía proyectos que le ilusionaban y Adriana ya no era la única mujer que se podía fijar en él. Era un hombre autónomo y fuerte, decidido y con confianza en sí mismo.

Marcos, estuvo pensando el menú de la cena durante toda la semana. Al final se decidió por un salmorejo de primero,  y cogote de merluza a la Santurce acompañado de patatas panadera. Eran unos platos con los que iba a triunfar. Su seguridad en la cocina era total. Su trabajo de diseñador y arquitecto le había hecho ser mejor también en la cocina. Le había organizado la mente, antes la tenía desorganizada y anárquica.

Dos días antes fue a comprar todos los productos y compró también cuatro botellas de vino blanco del Penedés, y dos tintos Azpilicueta de la Rioja.

Adriana, cada día que pasaba estaba más tensa. La relación que habían mantenido Marcos y ella había sido trascendental para los dos. Había sido un simpas hacia una vida mejor para cada uno de los dos. Marcos había tardado más en salir airoso del simpas, pero ahora su ascenso era meteórico, con un ritmo acompasado y veloz.

Llegó el día, Marcos estaba en su casa con la cena preparada, bebiendo una cerveza. Al entrar Adriana y Joana en Marcos se sentía inseguro. Adriana, se le tiró al cuello y le dio un abrazo. Ninguno de los tres se esperaba esa reacción. Estuvieron varios segundos abrazados:

  • ¿Cómo estás, Adriana?
  • Bien, muy bien… sabes que soy fotógrafa, ¿verdad?
  • Por supuesto, Joana me ha informado de todo.
  • Menos mal que me habéis nombrado, estaba empezando a sentirme excluida, dijo Joana.
  • Ven corazón, contestó Adriana, que le dio un fuerte abrazo, por haber logrado que nos veamos los tres.

Marcos descorchó una botella de vino tinto.

  • Probadlo, no está mal, pero con los vinos que debes beber en Francia.
  • Cierto, hay muy buen vino, pero aquí también.
  • Salud, por mis dos maravillosas mujeres y porque este reencuentro no quede aislado, y nos veamos a menudo.
  • Eso está hecho, contestó Adriana, por cierto, Joana me ha dicho que eres arquitecto.
  • Estoy estudiando la carrera.
  • Pero trabajas de arquitecto y estás siendo reconocido, añadió Joana.
  • Cierto, cierto… estoy en varios proyectos, pero ahora el más importante es el de una gran biblioteca en Barcelona.
  • ¿Cómo lo has conseguido?, preguntó Adriana.
  • ¡Y tú cómo has conseguido triunfar en el mundo de la fotografía?
  • Éramos unos creativos excelentes en potencia, y ni lo sabíamos, dijo Adriana.
  • Tienes razón… quién nos lo iba a decir… yo metido en un loquero, y tú huyendo de tu ex marido.
  • ¿Sabéis que ha muerto?, preguntó Joana.
  • ¿Sí?, ¿el imbécil ha muerto?, contestó Adriana, ahora ya no tengo nada de miedo.
  • ¿De qué ha muerto?, preguntó Marcos.
  • Ahogado en sus propios vómitos, por una borrachera.
  • Así es la vida, pronunció Adriana.
  • Una caja de sorpresas, añadió Marcos.

La cena transcurrió con normalidad. La cena era exquisita, la conversación más que interesante. Joana, empezó a pensar que la cosa iba mal. Marcos y Adriana se comportaban como si entre ellos hubiese un amor fraternal. A Joana no le convenía, quería que resurgiese la pasión entre ellos. Empezó a llenarles la copa a los dos antes de la cuenta, se fueron emborrachando.

A las dos, Adriana y Marcos estaban durmiendo la borrachera en la cama de Marcos. Joana, que estaba muy excitada, se masturbó, y se fue a su casa. El plan de momento no había funcionado.

 

Por la mañana Adriana y Marcos  se despertaron abrazados en la cama, empezaron a besarse e hicieron el amor con pausa y pasión a la vez.

Adriana, al despedirse de Marcos, llamó a Joana y le contó lo ocurrido. Joana, exclamó,

– ¡Cómo!, ¡lo habéis hecho…!

  • Sí, que te molesta…
  • No lo que ocurre, es que cuando estábamos cenando me excité mucho, y tenía fantasías, acabábamos los tres en la cama.
  • No me digas, pues puede suceder, me gusta la idea.
  • Pues, hagámoslo, quedemos esta noche en mi casa, a ver qué sucede.
  • Vale, yo llamo a Marcos. Por cierto, durante este tiempo que no nos hemos visto ha mejorado mucho en la cama.
  • ¿Quedamos a las diez en mi casa?
  • De acuerdo. Yo aviso a Marcos.
  • Una beso.
  • Una beso.

Marcos estaba un poco desorientado, sabía que algo de todo lo que había ocurrido no era natural. Pero, en el fondo, le daba lo mismo, lo importante es que estaba recuperando a Adriana. Quizás todo era un sueño, el tema clásico de la literatura y la filosofía moderna… ¿no, Garcilaso?, quizás lo que ocurría en este preciso momento también era contingente, como todo en la vida, pero debía disfrutarlo y no obsesionarse de mujeres que sabía que tenían un vuelo libre… que nada ni nadie podía detener su planeo ni su mirada, siempre desde un gran angular, viendo la totalidad y los detalles, sabiendo que eran únicas, como todo individuo debería serlo, pero por error o dejadez no lo era.

La historia parece circular, todo vuelve, y puede dar violentamente en la cara si no te lo esperas, pero ahora para Marcos, había retornado parte de su historia en forma de caricias. Se debía dejar cuidar, trabajar para ello. Su mundo profesional se había revalorizado en los últimos meses idealmente, y aunque fuese una revalorización ideal, también era real. Debía seguir buscando su camino, por medio de la experimentación constante.

Joana, estaba emocionada ante el progreso, cachonda ante el inminente trío, pero debía dejar que las situaciones llegasen, dejándolas fluir tranquilamente por su cauce. La violencia en forma de sexo, llegaría seguro, solo le hacía falta trabajarlo y esperar.

A Adriana, no le daban miedo las nuevas experiencias. Antes de aterrizar en Barcelona sabía a qué se exponía:

  1. A encontrarse con Marcos, que su relación no fluyese e incluso que Marcos se pusiera violento.
  2. Qué se la intentasen llevar a la cama, individualmente, tanto Marcos como Joana, o haciendo un trío.
  3. Que la cosa no funcionase de ningún modo, y se pasase unos días haciendo turismo en su antigua ciudad.

La segunda posibilidad desde un principio le atrajo, le gustaba el sexo, Marcos era un buen amante, y Joana, por lo que recordaba, era fuego, o esa era su reputación.

Lo que nunca creyó que pasase es que quedasen para cenar, se contasen sus vidas y cada uno se fuese a dormir a su cama. Era imposible, si ocurría es que estaban algo vegetales, que la vida, el paso de los años, los había sumido en una inutilidad, y la falta de actividad y de efervescencia, les llevaba camino a lo inerte, ¡no!, pensaba, ¡esto no puede ocurrir!

Marcos por su parte no podía pensar, tenía la mente en sus proyectos arquitectónicos, y por la pasión y el posible trío con las dos mujeres más importantes de los últimos años en su vida. Él era una persona pasional, a la que le gustaba el sexo, necesitaba eyacular cada día, si no se tensaba y no podía pensar bien. Cuando alguien está acostumbrado a sus rutinas es muy difícil cambiarlas.

Llegó la ansiada cena. Adriana, se presentó con un traje de noche atractivo. En esos momentos tenía el aspecto de la actriz clásica de Holliwood, Rita Hayword, pero con unos años más, que la actriz en la película Hilda. Joana, sin embargo, iba vestida con tejanos y una camisa que mostraba sus curvas, su pronunciado escote también le hacía apetecible. Marcos, acababa de salir del despacho de arquitectura, había tenido que acabar de arreglar unos asuntos sobre su diseño de la biblioteca… estaba sudado… las dos mujeres se le quedaron mirando perplejas.

  • Ni en una ocasión como esta te arreglas, es que eres increíble, le comentó Joana.
  • Yo soy así, y nunca cambiaré, cantó Adriana.
  • Lo siento amigas, pero es que últimamente estoy tan ocupado, no me ha dado tiempo ni de ducharme.
  • Anda dame un beso, por los viejos tiempos, te veo muy bien, dijo Adriana
  • Gracias, tú estás magnífica.
  • Basta de piropos, veamos, esta va a ser una cena inconmensurable, he cambiado el menú varias veis, dijo Joana.

Joana, sacó un pica pica con fritos y ensaladas de legumbres… abrieron dos botallas de vino, una de tinto y otra de rosado.

Hablaban entre los tres armoniosamente, como si ninguno de ellos quisiese sacar algo de partido de la reunión.

La noche era larga, de fondo sonaba Winston Marsalys, el vino corría, se sentaron a la mesa, Joana sacó un magnífica fideuà casera, Marcos exclamó con entusiasmo, Adriana dijo:

  • Hace tiempo que no como fideuà, has acertado.

A Marcos le nació una sonrisa que recorría su cara de oreja a oreja. La noche estaba templada, no hacía ni calor ni frío. Pero los tres, debido a sus estados de excitación, supuraban sudor por sus poros.

Joana, miraba a sus amigos contemplándolos de forma racional. Quería comprender sus estados emocionales, saber el momento en que se estresaban, irradiaban alegría, o estaban en calma, lo que sí que pudo notar es que sus estados no eran lineales en ningún momento.

Marcos, sorprendentemente parecía carecer de ningún control, parecía una persona infantil que no parecía poder encontrarse bien en ningún estado emocional, iba pasando de uno a otro libremente. Siempre había sido una persona inestable, pero su nuevo trabajo en el ramo de la arquitectura parecía que le había estabilizado anímicamente.

Adriana, estaba exultante. Ella sabía que podía dominar y controlar a Marcos. Eso la ponía tensa, sabía que podía hundir a su ex amante, pero esa no era su voluntad.

La noche parecía que iba a ser de jazz y vino tinto. La inconcebible espontaneidad que genera la noche se estaba dando entre ellos. Ninguno sabía cómo acabaría, pero la intención de Joana seguía siendo el sexo duro entre los tres. Sabía que los posibles acompañantes en su cama de matrimonio, eran desinhibidos para el sexo, lo que vulgarmente se llama guarros. Y eso le excitaba brutalmente. Durante la cena, debido a las fantasías que llenaban su mente, tuvo dos orgasmos. Se encontraba descontrolada. La vida podía ser todo lo dura que uno quisiera, pero también todo lo excitante, dependiendo de las fantasías sexuales de cada sujeto.

De postre tenían un delicioso cheescake elaborado por Joana, y una botella de excelente Limoncello.

Las conversaciones eran cada vez más inconexas, no se escuchaban los unos a los otros, los efectos del alcohol se notaban, pero ellos no se daban cuenta.

Marcos, sacó un canuto, ya liado, de su pitillera.

  • ¿Todavía estamos en las mismas?, le preguntó Adriana.
  • Así nací y así moriré.
  • ¿Cómo que así nací?, preguntó Joana.
  • Me crie en casa de mis tíos, sus hijos, cuándo llegué a su casa, tenían diecisiete años, eran uno fumetas, mis tíos por la noche, en su dormitorio, también se liaban porros, he crecido con ellos, y con ellos decreceré.
  • Ya estamos decreciendo, hace años ya de eso, comentó Adriana.
  • Pero… ese no es el asunto a tratar, a ver, ¿a qué edad diste la primera calada de maría?, preguntó Joana.
  • A los ocho años.
  • ¡No jodas!, exclamó Adriana.
  • Entonces, ¿fumamos o fumo?
  • Fumamos, contestó Adriana.
  • Fumemos, dijo Joana.
  • Tengo diez canutos preparados.
  • ¿Estás loco?
  • Me ayuda mucho en el diseño arquitectónico.
  • Sí, seguro, dudó Joana.
  • Al pan, pan, y al vino, vino.
  • ¿Dónde llegarás?, preguntó Adriana.
  • Al viaje más largo jamás recorrido, al viaje mental.
  • Salud, dijo Joana.

Los tres brindaron y se fueron pasando el porro, los ojos se les iban cerrando cada vez más, estaban cada vez más alienados por el alcohol y la marihuana, pero quizás es lo que querían que sucediese antes de encontrarse, en todo caso lo estaban logrando.

Después del postre, una deliciosa tarta de pasta brisa, crema pastelera y frutos del bosque, Joana empezó a besar a Adriana. Marcos se sorprendió al instante, su excitación se hizo palpable cuando se levantó para preparar el café. Joana comentó:

  • Mira, Adriana, a Marcos se le ha subido todo.
  • Quizás, ¿todavía te excitan dos maduras como nosotras?
  • En vosotras no pasan los años, sois muy atractivas.
  • Mira que racionalidad al decírnoslo, no se le nota lo cachondo que está, comentó Joana.
  • No jodáis, que queréis que me lance entre vuestras piernas para comeros enteritas.
  • No estaría mal, dijo Adriana.
  • De momento no pasará, todavía me puedo controlar.
  • Recuerda que mis días en Barcelona están contados, faltan pocos.
  • Lo sé.

Marcos acabó de preparar el café, que sirvió junto a una botella de Brandy, otra de ron, y una de Amaretto.

  • Serviros a vuestro gusto, recordad que esta noche no hay límites de ningún tipo, comentó Marcos.
  • Me gusta oír eso de ti, contestó Joana.
  • ¡Así me gusta!, ¡fiesta!

De fondo escuchaban el trabajo Begars Banket, de The Rolling Stones. Marcos siempre había sido un seguidor incondicional de los Rolling, la época que más le entusiasmaba de su música era la que compusieron en los años setenta.

Marcos, juntó su silla junto a la silla donde estaba sentada Adriana, y le empezó a acariciar el cuello de forma insinuante. Adriana se excitó, giró la cara y empezó a besarle.

En unos minutos estaban los tres follando en la cama de Joana. No durmieron en toda la noche. El único que tenía obligaciones, era Marcos. Debía presentar su proyecto delante de cinco representantes de urbanismo de los atractivos ayuntamientos de ciudades europeas del nivel de Munich, Londres, Estocolmo, Berlín y París.

Marcos estaba sorprendido de que sus trabajos generasen tanto interés en tan pocos meses.

A la presentación fue con resaca. Cosa que los representantes de los ayuntamientos notaron. Pero, el buen saber estar de Marcos en estas situaciones les ganó, les cayó bien, y salieron entusiasmados con la exposición de Marcos. Los cinco salieron con la intención de apoyar a Marcos en diferentes proyectos arquitectónicos en sus respectivas ciudades.

Por la noche Adriana le llamó.

  • Hola, Marcos. ¿Cómo te encuentras?
  • Estoy estable, si es por lo que preguntas.
  • Sé de sobras que estás estable, lo que pretendo es ser amable.
  • Gracias, estoy tan cansado, sabes me he llevado muy buenas impresiones de la reunión y exposición de mis trabajos que he realizado hoy.
  • Me alegro, quiero que nos veamos mañana, necesito hablar contigo.
  • Por supuesto.
  • Pero sin Joana, quiero que hablemos estando los dos solos.
  • ¿A qué hora quedamos?
  • ¿Me paso por tu loft a las ocho de la noche?
  • Estaré en casa.
  • Gracias, un besito.
  • Hasta mañana.

Marcos se quedó pensando que era lo que quería Adriana, quizás todo había hecho un giro de 180 º y ella le necesitaba como antes había ocurrido al contrario. No lo sabía, pero estaba muy intrigado. Se puso a escribir en una hoja, cuestiones de las que no querría hablarle y cuestiones que quisiese hablar.

Las cuestiones posibles eran las siguientes:

  • Se ha enamorado locamente de él.
  • Quiere que se vaya a vivir con ella a Londres.
  • Ella quiere trasladarse a Barcelona y retomar una relación que había sido fracturada violentamente.
  • Darle las gracias por los buenos momentos pasados esos días en Barcelona.

Las cosas que nunca le diría las estrujó en la hoja de papel… antes de releerlas pensó:

  • Cómo es posible que me haya atrevido a escribir estas barbaridades. Adriana nunca moriría por mí.

A continuación, Marcos, abrió una botella de vino y se puso la película Shadows de John cassavettes… quería alienarse de sí mismo ayudado por el vino y la excelente película, pero era algo que nunca podía lograr totalmente. Siempre se sentía plenamente, incluso en su crisis psicológica se había sentido así. Era una persona incapaz de escapar de sí misma, tampoco quería hacerlo. La distancia entre su yo y la otredad era infranqueable, siempre había un bloque de hormigón en medio.

No obstante, había momentos en que prefería estar acompañado. Pero su soledad durante el día  a día era abrumadora y desgastante. En el trabajo compartía el estudio con otros arquitectos del centro, y en la universidad, tenía compañeros de clase, pero esa gente nunca sería cercana. Eran como entes con los que dialogar, pero acto seguido toda la conversación se quedaba en el más absoluto olvido.

La gente cercana eran Adriana, Joana y Antonio.

Antonio se había quedado excluido del terceto amoroso. Nadie conocía sus miedos internos, ni siquiera Marcos. Antonio, había pasado por  momentos de unos celos patológicos. No comprendía que con todo lo que había hecho por Marcos, este lo hubiera abandonado como lo había hecho.

Marcos, no lo tenía, en ningún momento, presente. Es como si nunca hubiese estado a su lado. Incluso, la actitud de Marcos, suponía algo de irresponsabilidad. Antonio, aunque nunca lo había parecido, era una persona débil, que necesitaba el respaldo de la gente que le rodeaba. Lo de Marcos le había sentado como una puñalada, ¿se la iba a devolver?

Antonio, durante todo el tiempo en que Marcos estuvo centrado en la venida a Barcelona de Adriana, se sintió perdido, no sabía que hacer durante sus horas libres. Se pasaba todo el tiempo delante de la caja tonta, sin mirar nada pero con el televisor encendido. En su trabajo, Jenny, una compañera le daba conversación, pero él no estaba nada interesado.

Llamó a Marcos varias veces por teléfono, él decía que con el trabajo de arquitecto y estudiando en la facultad, sus prioridades eran otras, lo que era cierto, pero también le ocultaba sus planes con Joana y Adriana. Marcos también fantaseó mucho tiempo con el trío, hecho realidad.

Cuando lo llevaron a cabo, Marcos sintió que no podía ofrecer lo que necesitaba a cada una de ellas, no era lo suficientemente hombre para satisfacerlas a las dos. Lo que no sabía, es que no suelen haber hombres capaces de satisfacer a dos o más mujeres a la vez. Se desinflan en el primer asalto, y al menos alguna de las dos ha de esperar ardiendo de deseo sexual.

Tanto Joana como Adriana, le prometieron que se habían sentido realizadas y plenas, él sabía que eran mentiras piadosas, que le dirigían porque se preocupaban por su bienestar emocional.

Marcos, con el paso de los días, se dio cuenta de que con sus proyectos laborales del último medio año, había ganado más dinero que en toda su vida. No se lo podía creer, cuando suena la flauta no hay quien la haga callar, pensaba Marcos.

Pero la flauta suena interrumpidamente, tanto dentro de una melodía, debido a los silencios musicales, como entre pieza y pieza, pero esos silencios más o menos prolongados, le servían como alimento para los momentos de melodías desenfrenadas y vanguardistas.

Joana había conseguido sus objetivos, pero como ocurre en la sociedad capitalista con los objetos de consumo, en cuanto consigues lo deseado, inmediatamente deseas otra cosa. Y nunca está satisfecho.

Joana quería que Adriana decidiese pasar una larga temporada en Barcelona. No sabía si lo lograría, ella vivía de forma acomodada en París. No le faltaba de nada, tenía un círculo social amplio, aunque últimamente no veía ni a Gilles ni a Haniff. Su situación era admirable, ni en el mejor de los pronósticos se podía pensar que una inmigrante española, en un solo año, llevase el nivel de vida que había alcanzado Adriana.

En Barcelona, debería empezar de nuevo, nunca había sido para ella una ciudad laboral. Cuando vivía con su exmarido, ella nunca trabajó, siempre había sido una mantenida. Pero si se decidiese volver para vivir una temporada en Barcelona, debería conseguir empleo como fotógrafa. Joana, sabía que sería difícil, por eso empezó a mover influencias para ver si podría encajar Adriana como fotógrada en algún diario o revista autonómica.

Le pidió un currículum a Adriana, le dijo que podrían investigar la aceptación laboral que tenía en Barcelona, por si acaso se decidía a volver. Adriana se rio, se lo tomó en broma, y dijo:

  • Yo nunca volveré a vivir en Barcelona.

Joana, al fin consiguió su currículum, y pudo averiguar que Adriana no tendría dificultades para encontrar empleo en Barcelona.

No pensaba hablar con ella hasta pocos días antes de que volase hacia París. Debía ultimar bien el plan, tener una carta escondida que le diera un bofetón que la hiciera decidir quedarse en Barcelona una buena temporada.

Sus planes siempre estaban tramados detallada y estratégicamente. El último que había ideado le había salido a la perfección, era conseguir hacer un trío con Adriana y Marcos.

Lo que pensaba era hacerle un chantaje emocional, algo así como convencerla de que a ella le quedaba poco tiempo en estado óptimo. Que Marcos dependía de ella emocionalmente. Y que si ella ya no era la misma, incluso podía irse al carajo la vida laboral que se había trabajado Marcos.

Sabía que en el plan de ataque había incluido alguna mentira, pero era de las personas que piensan que el fin justifica los medios.

A Marcos, dudaba si explicarle el plan de ataque: el regreso de Adriana a la Ciudad Condal, y esta vez para ganarse el pan día tras día.

Las ilusiones pueden cambiar en poco tiempo, Adriana se había sentido muy bien los días pasados en Barcelona. No notó ningún síntoma de los malos recuerdos que la acompañaron cuando huyó a París.

La que había cambiado era ella y su forma de comportarse ante el mundo. La ciudad prácticamente seguía siendo la misma, en un año una ciudad evoluciona pero no  puede cambiar absolutamente su energía. Adriana, a partir de tener cierto éxito laboral, se le había subido la auto estima. Había empezado a quererse incondicionalmente, con cierta dosis de narcisismo, ideal para contrarrestar tantos años de auto malos tratos.

Ella misma estaba dudando si pasar unos cuantos meses al año en Barcelona, durante la estancia, estos días, en la ciudad, se había reconciliado con ella.

Adriana fue a casa de Marcos, antes de la cita, le encontró trabajando. Marcos, había logrado cierto grado de libertad laboral. Si no era necesario que fuese al despacho, podía quedarse en su casa trabajando. Pero los resultados del trabajo debían ser completos y en el tiempo predeterminado.

Adriana, lo vio tan absorto, que fue a la nevera y sacó una cerveza.

  • En veinte minutos habré acabado, ¿me esperas?, le preguntó Marcos.
  • Por supuesto que te espero, le contestó Adriana.

A continuación, Adriana, fue a la biblioteca, y cogió un libro fotográfico de arquitectura. Lo estuvo ojeando durante los veinte minutos.

  • Soy puntual, ¿eh?, ya he acabado… buen libro, ¿verdad?
  • Sí, muy bueno, quizás, ¿si me especializo en fotografía arquitectónica podemos trabajar juntos?
  •  Pues es un muy buen trabajo, ganan bastante dinero, y siempre estamos necesitando nuevos fotógrafos.
  • ¿Es inestable el mercado laboral?
  • No, pero… no sé qué ocurre, quizás nosotros busquemos al fotógrafo ideal, al mejor.
  • La conseguiréis, yo seré la fotógrafa ideal.
  • A ver si es verdad, no es fácil.

Estuvieron recordando viejos tiempos, cuando eran amantes y Adriana sufría por el miedo de que su ex marido se enterase de su infidelidad. Adriana le dijo que estaba totalmente enamorada de él, pero cuando entró en crisis tuvo pánico, ya había sido una mujer maltratada por su marido, solo faltaba que el amante también lo hiciera.

Marcos escuchaba mucho, y de repente le echó algo en cara.

  • Cuándo desapareciste me hundiste. Eras lo único bueno que tenía en mi vida, y no supiste entender mi crisis.
  • Pero estaba muerta de miedo, nunca me había topado de frente con la locura.
  • Todavía piensas que estoy loco.
  • He vivido muchas cosas en París y en Medellín, tengo más conocimiento, y se objetivar mejor las cosas.
  • Por cierto, me has de contar tus experiencias en Medellín.
  • Es la ciudad de la eterna primavera, allí todos siempre estábamos en celo, es la ciudad del nacimiento, de la concepción.
  • Me gustaría pasar una temporada allá. Cuando tuvimos nuestra aventura eras tan diferente, no habías salido de tu casa, en cambio ahora…
  • Sí, he cambiado, amantes míos han acabado en la cárcel, he tenido relaciones lésbicas, pero sobre todo me he mantenido sola, por el sudor de mi trabajo.
  • Además, de un trabajo que te has currado tu sola, has encontrado tu vocación, y ahora eres una gran fotógrafa.
  • Gracias, pero a ti te ha pasado lo mismo, de ser un don nadie, y en dos días, un arquitecto con buena reputación.
  • La vida es curvilínea, ¿no crees?, estás completamente abajo, y con suerte y un poco de voluntad, te integras en un lugar mucho más alto.
  • Somos personas con suerte.
  • He pedido comida japonesa a domicilio, abramos esta botella de saque y comamos.
  • Te acuerdas de mis gustos, ¿eh?

Adriana se levanta y le da un beso a Marcos en la boca.

La continuación de la tarde, todos sabemos cómo fue.  Tarde de excesos y mucho sexo, de promesas imposibles, de lamentos y sugerencias para vivir mejor la vida. Se habían convertido en sabios, ya lo eran pero en estos momentos su autoestima era intempestiva. La situación era tan atractiva que no podía durar demasiado tiempo.

A la mañana siguiente, Adriana se fue de casa de Marcos diciéndole hasta pronto. Acto seguido llamó a Joana.

  • Joana, pasé la tarde y noche ayer en casa de Marcos, estoy enamorada, de nuevo me ha sucedido, me he enamorado de él.

Tampoco era lo que quería Joana… que lo que pretendía era mucho sexo entre los tres pero con débiles lazos emocionales.

  • ¿Cómo sucedió?
  • Le llamé y me dijo que pasara por su casa… luego… idilio, idilio, idilio…
  • Qué repelente, a las que no nos pasa nunca esto, no hace falta que nos lo restrieguen por la cara.
  • No se lo quiero restregar a nadie, solo estoy feliz.
  • Y… ¿quieres pasar el día de conmigo?
  • Vale, ¿qué hacemos?
  • Ven a casa.
  • ¿A qué hora paso?
  • En una hora tendré la casa presentable.
  • Entonces voy en una hora, chauuu.
  • Un besito.

Joana, había comprado rosas, deshojó los pétalos y los puso sobre el edredón de su cama.  También preparó un cocktail de maracuyá, fruta de la pasión. Quería que Adriana evidenciara sus pretensiones para ese día.

Llegó Adriana.

  • Tienes una casa preciosa, muy acogedora, comentó Adriana.
  • Gracias, está toda disponible para ti, ya la conocías,
  • ¿Toda?

Joana abrió una buena botella de Brut Nature. Estuvieron comentando la jugada sobre la noche que hicieron el trío sexual. Y luego hablaron sobre la tarde noche que Adriana había pasado con Marcos.

Se dieron cuenta de que eran almas privilegiadas. Que su forma de vida solvente y placentera no estaba al abasto de todos. Y como tal brindaron repetidas veces con cava.

Acabaron las dos muchas horas en la cama follando, bebiendo y comiendo, escuchando el mejor jazz y algo de bossa nova.

Por la noche, al despedirse, Adriana dijo, no sé de quién estoy más enamorada, ¿de Marcos o de ti?

Joana, al cerrar la puerta gritó de satisfacción, lo había conseguido, había atrapado a Adriana. El trío sexual, podía durar mucho tiempo. Marcos, como indica su condición de hombre, nunca diría que no, y Adriana y ella les tenían deseos a los otros dos.

La jugada había salido a la perfección, era una seductora nata, y estaba satisfecha por ello.

Marcos y Adriana, no sabemos sino se habían querido dar cuenta del plan trazado por Joana, o sencillamente  no habían captado toda su estratagema amorosa. Quizás, simplemente, les venía bien seguir la jugada, dejarse llevar por los caminos del placer. Con el paso de los años, habían pasado de tener una mentalidad estoica a tenerla epicúrea, y en ocasiones cirenaica… vivían, y como tal querían placer en sus vidas… una vida no placentera ya no tenía sentido para ellos.

Marcos,  nunca supo que el día siguiente de haber pasado la noche con Adriana, Adriana había disfrutado de estar muchas horas en la cama de Joana.

Se vieron, después de las dos maratones de sexo, en el bar Centric, en la calle tallers. La única que era realmente consciente del camino al que les estaba llevando la vida, por algunas causas concretas, era Joana. Los tres hablaban, y a Joana, se le ensanchaba el corazón, con todos los sentimientos contradictorios, y su super yo que le angustiaba. Se estaba obsesionando tanto por Marcos como por Adriana. A veces dudaba de que el plan fuese todo lo bueno que ella  suponía.

La intrincada vida del amor y del sexo, a veces es incontrolable, por ello el amor y el deseo son dos sentimientos totalmente irracionales. Como tal, todos los queremos comprender cuando son incomprensibles.

Mientras hablaban, a Joana se le pasaban por la cabeza ideas destructivas. Ellos dos iban a ser de ella y de nadie más. Para lograrlo, debía volvérselos a llevar juntos a la cama, y cuando ya estuviesen durmiendo, matarlos… ella sería la última persona con la que estarían.

Mientras Joana pensaba, Marcos y Adriana se reían. Marcos se dio cuenta, de que entre Joana y Adriana también había pasado algo. Pero le gustaba la idea, nunca se había sentido con el desparpajo y la felicidad con la que se encontraba en esos momentos. La vida le sonreía tanto en el plano laboral, como en el de las amistades y el amor. Lo tenía todo, y pensaba que solo dependía de él poder conservarlo.

Adriana, estaba un poco alterada, no sabía si debía dejar que las situaciones evolucionasen de forma natural, o por el contrario hablar con ellos dos y aclarar las cosas.

Se acabó la tarde, Marcos se fue a descansar, el día siguiente iba a ser de duro trabajo para él. Adriana y Joana, siguieron tomando copas. En un momento dado, Adriana, sacó el ordenador, y le empezó a mostrar sus fotografías a Joana. Joana, se quedó maravillada:

  • Que fotos tan interesantes, ¿cómo eres capaz de hacerlas?
  • Supongo que siempre he tenido un don para las audiovisuales, pero hasta que no me he dado cuenta.
  • Cuántos años se ha perdido la humanidad de tu valor artístico.
  • No digas eso, las fotografías, aunque algunos no lo crean, cambian pocas cosas.
  • Tú no crees eso.
  • Es posible, pero para la primera que trabajo es para mí. Para mi auto realización personal.
  • Me lo creo, a todos los grandes artistas les ha ocurrido lo mismo.
  • Por supuesto, si no, no tendría sentido tanto esfuerzo.

Continuaron hablando y bebiendo, hasta que Joana se empezó a encontrar mal. Al cabo de un rato vomitó en los lavabos. Adriana la llevó a su casa, estaba completamente borracha, se durmieron las dos en la cama de Joana.

La mañana siguiente la pasaron follando, comiendo y bebiendo. No hablaban de temas serios ni trascendentales para sus vidas. Parecía que no querían perder tiempo, lo querían utilizar todo para el más puro y belicoso placer. En vez de hacer el amor, deba la sensación de que estaban en una guerra interminable, a veces una batalla la ganaba una y la siguiente la otra. Ahora sí que sabían en qué consistía la guerra, y sabían en sus propias carnes que los extremos se tocan, se dan la mano, el placer y el dolor lo sentían simultáneamente. Durante esa mañana llegaron a practicar incluso, algo de sadomasoquismo.

Joana tenía en un cajón unos gramos de marihuana, empezaron a fumar, lo que les produjo mayor apetito, en todos los sentidos, el placer lo producían los alimentos que ingerían y sus propios cuerpos.

Al mediodía, Adriana, se fue con su cámara a fotografiar Barcelona. Por fin se había decidido a hacerlo. Quería trabajar a través de dos métodos. Hacer un tipo de fotografía, según los recuerdos que tenía de su visión de Barcelona antes de marcharse a París. Y otro trabajo con las impresiones que le había dejado la ciudad durante sus días de vacaciones que estaba pasando.

Quería alternar la toma de fotos en cada salida, para poder observar las diferencias de su estado anímico, entre trabajar un tipo de fotografías y el otro tipo.

Se propuso salir a la calle cada día cinco horas. Haría las fotografías a diferentes horas del día y de la noche. Incluso, fantaseó con hacer un trabajo cerrado, sobre la Barcelona de hacía más de un años fotografiada ahora y la Barcelona de ahora. Solo se podía realizar el trabajo, si era totalmente subjetivo e introspectivo. Las dos formas de realizarlo encajaban completamente con la personalidad de Adriana, que era una mujer, que necesitaba vivir mucho consigo misma y con nadie más.

Precisamente, las veces que se planteó volver a Barcelona, pensaba que aquí tendría menos tiempo para ella, para elaborar sus fantasías e ilusiones, para pensar sin parar durante horas y horas. ¿Qué otra cosa más placentera existía?

Empezó a salir con la cámara, estaba concentrada en el trabajo, incluso le dijo un día a Marcos que no podía ir a su casa porque tenía que trabajar.

Solo le quedaba una semana de estancia en Barcelona. Luego debía volver a París para trabajar en la revista. Trabajó intensamente en su proyecto, quería publicar un libro con las fotografías de Barcelona, para ella, en estos momentos, todo era posible.

Las fotos que tomó, tenían una composición arriesgada, un enfoque diferente, pero eran atractivas, eran unas fotografías urbanas con personalidad y tacto.

Para despedirse de Marcos y Joana, se juntaron en un lugar neutro, fueron a pasar dos días a un hotel céntrico de la ciudad.

Los tres estaban entusiasmados con la idea de pasar dos días y una noche en el hotel Rívoli, era un hotel bueno, aunque no de los mejores de Barcelona. Llevaron marihuana y cocaína en abundancia. Adriana tenía miedo, no era lo más recomendable para Marcos, pero el riesgo lo iban a pasar, Marcos estaba decidido, y Adriana en el fondo confiaba en él.

Estuvieron los dos días colocados. A Marcos, la situación, le llevaba a tiempos pasados. Se excedió tanto, que el último día en el hotel no pudo follar, no funcionaba, y avergonzado y muerto de envidia, observaba como gozaban Joana y Adriana.

Se acabaron los dos días, y Adriana subió a un avión rumbo a París. Los dos días de excesos, en vez de sentarle mal, a Marcos, le despejó la cabeza. Después de pasar la resaca, estuvo más lúcido que nunca en su trabajo. La visita de Adriana, le hizo saber, que podía gozar de ella pero no dependía para nada de ella. La situación había cambiado, otra vez estaba solo en Barcelona, se quedaba con Joana y con Antonio, que pensaba volver a contactar, para saber cómo le iba la vida.  Pero lo primordial, en la actualidad, era su trabajo. Ya no podía prescindir de él, le daba seguridad, estabilidad… además, nunca había creído ser tan creativo. Había descubierto una faceta nueva en su ser.

Joana, sin embargo se quedó paralizada. No había conseguido que Adriana se quedase, ya no le interesaba tanto Marcos, se había enamorado de Adriana, o eso creía. Antes de despedirse de ella en el aeropuerto, le dijo que la visitaría, que iría en poco tiempo a París, que le debía enseñar la ciudad más romántica que existía, a lo que Adriana reía, divertida y sorprendida.

Las semanas fueron sucediendo sin parar, y la vida fue poniendo todo en su sitio, como hace siempre. Marcos cada vez se sentía más persona, su individualidad rayaba lo patológico. Joana, cada vez dependía más, emocionalmente, de Adriana, aunque estuviese lejos. Y Adriana, era feliz allá donde estuviese, París, Medellín o Barcelona.

 

 

 

 

 

Nueva vida:

 

Marcos, después de su encuentro con Adriana, había hecho las paces consigo mismo. Sabía, que ella era una mujer fuerte, se había convertido en una super mujer.

Solo debía mirar por él mismo, por sus circunstancias, y que nunca las otras personas le hiciesen dudar de sus capacidades. Las personas debían ser otras circunstancias más junto a la totalidad de sus circunstancias.

Adriana, estaba feliz viviendo en París, pero parte de su corazón se había quedado en Barcelona, junto a Marcos. Ese sentimiento iba haciendo mella en ella. Sentía, a veces, que desfallecía, y que su fuerza natural, adquirida ante las adversidades provenientes de la auto manutención, y de ser totalmente autónoma tanto material como físicamente, perdía fuerza.

Su intención era pasar un fin de semana al mes en Barcelona. Sus intenciones no se las había dicho a Marcos. Pero estaba convencida de que le agradaría la idea. Era un hombre, y como tal, necesitaba carne de vez en cuando, ella iba a ser la que mitigase su hambre sexual, que como bien sabía era difícil de satisfacer.

Para pasar un fin de semana al mes en Barcelona, debía tenerlo libre de trabajo, debía apalabrar con la revista que el segundo fin de semana de cada mes estaría ausente de la ciudad.

Los fines de semana ocurren más acontecimientos culturales que durante la semana, era el motivo por el que Adriana solía trabajar todos los fines de semana. Pero ella, tenía muy buena relación con todas las personas que integraban la revista. Incluso era amiga de muchos, por lo tanto, no creía tener problema alguno en conseguir su fin de semana libre.

Marcos quería a Adriana. Pero teniéndola lejos, quizás, estaba más tranquilo. No quería tener la mente siempre enfocada en otra persona. Era el momento en su vida que debía poner todas las energías en él mismo. No podía exponerse a que se diluyesen sus ilusiónes, como le había ocurrido en otras ocasiones.

Su trabajo ocupaba todo el día. Si no estaba en el despacho diseñando, estaba en su casa o en algún bar trabajando, tanto a lápiz como a través del ordenador. Quería ejercitar el trazo, no podía dejar de banda siglos de plástica al servicio de la arquitectura, el arte más técnico. Dónde la racionalidad nunca se podía dejar a un lado, aunque la parte irracional de los arquitectos siempre acababa ganando en la balanza durante el proceso creativo.

Cuando pensaba en Adriana, la sacaba de la mente, intentaba no pensar en ella. Era la mujer de su vida, lo que ahora no tenían cabida damas.

Marcos, realmente, estaba triunfando, le estaban proponiendo trabajos por toda Europa, y había ganado un concurso para diseñar un nuevo museo en Chicago. Tenía dinero de sobras, más del que nunca había pensado que podría obtener. Sus conocidos no le reconocían, este es Marcos, pensaban acordándose del borracho, marihuanero, e inestable compañero.

Pero ya no quedaba nada de eso en él, no podían encontrarlo, su fuerza emergía de su totalidad espiritual y como hombre moderno e inmerso en la más cult realidad, deseaba que su existencia fuera eterna.

Adriana, había notado el cambio en Marcos, pero no sabía que era tan narcisista. No es que a Marcos le hubiese crecido la autoestima, lo que pasó es que se quería a él y solo a él.

Los otros, como ya he sustantivado eran meras circunstancias. La circunstancia es el otro, o el infierno es el otro, como dijo Sartre. Marcos se lo tomó al pie de la letra, definitivamente, prefería que Adriana se quedase en París.

Joana, le comentó a Marcos sus intenciones truncadas de que Adriana se afincase en Barcelona, a lo que Marcos contestó:

  • Con lo bien que estamos así, un polvo de vez en cuando sin que las emociones interfieran en nuestras vidas. Si viene Adriana, los dos acabaremos perdidamente enamorados de ella.

Joana no contestaba, se quedaba meditando las argumentaciones de Marcos, sabiendo que tenía razón. Pero a los enemigos no se les puede dar la razón. Marcos, era su contrincante, también era un posible amor de Adriana.

Adriana, habiendo sido una mujer maltratada tenía aura al más puro estilo benjaminiano. Quizás todos los años de sufrimiento habían influido en el florecimiento de su aura. Quizás siempre había sido una mujer con estrella, y por eso su exmarido vivía con celos permanentes, sabía que cuando desplegase las alas, Adriana se iría a conocer el mundo. Barcelona y su entorno le quedaban muy pequeños.

Marcos, conocía los encantos de Adriana, y los temía. Tenía una reacción inmediata, ante su presencia, de dependencia, y le angustiaba. Quizás si la viese una noche al trimestre todo podría ir bien, pero tenía miedo que poco a poco fuese queriendo más y más. Su realidad actual no le permitía tales desvaríos espirituales.

Joana, no podía creer lo que estaba ocurriendo, de vez en cuando se acostaba con Marcos, pero sentía que cuando follaban, él no estaba pensando en ella. Estaba convencida de que su cuerpo y su alma estaban mucho más cerca de Adriana. Ella misma follaba con Marcos, pero estaba enamorada de Adriana.

Lo que puede hacer la vida. Ante un maltrato que duró muchos años, Adriana había salido fortalecida, era un clásico caso de resiliencia, que en términos de psicología, es la capacidad que tiene una persona para volver a su estado natural y de normalidad después de un trauma.

Adriana, se había convertido en una rompe corazones, tenía más de cincuenta años, y hasta los veinteañeros y veinteañeras, se fijaban en ella, se la querían tirar. Mantenía un cuerpo definido, con curvas y atractivo, y su mente era sagaz e imprevisible, lo que hacía de ella una mujer a la que intentar conocer y controlar. Quizás esta sea otro de los motivos de los antiguos malos tratos por parte de su ex marido.

Joana, había desechado todas sus ideas preconcebidas, iba a improvisar. De momento no podía tener a Adriana, pero todo podía dar un giro, y ponerse a su favor, que los vientos de la vida empujasen sus velas en la dirección que ella eligiese.

La vida, transfigurada corría su curso, y cada individuo debe trazar su camino. Era algo que aprendieron Adriana y Marcos. A Joana le costó mucho más soportar la situación.

 

 

 

 

Un canto a Barcelona.

 

Las ilusiones vienen y luego se van. La gente vive, folla y muere… ni que fuésemos dependientes de nuestras propias fobias y situaciones vitales. La esquizofrenia urbana también seguía su curso, y junto a todo ello, unos se iban y otros se quedaban o volvían.

Adriana, nunca más volvió a Barcelona, murió en París, después de haber trabajado como fotógrafa en bastantes países y lugares más o menos exóticos.

Marcos, siempre vivió en Barcelona, y aunque disfrutó de la ciudad, sus fantasías siempre le visualizaban viviendo en Londres o en NY, como arquitecto de élite. Su profesionalidad siempre fue en auge, acabó construyendo edificios emblemáticos en los cinco continentes. ¿Había nacido para sufrir o para gozar?, la respuesta solo la tenía él.

Joana, nunca más volvió a enamorarse, en su corazón vivió Adriana, hasta que harta por su amor no correspondido, se comió todas las pastillas que tenía en su botiquín. Sufrió una muerte muy dolorosa. Marcos y Adriana, nunca supieron como fue el final de Joana, aunque tenían claro que no podía acabar bien.

Barcelona, encajó con normalidad la desaparición de los tres personajes, nadie es imprescindible en una gran ciudad, y menos unos cualquiera como somos todos en este mundo de mierda.

 

 

 

 

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