El arquitecto

Aun así, el seguía intentándolo. Nunca quería darse por vencido. Los concursos de arquitectura eran muy complicados. Para que se lo concediesen a él, debía componer la obra de su vida.

Luís trabajaba en un despacho de arquitectura como diseñador. Pero por su propia cuenta como arquitecto, se presentaba a concursos, si ganase alguna vez alguno, su vida cambiaría totalmente.

En las horas libres le gustaba leer y beber con los amigos, era un tipo de lo más normal, pero normal no significa sencillo. Las novias no le duraban nada, debido al mal genio que tenía. Incluso, alguna vez le denunciaron por haber pegado a alguna de ellas.

Luego se arrepentía, pero, ¿qué llevaba dentro que quería follarse a todas las mujeres que conocía pero, a la vez, le hacían brotar una ira incontrolable?

Había pasado por muchos sicólogos. Todos le decían lo mismo, estás repitiendo el patrón de tus padres. Tu padre hasta que murió cuando tenías once años, pegaba a tu madre. Cuando le recordaban eso, Luís se descomponía, se ponía a llorar. Solo se recuperaba soñando despierto, como ganador de un concurso para diseñar y construir un nuevo gran museo en Londres o Helsinki.

¿Quizás la arquitectura era más terapéutica que las psicólogas que le habían tratado?

Un día pasó, le llamaron diciéndole que era finalista por el diseño de un complejo para ferias en Hamburgo. Él, emocionado, llamó a su amante del momento. Ella le preguntó si no se acordaba de que no le quería ver más.

A luís no le afectó, en diez días debía ir a Hamburgo para conocer el fallo del jurado.

Pasaron los diez días más lentos de su vida.

Cuando estaba en el Hotel  de Hamburgo, y el presidente del jurado iba a nombrar el ganador, Luís se desmayó, con tan mala suerte que se dislocó el codo. Cuando despertó, la enfermera le dijo, no hay mal que por bien no venga, has ganado el concurso al que te has presentado.

Luís con sonrisa de idiota, le dijo a la enfermera, anda dame un abrazo. Era la primera vez que le pedía un abrazo a una mujer, siempre que abrazaba a una era porque la estaba penetrando. La enfermera le dio un abrazo, sin sorpresa ni desagrado notó el miembro eréctil de Luís. Luís no intentó ir a más. Con el abrazo estaba conforme, quizás algo había cambiado en su vida…

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