La musa

No tenía más ideas. Estaba seco. ¿Qué iba a ser de su estatus económico? ¿De su  calidad de vida?

Un artista debía estar siempre entre la élite de su oficio. En la onda, como creía que estaba una conocida mía. Pero a él la onda le daba igual. Lo que le importaba, después de una infancia de necesidades, era tener dinero para comer en buenos restaurantes, beber el mejor vino, seguir navegando y ampliar su colección de arte.

Hacía un mes que ni tan siquiera le salía un dibujo original. Su preocupación lo vaciaba todavía más. Recuerda que cuándo empezó en el mundo del arte, le daba igual lo que dijeran los críticos, él expulsaba sus demonios sin más, a quién le gustara bien, si no era así que se aguantase.

Una noche después de beber dos botellas de vino y masturbarse, dio con la solución, necesitaba una musa. Se vistió con rapidez y salió a la noche de Barcelona para ver que mujeres conocía.

A las dos horas en una discoteca céntrica estuvo hablando con Olga, era musicóloga. El artista le dijo que antes escuchaba mucha música. Incluso trabajando tenía siempre música puesta, a un volumen considerable. Recordaba con especial calor las difíciles composiciones de Pierre Boulez, el compositor fallecido recientemente. Olga le dijo que era un genio, reconocido, amado u odiado, pero un genio.

De allí fueron a casa de Olga, follaron una sola vez y el artista le propuso ir a su estudio, le pidió que seleccionara música. Olga se llevó el ordenador, debía escribir la crítica de una serie de conciertos de Shostakovich, que habían interpretado en Berlín.

El artista y Olga, pasaron una semana encerrados en el estudio del artista, escuchando música, bebiendo y comiendo lo que Olga bajaba a comprar una vez al día, al colmado de la esquina. Después de la semana en que solo descansaban para comer, dormir y follar, el artista tenía quince nuevas obras, todas ellas inspiradas en la 7ª sinfonía de Shostakovich.

Quiso presentar su trabajo en algunas galerías. En la primera que lo mostró, le organizaron una exposición, vendió todos los cuadros y fue de viaje con Olga por toda la costa este estadounidense visitando estudios de artistas y escuchando conciertos de música clásica y contemporánea.

Después del viaje se puso a trabajar, tenía ideas, su creatividad hervía. Olga era su musa particular, su físico y su intelecto le inspiraban. Enamorado le pidió matrimonio.

Olga le dijo que le dejase unas semanas para pensarlo. En ese tiempo no se tenían que ver.

Olga desapareció de la noche a la mañana. El artista pensaba que le daba pánico el compromiso. La musa se esfumó, lo mismo que la inspiración. La preocupación y el insomnio volvieron.

¿Quizás debería salir otra noche solo por Barcelona en busca de inspiración en forma de mujer?

 

 

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