Un ser especial

Siguiendo la melodía con el violonchelo, era la mujer más profunda y feliz que Arturo había conocido hasta ahora. Estaba enamorado de ella, pero ella, Antonia, no lo sabía.

No se atrevía a decírselo, pensaba que al lado de ella, de lo que ella hacía, era un ser superfluo y vacío.

Un día quedaron para comer. Una vez al mes se veían en algún restaurante italiano o francés, y se ponían al corriente de lo que les había deparado las últimas semanas:

  • Estás bebiendo mucho. Vamos por la segunda botella de vino y yo solo he tomado un vaso.
  • Estoy angustiado, contestó Arturo, mejor dicho, siempre estoy angustiado, pero ahora ya no puedo más.
  • ¿Por qué? Le preguntó Antonia.
  • No te has dado cuenta de que te amo, pero sería una relación desigual, tú eres un espíritu puro, mientras que yo soy de lo más mediocre que hay.
  • No me lo esperaba, no sé qué decir, eres un buen amigo, pero creo que deberíamos dejar de vernos un tiempo hasta que se arreglen las cosas.

Así quedaron  en aquella comida. Después, Arturo cambió de vida, nunca quería volver a enamorarse, empezó a satisfacer sus fantasías sexuales con prostitutas de nivel medio. Se metió en un grupo de teatro, le atraían algunas muchachas del grupo, pero eran demasiados jóvenes y corría el peligro de enamorarse.

Su cotidianidad seguía siendo gris, las cuentas contables de tres bares de copas las llevaba él, y encima su padre le pedía que se hiciese cargo de la contabilidad de la empresa familiar, lo que él odiaba. Era una empresa de bricolaje. Las herramientos y productos de bricolaje que vendían era interesante, pero una tienda que vendiese piezas, le aburría demasiado. Además, la tienda le había arruinado la niñez tanto a él como a su hermana.

La vida de Arturo continuaría así mucho tiempo. No tengo noticias de ningún cambio positivo para Arturo.

Lo único que sé, es que los miércoles por la noche cuándo Antonia salía de un ensayo de un trío de cuerdas, él la seguía caminando hasta su casa.  Eran quince minutos siguiéndola, en los que soñaba que se había convertido en un ser especial.

 

 

 

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